Por
Belmonte, Verónica
Introducción
Historia de los alimentos transgénicos.
Obtención de alimentos transgénicos.
Ventajas e inconvenientes de los transgénicos.
Ventajas
Inconvenientes
Etiquetado.
A favor.
En contra.
Conclusión
Bibliografía
El análisis del presente trabajo se basa
en la información que deben suministrar los productores de los alimentos
transgénicos.
Para comprender el objetivo de este trabajo
es necesario adentrarnos en el tema y para entender la utilidad de los
alimentos transgénicos cabe explicar primero un interesante concepto que es
denominado biotecnología.
La biotecnología o
ingeniería genética es el conjunto de técnicas que utilizan organismos vivos o
partes de los organismos para fabricar o modificar productos, o para desarrollar
microorganismos para usos específicos. Posee un gran potencial para obtener
cantidades prácticamente ilimitadas de:
- Sustancias nunca
utilizadas anteriormente,
- productos obtenidos
normalmente en cantidades pequeñas,
- productos con un costo
de producción menor que el de los obtenidos normalmente,
- productos con mayor
seguridad que los hasta ahora disponibles y
- productos obtenidos a
partir de nuevas materias primas más abundantes y baratas que las usadas
anteriormente.
Básicamente, los transgénicos son alimentos
modificados genéticamente, es decir, mediante ingeniería genética.
Son obtenidos a partir de una técnica que utiliza células
vivas, cultivo de tejidos o moléculas derivadas de un organismo como por ejemplo,
los enzimas. Todo esto nos vale para obtener, modificar o mejorar un producto, o
desarrollar un microorganismo para utilizarlo con un propósito específico.
Aunque pueda parecer extraño, el hombre
utiliza la biotecnología en el campo alimenticio desde hace miles de años,
aunque con técnicas primitivas. Si nos ceñimos a que los
alimentos transgénicos son aquellos que están mejorados de alguna manera,
podemos llegar a la conclusión de que la fabricación del pan y la cerveza, que
se basa en el empleo de células de levadura, es un proceso biotecnológico.
Además, podemos citar como ejemplo concreto el hecho de que en la “Cueva de los
Murciélagos“ de Méjico se hayan encontrado restos de mazorcas de maíz
correspondientes a estratos geológicos sucesivos que muestran un aumento gradual
de tamaño correlativo con la sucesión cronológica. Este hecho nos indica sin
duda alguna que el hombre del Neolítico, haciendo uso de su inteligencia,
aplicaba ya un proceso de selección en el maíz que él mismo cultivaba.
Pero si nos fijamos en hechos más
recientes, la biotecnología tal y como la conocemos actualmente comenzó a
desarrollarse a partir de los años 50, cuando James Watson y Francis Crick
descubrieron la estructura de la molécula de ADN, que es donde se almacena la
información genética, es decir, la herencia, en todos los seres vivos.
Partiendo de su importante descubrimiento,
así como del hecho de que el ADN está formado por cuatro nucleótidos, Watson y
Crick descubrieron que la molécula de ADN está formada por dos filamentos que
forman una doble hélice. Sin duda, estos dos hombres fueron
muy importantes para el desarrollo de lo que hoy conocemos como Biotecnología.
Las aplicaciones de la Biotecnología han
hecho posibles los descubrimientos de Pasteur y las leyes de herencia genética
de Mendel. El primer medicamento producido mediante
ingeniería genética se comercializó en 1982, y la primera patente sobre un
animal transgénico, un ratón, se registró en 1988. Está claro que, tanto
hablando de alimentos transgénicos como de ingeniería genética en general,
todavía nos queda mucho por ver, ya que son ciencias que evolucionan día a día.
Se dice que en los próximos años, la
ciencia genómica aplicada a los alimentos perseguirá más elementos que
beneficien a la salud o que redunden en la calidad nutricional.
Estamos viviendo una evolución lógica, acorde con las
demandas del mercado: las compañías productoras contemplan el interés por sacar
productos que tengan una demanda amplia y, en el caso de los alimentos
transgénicos, todo lo que sean resistencias a insectos o tolerancia a herbicidas
interesa al agricultor. Además, desde el punto de vista científico, es más fácil
producir una resistencia que una característica nutricional determinada, que
requiere varios elementos genéticos.
Respecto a la alimentación, se han
conseguido muchas cosas útiles en poco tiempo.
Un ejemplo muy
habitual son los tomates. Ahora mismo, un agricultor los puede plantar con
innumerables características curiosas: pueden ser resistentes a numerosas plagas,
con menos agua en su interior (lo cual quiere decir que se conservarán en buen
estado durante más tiempo), gigantes, diminutos, especialmente sabrosos, con un
aspecto asombrosamente saludable.
Tarde o temprano la
Biotecnología será una práctica bastante habitual, aunque la FAO (Organización
para la Alimentación y la Agricultura perteneciente a la ONU) impone estrictos
controles en todo lo relacionado con la Biotecnología, por lo que no se corre
peligro al consumir alimentos genéticamente diseñados. Pero ante todo, debemos
estar informados de cómo se obtienen estos alimentos, ya que en un futuro
cercano serán bastante habituales en nuestros supermercados.
Los alimentos transgénicos se obtienen a
partir de complicadas técnicas de ingeniería genética que, aunque parezca
mentira, podemos explicar de una manera bastante básica y sencilla: imaginemos
que compramos un tomate y permanece en buen estado durante 4 días
aproximadamente. Sin embargo, una variedad de tomates un poco
más caros puede llegar a aguantar unos 7 días. Con esta historia pretendo
explicar una de las ventajas principales de los alimentos transgénicos. Además,
resulta que ese tomate más caro es más sabroso que su “competidor”, y a mayores
lleva incorporadas una serie de vitaminas que hacen que sea más sano. Parece
extraño, pero es cierto. Hoy en día podemos encontrar dos productos a simple
vista similares, pero que en realidad presentan innumerables diferencias. Para
obtener estos extraños alimentos, los científicos cogen una célula del tomate
convencional y extraen los alelos que rigen un determinado carácter. En su lugar
incorporan otros normalmente extraídos de otro organismo que hagan funcionar al
futuro tomate de forma diferente. Aunque parezca sencillo, no lo es. Lleva
tiempo encontrar los alelos correspondientes a cada carácter y sustituirlos por
otros adecuados. Además, existe la posibilidad de que se produzca un rechazo,
pero no es habitual.
Monsanto.
Ubicado en San Luis (Missouri), Monsanto es
el laboratorio de biotecnología más grande del mundo, y en el que se han
invertido alrededor de 300 millones de dólares y 10 años de investigación.
Es en este lugar donde los científicos aíslan un gen de la
bacteria que produce un insecticida conocido como “Bt” y lo transfieren al maíz
y al algodón, y logran que la planta produzca su propio insecticida. De momento
esto no es una inversión muy segura, ya que por cada semilla que tiene éxito en
el campo salen unas 10000 defectuosas que no valen absolutamente para nada.
Monsanto es el lugar de donde podemos obtener más información sobre los
alimentos transgénicos y otros temas relacionados con la ingeniería genética, ya
que es una empresa que cuenta con innumerables medios. Pero todo lo que nos
proporcionen estará siempre totalmente a favor de la biotecnología y en contra
de lo que ellos llaman “principios etilistas y conservadores”.
Hibridación.
Uno de los más importantes riesgos
medioambientales que acarrean los cultivos manipulados es que, una vez
cultivadas las semillas, aparezcan híbridos entre esas plantas transgénicas y
otras salvajes, pero de la misma familia, situadas en las inmediaciones.
No sería extraño que estas nuevas plantas incorporasen la
propiedad artificial, como la resistencia a algunos herbicidas ha tenido éxito.
Con ello, según advierten estos grupos, se está provocando el fenómeno
generalizado. Mientras entre la población surgen y crecen las dudas sobre la
seguridad de los alimentos resultantes de la biotecnología, los científicos
insisten en señalar que hasta el momento nadie ha podido demostrar que estos
alimentos sean malos para la salud y que ninguna persona ha enfermado o
desarrollado problemas por consumirlos. También apoyan sus tesis señalando que
todos los alimentos comercializados en Estados Unidos, Australia y Europa han
pasado estrictos controles sanitarios que avalan su seguridad.
Además, las multinacionales que se dedican
a la producción variedades genéticamente modificadas señalan que sus productos
suponen un importante aumento de las producciones y son considerablemente más
respetuosos con el medio ambiente al posibilitar una reducción del número de
tratamientos con productos químicos como herbicidas e insecticidas.
La Food and Drug
Administration (FDA), la agencia encargada de regular y controlar los alimentos
y los fármacos en Estados Unidos, establece unos requisitos que deben cumplir
los alimentos nuevos que llegan al mercado para conseguir su aprobación.
Los nuevos genes tienen
que estar bien caracterizados, no codificar ninguna sustancia peligrosa y ser
fácilmente manipulables. Además, las plantas transgénicas no pueden contener
niveles de sustancias tóxicas por encima de lo tolerable. De ninguna forma, los
nuevos alimentos pueden ser diferentes en su composición nutritiva ni en la
biodisponibilidad de los nutrientes para el organismo. La FDA también establece
que si en el alimento transgénico se han insertado genes de otras plantas con
conocida capacidad antigénica, los productores deben minimizar la expresión de
la proteína potencialmente peligrosa.
La posibilidad de obtener alimentos
transgénicos tiene tanto ventajas y a su vez, inconvenientes.
- Podremos consumir
alimentos con más vitaminas, minerales y proteínas, y menores contenidos en
grasas.
- Producción de ácidos
grasos específicos para uso alimenticio o industrial.
- Cultivos más
resistentes a los ataques de virus, hongos o insectos sin la necesidad de
emplear productos químicos, lo que supone un ahorro económico y menor daño al
medio ambiente.
- Cultivos resistentes a
los herbicidas, de forma que se pueden mantener los rendimientos reduciendo el
número y la cantidad de productos empleados y usando aquellos con
características ambientales más deseables.
- Mayor tiempo de
conservación de frutas y verduras.
- Aumento de la
producción.
- Disminución de los
costes de la agricultura.
- La biotecnología puede
ayudar a preservar la biodiversidad natural.
- Cultivos tolerantes a
la sequía y estrés (por ejemplo, un contenido excesivo de sal en el suelo).
- Existe riesgo de que se produzca
hibridación.
- Siempre puede haber un
rechazo frente al gen extraño.
- Puede que los genes no
desarrollen el carácter de la forma esperada.
- Siempre van a llegar
productos transgénicos sin etiquetar a los mercados.
Considero que es muy importante prestar
atención al etiquetado: las etiquetas deberían decir cómo han sido obtenidos los
productos y qué características especiales incorporan frente a los
convencionales. De lo contrario se estaría violando con el
artículo 4 de la Ley 24.240 de Defensa del Consumidor que dice: quienes
produzcan, importen, distribuyan o comercialicen cosas o presten servicios,
deben suministrar a los consumidores o usuarios, en forma cierta y objetiva,
información veraz, detallada, eficaz y suficiente sobre las características
esenciales de los mismos.
Por otro lado, el
artículo 42 de la Constitución Nacional, norma suprema, se vería vulnerado
también ya que éste establece que los consumidores y usuarios de bienes y
servicios, en la relación de consumo, tienen derecho a la protección de su salud,
seguridad..., a una información adecuada y veraz; a la libertad de elección....
En nuestro país, no es obligatorio el
etiquetado indicando si el alimento ha sido genéticamente modificado.
En mi opinión, no se debería adquirir nunca productos sin
ningún tipo de etiquetado. Además, debemos enterarnos de si los productos
han provocado algún tipo de rechazo hacia el gen extraño.
Existen distintos puntos de vista respecto
de estos especiales alimentos
La biotecnología, una esperanza para el
tercer mundo.
Los alimentos
genéticamente modificados son cuestionados entre los europeos bien alimentados,
pero, según Bill Gates, presidente de Microsoft, son los países pobres los que
más los necesitan.
Las estadísticas sobre
crecimiento de la población y hambre son preocupantes. El año pasado, la
población mundial llegó a los 6.000 millones. Y Naciones Unidas calcula que
hacia el año 2050 probablemente rondará los 9.000 millones. Casi todo ese
crecimiento se producirá en los países en vías de desarrollo. Al mismo tiempo,
la superficie de tierra cultivable por persona es cada vez menor. Las tierras
arables no han cesado de disminuir desde 1960 y se reducirán a la mitad en los
próximos 50 años, según el Servicio Internacional para la Adquisición de
Aplicaciones Agro-Biotécnicas.
Naciones Unidas calcula que aproximadamente
800 millones de personas en el mundo están infraalimentadas.
Los efectos son devastadores. Cerca de 400 millones de mujeres en edad de tener
hijos padecen deficiencias de hierro, lo que significa que sus bebés corren el
riesgo de sufrir diversos defectos congénitos. Nada menos que 100 millones de
niños sufren carencia de vitamina A, una de las principales causas de ceguera.
Decenas de millones de personas sufren otras importantes dolencias y
deficiencias nutritivas causadas por la falta de alimentos.
En este aspecto la
biotecnología es de gran ayuda. Los biotecnólogos han desarrollado un arroz
genéticamente modificado reforzado con beta-carotenos -que el cuerpo convierte
en vitamina A- y hierro, y trabajan en otros tipos de cultivos con sus
características nutritivas mejoradas.
La biotecnología puede
mejorar también la productividad agrícola en lugares donde la escasez de
alimentos es consecuencia de daños en las cosechas atribuibles a las plagas, la
sequía, terrenos pobres y virus, hongos y bacterias que afectan a los cultivos.
El daño que causan las plagas es increíble.
El barrenador del maíz europeo, por ejemplo, destruye
anualmente 40 millones de toneladas de la cosecha mundial, aproximadamente el 7%
del total. La introducción de genes resistentes a las plagas en las semillas
puede contribuir a restaurar el equilibrio. Y en las pruebas con algodón
resistente a las plagas en África, las cosechas han aumentado considerablemente.
Hasta el momento, los temores a que los cultivos transgénicos resistentes a las
plagas puedan matar no sólo a los insectos perjudiciales sino también a los
beneficiosos parecen carecer de fundamento.
Muchos científicos creen que la
biotecnología podría aumentar la productividad de las cosechas, en general en
los países en vías de desarrollo, en un 25% y contribuir a evitar la pérdida de
cosechas una vez recolectadas.
Sin embargo, a pesar de todas estas
promesas, la biotecnología dista mucho de ser la solución total.
En los países en desarrollo la pérdida de cosechas es sólo
una de las causas del hambre. El papel principal lo desempeña la pobreza. En la
actualidad, más de mil millones de personas en todo el mundo disponen de menos
de 200 pesetas diarias. La disponibilidad de alimentos transgénicos no reducirá
el hambre si los agricultores no pueden permitirse el producirlos o si la
población local no puede permitirse el comprar los alimentos que ellos producen.
Los alimentos
transgénicos aumentan su valor nutritivo y los rendimientos de la producción
Los expertos afirman que los alimentos
transgénicos son tan buenos para la salud como los convencionales.
Vacas que dan más leche, vegetales resistentes a las plagas,
patatas que inmunizan contra el cólera... "Con los alimentos transgénicos, el
consumidor siempre tiene la opción de escoger, y estos productos son al menos
tan seguros como lo pueden ser los alimentos convencionales." Esta opinión de
Daniel Ramón, investigador del CSIC, fue la defendida por la mayoría de
especialistas reunidos estos días en el IX Simposium Nacional de Laboratorios e
Institutos Municipales de Salud Pública, que tratará problemas como el ruido en
las grandes ciudades, las plagas urbanas de insectos o la calidad del agua que
bebemos.
"Las tecnologías permiten disponer de todo
un abanico de posibilidades para mejorar los alimentos." Daniel Ramón fue el
experto en Biotecnología que más énfasis puso a la hora de defender las bondades
de los controvertidos alimentos transgénicos y aseguró que el miedo surgido
entre algunos sectores de la población se debe a la falta de información.
"La gente se cree que cuando un laboratorio
crea un nuevo producto transgénico, al día siguiente puede sacarlo al mercado
sin problemas", creencia que Ramón negó al asegurar que la cadena de
comprobaciones científicas que tiene que pasar un alimento de estas
características es "larga y muy cuidadosa para comprobar que no son nocivos",
entre las que se encuentra la aprobación del Comité Científico de Alimentación
Humana de la Unión Europea.
La prueba de este estricto control
sanitario es que, hasta el momento, tan sólo se ha permitido comercializar en
Europa una variedad de alimento transgénico, el tomate FlavrSavrTM, "aunque hay
una larga lista de productos esperando recibir la autorización", desveló el
catedrático de Bioquímica de la Facultad de Ciencias de las Islas Baleares,
Andreu Palop.
Borlaug, a punto de cumplir 86 años, y que
fue investido ayer doctor honoris causa por la Universidad Politécnica de
Madrid, se ha vuelto a situar en el ojo del huracán debido a su firme defensa de
las modernas semillas transgénicas, a las que en cierto modo considera herederas
de su trabajo pionero. Esta actitud, que por otra parte
refleja la de la comunidad científica internacional, le ha procurado virulentos
ataques de grupos ecologistas como Greenpeace, que han llegado a calificarle de
"tecnofanático" y a responsabilizarle de buena parte de los males que afligen a
los países en desarrollo. Borlaug se limita a sonreír: sabe muy bien que toda
innovación genera enormes resistencias, no siempre racionales.
Las plantas diseñadas para ser más
resistentes a los herbicidas permitirán la aplicación de concentraciones más
altas en los cultivos, con el resultado de que los alimentos contienen más
química, y los ríos y los embalses se contaminarán más.
La
introducción de la hormona del crecimiento vacuno (rGBH) en las vacas lleva a
animales enfermos y sufrientes y a una leche que contiene más antibióticos. Ya
se están criando animales con enfermedades para experimentos y una vida de
sufrimiento. Peces han sido modificados para crecer más grandes; vacas y cabras
han sido modificadas para crear drogas farmacéuticas. Estos animales
frecuentemente son enfermizos y tienen una vida más corta. Compañías
agroalimentarias occidentales están comprando compañías de semillas en países en
vías de desarrollo para poder vender semillas genéticamente modificadas, para
controlar el mercado mundial de alimentos y haciendo peligrar la biodiversidad
de los cultivos a través de la perdida de las semillas tradicionales.
La contaminación
biológica puede ser el mayor peligro resultante de la ingeniería genética. A
través de accidentes y falta de controles adecuados nuevos organismos vivos,
bacterias y virus podrían escapar para reproducir, migrar y mutar. Existe la
posibilidad, aun que pequeña, de pasar sus nuevas características a otros
organismos que nunca se podrán recuperar o contener una vez libres en el medio
ambiente. Esto es una invitación a una alteración ecológica desastrosa.
Los alimentos
transgénicos ya disponibles incluyen soja, (que se utiliza en el 60% de los
alimentos procesados) tomates, levadura, productos lácteos y aceite de colza.
Pero esto es solo el comienzo. En unos años, a lo mejor será casi imposible
encontrar alimentos naturales. De todos los riesgos indeseados de la tecnología
moderna, los de los organismos genéticamente modificados son los más peligrosos.
En el peor escenario, no se podrán contener y sus efectos serán irreversibles.
Los peligros de la ingeniería genética incluyen animales enfermos, organismos y
enfermedades más virulentas, una biodiversidad más reducida, mayor contaminación
del agua, el alimento y la tierra, y la alteración del equilibrio de la
naturaleza. Con una ya mayor intervención tecnológica en la producción
alimentaría, se esta haciendo más común la comida no natural.
Nadie sabrá cuantos
morirán de la enfermedad de las vacas locas, que sospechan que es el resultado
de alimentar el ganado con alimentos totalmente innaturales para ellos pero
aprobados por los organismos gubernamentales. Pesticidas, fertilizantes, agua y
aire contaminados están causando cáncer, defectos de nacimiento, una fertilidad
decreciente, envenenamiento por salmonela, asma y leucemia.
De lo expuesto, logro visualizar un punto
común que resultaría de comprobar que tanto los defensores de los derechos del
consumidor como los ambientalistas defienden intereses colectivos y el objetivo
final de ambos regímenes (derechos del consumidor y derecho ambiental) resulta
ser la tutela de la calidad de vida.
Por lo tanto, todos los
productos alimenticios deberían etiquetarse claramente para que podamos escoger
porque de lo contrario se estaría violando el art .4° de la Ley 24.240 de
Defensa del consumidor que habla del acceso a la información y el artículo 42 de
la Constitución Nacional de defensa de competencia de los usuarios y
consumidores. No obstante esto, considero que se debe apoyar a la
investigación en biotecnología y consecuentemente los mecanismos de bioseguridad,
ya que son de urgente necesidad para satisfacer necesidades del país. Se
debería controlar el uso de microorganismos modificados genéticamente, ya que en
la actualidad existen áreas en el país que utilizan microorganismos,
presumiblemente modificados genéticamente, sobre los cuales no hay control
gubernamental.
-Pfeiffer, María Luisa, Transgénicos: un
destino tecnológico para América Latina, Ediciones Suárez, Mar del Plata, 2002.
-Dino Bellorio Clabot,
Tratado de Derecho Ambiental, Tomo I seg. edición, Ad- Hoc, Buenos Aires, 1999.
-www.greenpeace.org.ar