Catálogo de la Colección "Derecho, Economía y Sociedad" Sitio Oficial de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires

Regulación jurídica de las biotecnologías

Curso dictado por la Dra. Teodora Zamudio

Equipo de docencia e investigación UBA~Derecho

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 Glosario

Transgénicos: Impacto jurídico


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Por respeto intelectual los trabajos presentados por los alumnos se reproducen antes de las correcciones y/o discusión con los docentes.

Por Novakovich – Duvico

1) IMPACTO AMBIENTAL DE LOS CULTIVOS TRANSGENICOS

a) Formas de analizar el impacto ambiental

b) El caso de la colza

c) El caso del girasol

d) Regulación y control de la biodiversidad

2) LA IDENTIFICACION Y EL CONTROL DE LOS TRANSGENICOS

a) La política estatal

b) Los intentos de reglamentación en el mundo

c) La situación particular de Europa

d) El futuro para Argentina

3) COMPETITIVIDAD DEL MERCADO DE LOS TRANSGENICOS

BIBLIOGRAFÍA

 

1) IMPACTO AMBIENTAL DE LOS CULTIVOS TRANSGENICOS

El uso cada vez más generalizado de los cultivos genéticamente modificados (GM) ha originado una creciente preocupación por el impacto ambiental que esta nueva tecnología podría tener sobre el medio ambiente.

En general el daño a la biodiversidad se verá a largo plazo, lo que hace aún más difícil la tarea de tentar a los organismos correspondientes a realizar controles preventivos.

Una solución ex post al daño ambiental sería poco eficaz.

En los últimos 10 años Argentina  ha asumido un liderazgo en la producción de cultivos transgénicos. La superficie cultivada con variedades transgénicas de soja, maíz y algodón aumentó rápidamente en los últimos 4 años.

a) Formas de analizar el impacto ambiental

El impacto ambiental se puede analizar desde distintos aspectos:

1- la ocupación de extensas superficies a nivel mundial ocupadas con cultivo que destruyen la flora natural y modifican el suelo haciendo imposible la supervivencia de especies autóctonas.

2- el intercambio de genes entre las especies vegetales domesticadas y sus parientes silvestres a través del polen.

Sin un control estricto de la biotecnología, el medio ambiente puede ser modificado y hasta destruido en solo cuestión de años.

Actualmente la superficie mundial dedicada al cultivo ha llegado a su tope máximo. Ya no sería posible aumentarla sin producir un serio perjuicio al equilibrio ecológico.

En este escenario de saturación de superficies, la biotecnología viene a posibilitar el aumento de la producción sin la necesidad de extender la superficie cultivada.

Este fenómeno se da gracias a la creación de variedades vegetales modificadas resistentes a herbicidas, hongos, insectos y virus que aumentan la producción útil por hectárea cultivada.

En nuestro país el primer ensayo con soja fue autorizado en 1991, sobre una superficie de 400 m2. En la campaña agrícola de 1997/98 el cultivo comercial de soja transgénica comprendió el 20% del area total cultivada, ascendiendo al 72 % (5,5 millones de hectáreas) al año siguiente y cerca del 90% (8,6 millones de hectáreas) en 1999/2000.

Se estima que en la última campaña, un 95 a 98 % de los 11,5 millones de hectáreas sembradas lo fueron con variedades GM, principalmente soja RR, a la que se le ha introducido un gen bacteriano que confiere resistencia al herbicida glifosato. El impacto ambiental derivado de la adopción de esta tecnología no tuvo precedentes en la Argentina, en lo que se refiere al manejo del suelo y uso de agroquímicos.(1)

Las variedades GM sumadas a la práctica de la siembra directa disminuyeron notablemente los costos de producción.

La soja RR, al contener el gen resistente al herbicida glifosato, permite su utilización para el tratamiento de malezas sin contaminar el cultivo, evitando que se tengan que utilizar otros productos que producen serios daños es el suelo.

El herbicida glifosato es rápidamente degradado en el suelo dedicado al cultivo, mientras que los utilizados en la soja tradicional conservan mayor vida media en el suelo.

En Argentina, las dos terceras partes del suelo es árido o semiárido y es esto justamente lo que hace imprescindible el uso de prácticas que reduzcan la erosión y la pérdida de fertilidad del suelo.

No obstante el beneficio obtenido por la introducción de las nuevas biotecnologías, con la consiguiente reducción del uso de herbicidas en las superficies cultivadas, el abuso de herbicidas totales en terrenos linderos a las superficies cultivadas ha producido una drástica disminución de malezas y plantas nativas.

Esta eliminación indiscriminada de especies provoca la inevitable reducción de la biodiversidad.

En cuanto al intercambio de genes entre especies modificadas genéticamente y especies silvestres, es más común y más grave de lo que se conoce.

Los ancestros silvestres de varios cultivos aún existen y pueden cruzarse  naturalmente con ellos.

Es teóricamente posible la transferencia de genes introducidos por biotecnología a cultivos genéticamente manipulados a sus parientes silvestres por vía del polen dispersado por el viento, los insectos u otros animales.

Este intercambio, con la consiguiente mutación que produciría,  puede generar graves consecuencias para el ambiente.

Una de las malezas más nocivas, el sorgo de alapo, parece haberse originado por hibridación natural entre el sorgo cultivado y una especie del sudeste asiático.

Los cruzamientos naturales continuamente transfieren genes entre distintas especies, por lo que cabe esperar que un gen introducido por técnicas de ingeniería genética en un cultivo, pase de la misma manera a una especie silvestre afín.

Una especie vegetal transgénica que sea capaz de reproducirse y sobrevivir por sí misma fuera del cultivo representa un peligro para el medio ambiente.

En Argentina esta característica la tienen dos cultivos: la colza y el girasol.

b) El caso de la colza

La colza se cultiva en Argentina desde hace 30 años. Incluye las especies de crucíferas Brassioa napus conocida como “Aregntine Type” cultivada durante el invierno y el tipo primaveral conocido como “Polish Type”.

En cuanto a la superficie cultivada compiten con el trigo, por lo que no se han establecido superficies considerables de este cultivo.

Especies cultivadas y silvestres del género Brassioa están estrechamente emparentadas, relacionadas entre sí por la similitud de sus cromosomas: las especies diploides de número cromosómico básico 8, 9 y 10 originaron por cruzamientos naturales las especies poliploides. La colza creciendo a sus parientes silvestres produce de 9 a 93 % de progenia híbrida. Si bien es bajo, el riesgo de cruzamiento también incluye  a otras crucíferas conocidas por su daño como malezas de los cultivos en la Argentina.

En Argentina, hasta 1997 se presentaron nueve solicitudes de ensayo de variedades transgénicas, sin embargo, por resolución SAGPyA 229/97, fue prohibido en nuestro país la producción de senilla de colza GM resistente al glifosato debido al riesgo ambiental que significa su liberación. (2)

c) El caso del girasol

El avance del cultivo de soja, relegó al girasol a las tierras más pobres de la Provincia de Buenos Aires, San Luis y La Pampa.

Mediante mejoramiento genético se han creado variedades transgénicas de girasol y CONABIA ha recibido ya 74 solicitudes  de permisos de ensayo de girasol GM. Sin embargo la autorización para su uso ha sido denegada en razón de los riesgos potenciales que podría acarrear para el ambiente la posibilidad de transferencia de genes a especies silvestres emparentadas.

En Argentina existen especies de girasol silvestre, probablemente introducidas en forma accidental como impurezas. Se han naturalizado y crecen formando extensas poblaciones.

La más frecuente es Helianthus petiolaris que coloniza suelos arenosos del oeste de Buenos Aires. La segunda es Helianthus annuus, considerada como el antecesor silvestre del girasol cultivado, puede hallarse en el sur de Córdoba, noreste de La Pampa y oeste de Buenos Aires, Entre Ríos, Mendoza y San Juan.

Ambas se cruzan naturalmente con el girasol cultivado y especialmente la segunda, es considerada una importante maleza de los cultivos de verano en Norteamérica.

En nuestro país, al menos hasta ahora, no constituyen malezas importantes, pero esta situación podría eventualmente cambiar. (3)

Son los países en desarrollo, entre los cuales se encuentra Argentina, por sus climas tropicales, los más ricos en biodiversidad.

Su condición de países “en desarrollo” sumada al hecho de ser los más ricos en biodiversidad genera una feroz competencia entre los comerciantes y los organismos y asociaciones protectores del medio ambiente.

Las ventajas tecnológicas que garantizan la inserción en los mercados mundiales son difíciles de limitar.

Por otro lado, como se expresó anteriormente, estos países en desarrollo son productores originarios de las especies modificadas, lo que genera un mayor riesgo debido a la existencia de la posibilidad de extinción de especies autóctonas por dispersión de un transgénico.

d) Regulación y control de la biodiversidad

En cuanto a la regulación y control de la biodiversidad, existen actualmente el Convenio de Diversidad Biológica, firmado en Río de Janeiro en 1992,  y el Protocolo de Cartagena – Montreal firmado en el año 2000.

- Convenio sobre Diversidad Biológica:

El Artículo 1 del Convenio expresa los objetivos que se tuvieron al momento del dictado del mismo:  “Los objetivos del presente Convenio, que se han de perseguir de conformidad con sus disposiciones pertinentes, son la conservación de la diversidad biológica, la utilización sostenible de sus componentes y la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos, mediante, entre otras cosas, un acceso adecuado a esos recursos y una transferencia apropiada de las tecnologías pertinentes, teniendo en cuenta todos los derechos sobre esos recursos y a esas tecnologías, así como mediante una financiación apropiada”

Asimismo, el Convenio establece las medidas generales que se comprometen a tomar las partes a los efectos de la conservación y utilización sostenible de la diversidad biológica.

A este efecto, los Estados parte deberán elaborar estrategias, planes o programas nacionales para la conservación y la utilización sostenible de la diversidad biológica o adaptar las estrategias, planes o programas existentes.

Los artículos 8 y 9 del mencionado documento establece la obligación de cada parte, en la medida de sus posibilidades, de la conservación in situ y ex situ de la biodiversidad.

A tal fin, los Estados parte se comprometen a establecer sistemas de áreas protegidas, reglamentar o administrar los recursos biológicos importantes para la conservación de la biodiversidad, promover la protección de ecosistemas y hábitats naturales, promover la recuperación de ecosistemas degradados y especies amenazadas, impedir que se introduzca y erradicas las especies exóticas que amenacen a ecosistemas, hábitats o especies.

En cuanto al control y reducción del impacto adverso, el artículo 14 establece que cada Parte contratante: “a) Establecerá procedimientos apropiados por los que se exija la evaluación del impacto ambiental de sus proyectos propuestos que puedan tener efectos adversos importantes para la diversidad biológica con miras a evitar o reducir al mínimo esos efectos y, cuando proceda, permitirá la participación del público en esos procedimientos.
b) Establecerá arreglos apropiados para asegurarse de que se tengan debidamente en cuenta las consecuencias ambientales de sus programas y políticas que puedan tener efectos adversos importantes para la diversidad biológica;
c) Promoverá, con carácter recíproco, la notificación, el intercambio de información y las consultas acerca de las actividades bajo su jurisdicción o control que previsiblemente tendrían efectos adversos importantes para la diversidad biológica de otros Estados o de zonas no sujetas a jurisdicción nacional, alentando la concertación de acuerdos bilaterales, regionales o multilaterales, según proceda;
d) Notificará inmediatamente, en caso de que se originen bajo su jurisdicción o control peligros inminentes o graves para la diversidad biológica o daños a esa diversidad en la zona bajo la jurisdicción de otros Estados o en zonas más allá de los límites de la jurisdicción nacional, a los Estados que puedan verse afectados por esos peligros o esos daños, además de iniciar medidas para prevenir o reducir al mínimo esos peligros o esos daños; y
e) Promoverá arreglos nacionales sobre medidas de emergencia relacionadas con actividades o acontecimientos naturales o de otra índole que entrañen graves e inminentes peligros para la diversidad biológica, apoyará la cooperación internacional para complementar esas medidas nacionales y, cuando proceda y con el acuerdo de los Estados o las organizaciones regionales de integración económica interesados, establecerá planes conjuntos para situaciones imprevistas.

La Conferencia de las Partes examinará, sobre la base de estudios que se llevarán a cabo, la cuestión de la responsabilidad y reparación, incluso el restablecimiento y la indemnización por daños causados a la diversidad biológica, salvo cuando esa responsabilidad sea una cuestión puramente interna.”

- Protocolo de Cartagena – Montreal:

Regula internacionalmente la transferencia, manejo y uso transfronterizo de organismos vivos modificados genéticamente. Regula en forma principal la información previa a cargo del exportador y el consentimiento que debe prestar el importador.

Si bien el Protocolo expresa en forma muy detallada todos los requerimientos de evaluación y control, se refiere solamente a los organismos vivos, pasando por alto los utilizados para alimento de animales o la industria médica y farmacéutica.

Por último, el requerimiento de información en el etiquetado resulta ser insuficiente, no siendo útil a la correcta información del consumidor del producto.

2) LA IDENTIFICACION Y EL CONTROL DE LOS TRANSGENICOS

a) La política estatal

El desarrollo de la biotecnología, ha sido tomado como un gran éxito para la humanidad en el ámbito científico en todo el mundo, incitando esperanzas de solucionar grandes problemas en todo el globo terráqueo como ser el hambre y la cura de enfermedades.

Pero como todo aquello que desconocemos nos da temor, inseguridad o simplemente desconfianza, tratamos de esgrimir conceptos y fundamentos que apoyen nuestra posición de rechazarlos. Es así como quienes se oponen a los cultivos transgénicos argumentan que un gen modificado o que modifica el ADN de un vegetal o animal, podría ser transferido del alimento a las bacterias normalmente presentes en el intestino de quien las ingiere, con el consiguiente riesgo en caso de que estas bacterias produzcan infecciones.

Ahora bien, para que la transferencia ocurra, deberían producirse sucesivamente los siguientes procesos: a) un fragmento de ADN de suficiente tamaño como para contener un gen debería sobrevivir a la degradación enzimática del tubo digestivo; b) ese fragmento debería introducirse, en las condiciones del tracto intestinal, en una bacteria mediante un proceso cuya existencia es hipotética; c) el gen que en la planta es regulado por las señales propias de las células eucariotes debería recombinarse adecuadamente para poder expresarse en un entorno procariote que es muy distinto al anterior.

La probabilidad de que cada uno de estos acontecimientos se encadenen exitosamente es tan baja, que el riesgo resulta despreciable. Si este proceso se produjera, se deberían hallar genes vegetales o animales integrados en las bacterias del intestino humano ya que el ser humano ha ingerido ADN de estos organismos desde su aparición como especie, pero ello no es así.

En el mundo se han dado dos tendencias, en cuanto a posiciones políticas se conocen. En primer término encontramos a los países subdesarrollados o en vías de desarrollo, cuyas economías agroexportadoras han visto un gran incremento en base al uso de semillas transgénicas, fruto de la reducción de costos y la alta rentabilidad (Estados Unidos también pertenece a este sector debido al alto desarrollo tecnológico en la materia), y por otro lado, tenemos especialmente a los países europeos, cuya posición es totalmente contraria, al punto tal, que hoy en día poseen una “moratoria” en cuanto a la entrega de permisos para pruebas a campo abierto y de siembra de OGM. Es Europa quien mas fuerza ejerce para lograr un política de identificación – a través del etiquetado -  y la trazabilidad.

b) Los intentos de reglamentación en el mundo

Las Naciones Unidas, reunida en Ottawa, Canadá, llego a un acuerdo sobre la definición de los términos que podrían ser usados en las etiquetas de los alimentos genéticamente modificados.

El Codex Alimentarius, un organismo de la ONU que establece normas voluntarias internacionales en materia de alimentos, celebró una reunión de su comité sobre el etiquetado de alimentos transgénicos para intentar elaborar reglas comunes a todos los países que lo integran. Se crea así el Comité de Etiquetado, en el que 23 países están representados y presidido por Canadá. El acuerdo alcanzado establece por ejemplo que el término ``organismo genéticamente modificado'' será definido como ``un organismo en el que el material genético ha sido modificado a través de la tecnología genética, de una manera que no se produce naturalmente por multiplicación o recombinación natural''. Si son aceptadas por los 164 países miembros del Codex, esa recomendaciones se convertirán en normas generales de etiquetado para alimentos preparados. El problema de etiquetado de los organismos genéticamente modificados (OGM) quedó en suspenso tras la adopción en Montreal, por parte de más de 130 países, del Protocolo sobre la Bioseguridad, que tuvo como marco la Convención de la ONU sobre la biodiversidad de 1992.

Ya el protocolo de Cartagena en el año 2000, había establecido requisitos para el paso transfronterizo de Organismos Vivos Genéticamente Modificados. Recién a mediados del 2003, la Unión Europea estableció una normativa sobre etiquetado y trazabilidad que entrará en vigencia a partir del 1º de enero del 2004. Esta “ley”, aprobada por el Europarlamento, establece fundamentalmente el etiquetado obligatorio de todos los alimentos transgénicos, para que los consumidores del viejo continente puedan elegir si comerlos o no. Esta obligación abarcará a todo tipo de OGM, ya sean materias primas —como la soja o el maíz que produce la Argentina—, sus derivados (harinas u aceites) o los alimentos elaborados a partir de esos ingredientes. La ley, incluso, impone identificar la carne y la leche de animales alimentados con granos transgénicos.

Estados Unidos, por su parte, propuso identificar los OGM sólo cuando presentaran riesgos para la salud o el ambiente, mientras que por el lado contrario, la Unión Europea privilegió un etiquetado sistemático de alimentos que hayan sufrido modificaciones genéticas. Canadá defiende una posición muy parecida a la de Estados Unidos, ya que es ``favorable a un etiquetado obligatorio en materia de salud y seguridad''.

La Casa Blanca anunció recientemente un conjunto de medidas limitadas con el objetivo de reglamentar los productos en base a organismos genéticamente modificados, que los adversarios de los productos transgénicos juzgaron insuficientes pero adecuada por la industria alimentaría. Las medidas anunciadas apuntan especialmente a dar confianza a los consumidores. Las autoridades sanitarias serán informadas por adelantado de la introducción en el mercado de los productos transgénicos, aunque el etiquetado que informe sobre esta característica seguirá siendo voluntario.

c) La situación particular de Europa

Varias fueron las reuniones de los ministros de Agricultura de quince países en ese continente, a fin de aprobar nuevas normas sobre la autorización y el etiquetado de alimentos con OGM, pero las negociaciones se estancaron ante las grandes divergencias manifestadas en varios puntos fundamentales.

Una nueva normativa, busca referirse al etiquetado de los alimentos y su objetivo básico de facilitar que la UE levante la actual moratoria 'de facto' ya que desde 1998 no se autorizan nuevos cultivos de variedades transgénicas en toda la región.

De hecho, Francia, Luxemburgo, Italia, Dinamarca, Grecia y Austria advirtieron hace dos años de que no levantarán la moratoria hasta que estén adoptadas normas comunitarias sobre etiquetado y rastreabilidad de los OGM, siendo actualmente España el único país de la UE donde se cultivan variedades transgénicas (unas 20.000 hectáreas de maíz).

Se propuso fijar un umbral de etiquetado de un 1 por ciento, de modo que si un alimento convencional tiene un mínimo de un 1 por ciento de transgénicos en uno de sus ingredientes, debe expresarse claramente en su etiqueta. España, Reino Unido, Irlanda, Suecia, Bélgica, Países Bajos, Finlandia y Grecia apoyaron la propuesta, pero Alemania pidió "menos del 1 por ciento" y Francia, Austria, Portugal, Italia y Luxemburgo pidieron un 0,5 por ciento, al igual que las organizaciones ecologistas. Por su parte, Francia, Alemania e Italia proponen un umbral intermedio, del 0,8 por ciento.

Finalmente, un acuerdo se logró. De esta forma, una norma europea entrará a regir a partir de 2004. Esta, exigirá el etiquetado de todos los productos alimenticios producidos a partir de OGM sin importar si existe, o es posible identificar, el ADN o la proteína del origen genéticamente modificado en el producto final, con un margen de 0,9% de tolerancia cuando se trate de transgénicos autorizados por la UE y del 0,5% para los que no. La norma, que no incluye productos lácteos y cárnicos, está acompañada de una directiva destinada a que los agentes comerciales que utilicen o manipulen productos OGM, transmitan o guarden información en cada una de las etapas de comercialización (trazabilidad).

d) El futuro para Argentina

La Argentina es el segundo productor mundial de Organismos Genéticamente Modificados luego de los Estados Unidos de América. Se estima que el 90% de la tierra cultivada, ha sido sembrada con semillas transgénicas. Ante la inminente entrada en vigencia de la normativa europea, las autoridades nacionales (Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos) han entrado en alarma, previendo la posibilidad de ver afectadas las ventas a ese bloque por unos 2.000 millones de dólares anuales.

Las exigencias normativas implicarían realizar una inversión a gran escala en casi toda la cadena productiva argentina. De esta forma, se incrementarían los niveles de inversión en el sector productivo del campo, a saber: pérdida de tierras cultivables por la distancia mínima requerida entre la siembra de semillas comunes y OGM, diferenciación en la cosecha, ampliación de plantas y construcción de nuevos silos, diferenciación en el transporte y limpieza de los mismos. Por su parte, el Estado deberá incrementar su fiscalización. Ya en el sector comercial, la diferenciación se manifiesta en el transporte internacional, el precio de venta y los permisos de ingreso a los distintos mercados. Pero como si esto no fuera mucho, existe un nuevo ítem a considerar: La Trazabilidad. Este concepto implica que cada eslabón de la cadena productiva agropecuaria o ganadera, desde el campo hasta la góndola, en cualquier parte del mundo que fuere, deberá conservar una muestra y/o registro del producto con el que ha tomado contacto, sumando a todo lo anterior, el costos de armar un proceso de verificación y almacenaje de datos y/o muestras.

La Argentina, junto a los Estados Unidos y Canadá, ya han comenzado a organizar, en conjunto, un reclamo ante la OMC (Organización Mundial del Comercio) a fin de poder encontrar una solución a los conflictos que se avecinan.

Un punto favorable a la economía y desarrollo argentino, es la reciente demanda de los mercados asiáticos. Estos, encabezados por la República Popular de China, desde el año 2000 han comenzado a demandar grandes cantidades de harina de soja. Dicha demanda es tan voluminosa, que de no ser por los OGM no habría forma de cubrirla.

A partir del 2004 los mercados deberán reorganizarse, pero las demandas alimenticias en el mundo, lejos de aminorar, se multiplica diariamente, y por ahora, los cultivos transgénicos parecen ser la única solución.

3) COMPETITIVIDAD DEL MERCADO DE LOS TRANSGENICOS

El vínculo entre competitividad y gestión ambiental parece cada vez más estrecho, lo cual hace necesario que los actores involucrados en la producción y la exportación, presten atención.

Las nuevas tendencias de control de la industria agroalimentaria a nivel mundial, confirman lo antedicho.

El análisis detallado de los sectores lacteo y trama oleaginosa a partir de la soja muestran la incipiente aparición de barreras no arancelarias para la importación.

En primer lugar, se observan los requisitos de etiquetado establecidos en los últimos dos años y la tranzabilidad de porotos y semillas de soja transgénica y para productos orientados al consumo humano y animal obtenidos a base de ellos. Los requisitos más exigentes en este aspecto son los que están en elaboración en la Unión Europea).

Una segunda tendencia mundial muestra que en Estados Unidos, los productores reciben generosos subsidios para la adopción de buenas prácticas de gestión ambiental. Además de perjudicar la competitividad de la producción argentina en el corto plazo, estos subsidios y la creciente implementación de políticas ambientales, podrían implicar en un futuro próximo la elevación de los estándares de exigencia para el ingreso de productos a dichos países.

Un tercer aspecto, es la insistencia en la incorporación de requisitos de gestión ambiental en las normas y procedimientos vinculados a la calidad (ISO 9000).

Si bien actualmente la mayoría de estas normas son de carácter privado y de adhesión voluntaria, su adopción generalizada por los productores dejará fuera del mercado a quien no las adopte.

Aquí aparece nuevamente el peligro para la producción argentina. Si los países más ricos están otorgando cuantiosos subsidios a sus productores para implementar sistemas de gestión ambiental, estos no tendrán inconveniente alguno en apoyar la generalización y la inclusión de requisitos vinculados a la gestión ambiental dentro de la normativa referente a la calidad.  Por el contrario, los países que no cuentan con esos subsidios quedarán fuera no solo de los estándares de gestión ambiental, sino también de los de control de calidad de los productos.

Por último, se observa a nivel mundial el intento de mejorar el nivel de la producción mediante el rápido desarrollo de productos orgánicos.

¿Cuál es el futuro de la Argentina? El 80 % de nuestra plantación es transgénica y llevaría aproximadamente 5 años limpiar totalmente el suelo de nuestros campos para poder desarrollar una producción orgánica.

En vista de estas nuevas exigencias mundiales, todo indica que los productores locales deberían comenzar a enfrentar las exigencias del etiquetado, la tranzabilidad y la segregación. 

Si bien no se han presentado mayores problemas con los requisitos de etiquetado y tranzabilidad, los productores argentinos siguen reacios a la segregación, lo que deberán modificar en los próximos años.

La necesidad de segregar tiene varias implicancias: mayores costos para los productores, cambios en la estrategia de los productores con respecto a la información proporcionada en el mercado local. Dada la escasa producción que se destina al mercado local, puede ser que los requisitos de etiquetado del mercado de exportación impliquen el etiquetado de productos que se destinan al mercado local.

BIBLIOGRAFÍA

 (1)  “Impacto ambiental de los cultivos transgénicos” Mónica Poverene y Miguel Cantamutto – Departamento de Agronomía, Universidad Nacional del Sur. (Página 26)

 (2) “Impacto ambiental de los cultivos transgénicos” Mónica Poverene y Miguel Cantamutto – Departamento de Agronomía, Universidad Nacional del Sur. (Página 33)

 (3) “Impacto ambiental de los cultivos transgénicos” Mónica Poverene y Miguel Cantamutto – Departamento de Agronomía, Universidad Nacional del Sur. (Página 36)

Resumen Ejecutivo del Ministerio de Economía de la Nación – “Estudio 1.EG.33.4 Competitividad sistémica. Componente D: Gestión ambiental en la agroindustria, competitividad y sustentabilidad”, Marzo 2003

Comercio Exterior – “Biotecnología: retos y oportunidades para los países en desarrollo”

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Economic Review – “Agriculture´s portfolio for an uncertain future: preparing for global warning”

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Factor Económico – “La responsabilidad derivada de la ingeniería genética”

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Desarrollo Económico – “Innovación genética, esfuerzos públicos de investigación y desarrollo y la frontera tecnológica internacional: nuevos híbridos en el INTA”

Nº 110 – Vol. 28 – España, 1988

Mercado – “El granero transgénico”

Nº 997 – Buenos Aires, 2000

Biodiversidad – “Impactos de la expansión de la soja en Argentina”

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SITES

www.ate.org.ar

www.biotech.bioetica.org

www.e-campo.com

www.eco2site.com

www.lacapital.com.ar

www.noticias.agrobit.com

www.proconsumer.org.ar

www.sagpya.mecon.gov.ar  

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Última modificación: 09 de Marzo de 2007

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