Catálogo de la Colección "Derecho, Economía y Sociedad" Sitio Oficial de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires

Regulación jurídica de las biotecnologías

Curso dictado por la Dra. Teodora Zamudio

Equipo de docencia e investigación UBA~Derecho

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Biotecnologías: cuestiones ético-científicas


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¿Cuál es el problema epistemológico básico que plantean las biotecnologías al Derecho?

¿Quiénes son los protagonistas de los intereses que se crean a partir de las nuevas Biotecnologías?

¿Qué papel juega el pensamiento o sentimiento religioso en la regulación que se propone?

¿Por qué es necesario regular jurídicamente la actividad científica en ámbitos de innovación e investigación, más allá de las propias deontologías?

Introducción.

1      Biotecnologías o la “caja de Pandora”

2      Religión, Ciencia: sistemas de control social.

3      La ciencia fraudulenta

4      La función social del Derecho

 

Introducción.

Frente a la pretensión de inmutabilidad de las normas jurídicas se verifica la mutación permanente y vertiginosa de la realidad social impulsada por las posibilidades y la nuevas necesidades creadas por la ciencia y la tecnología. Proponer un régimen jurídico de tales áreas del desarrollo humano impone analizar las “leyes” propias del desenvolvimiento de estos específicos quehaceres humanos y las realidades concretas que se generan o son posibles de ser generadas, si lo que se intenta es “elevar” la estructura normativa, a la práctica social.

Las fricciones entre una y otra son la razón misma de existir del Derecho y de toda organización normativa previa o subyacente. La inestabilidad social, el movimiento, son caracteres inherentes al género humano, su distintivo.

Existen epistemologías jurídicas enraizadas en posiciones filosóficas que fueron imperantes en contextos científicos (aún persistentes en algunos ámbitos) pero si todo acontecimiento es causado por un acontecimiento y, por lo tanto, todo acontecimiento puede ser predicho o explicado en, o  partir de, su precedente, ¿qué espacio existe realmente para el libre albedrío?. ¿Qué rango deja ese determinismo popperiano y racional a la libertad del hombre en la construcción de su destino y su evolución?. ¿Qué papel le cabe al Derecho como regulador de conflictos y oportunidades?. La tentación de denunciar el llamado “dilema del determinismo” conllevó un fuerte enfrentamiento con la paradoja del tiempo: o había equivalencia newtoniana entre el pasado y el futuro, o había evolución y... por ende: irreversibilidad e inestabilidad. De la mano de la física de no-equilibrio se pasó a la consideración del caos como elemento de la realidad, de la sociedad en tanto un sistema más...: un sistema de no-equilibrio.

La genética ha traído un nuevo principio que prescribiría a los sistemas vivos: sería el gen el carácter básico y ordenatorio de lo viviente. Nuevamente el conocimiento humano intenta asirse a reglas de determinación: replicación, trascripción, traducción...y mutación, dominancia, selectividad. ¿Podría la biología –hogar primigenio de la teoría de la evolución- traer certidumbres y así rescatar al hombre de la caída libre a la que relatividad lo había empujado a principios del siglo XX?.

¿Sería ello un avance o un retroceso para el sistema social que el Derecho preserva y posibilita?

El Derecho ha sido -para la sociedad humana- similar a los rizos de retroalimentación negativos que giran una y otra vez para mantener al hombre, esencialmente, en el mismo lugar conocido. Se necesitan tales rizos para custodiar la estabilidad de la sociedad; pero también pueden ser deletéreos y constrictivos de esa otra aspiración humana -la libertad- que da cauce a la “verdad”, a ese “ir más allá”, la que lleva a entrar en contacto con el “movimiento de la verdad” que cuestiona constantemente lo que se ve y lo que se piensa, esa aspiración que obliga no sólo a buscar la certeza sino a dar la bienvenida a la duda,  a la turbulencia de la incertidumbre.

Frente a las nuevas biotecnologías, el Derecho debe aceptar la bifurcación y la ampliación -a partir de un no esperado momento científico, a partir de un hecho eventual que bifurca un momento de verdad y amplía el universo dando lugar a la autoorganización que será siempre “definitivamente inacabada”- si quiere realizarse una tarea creativa, posibilitadora del desarrollo humano. Habrá de convivir con el caos de la creatividad, de la búsqueda de la verdad. De otro modo sólo se propondrá un régimen estable, pero tanático.

Por otra parte, no iniciar una pendiente peligrosa para el sostén del género humano sobre este planeta no se logrará con normas prohibitivas –que fácilmente pueden ser burladas aún a costa de sanciones gravosas- sino desde la conciencia de que los objetivos del género humano no pasan por lo biológico (ni siquiera lo genético) sino por lo que el hombre tiene de hombre: su espíritu.  No hay en ello religión, pero sí re-ligare, o re unión y finalmente, objetivos. Tal como se explicará en el punto 2 de esta Defensa.

1 Biotecnologías o la “caja de Pandora” [1]

Al momento de evaluar críticamente las biotecnologías, centrarse en las repercusiones económicas tiene la ventaja de contar con instrumentos de análisis que proporcionan datos e informaciones muy concretas sobre aspectos fundamentales en el debate[2] como:

 

¿Quiénes son los protagonistas

individuos?

empresas?

instituciones?

 

¿Qué necesidades intentan satisfacer o crear las biotecnologías?

 

¿Qué impacto tiene/tendrá sobre el PIB, el empleo, los mercados y la competitividad de un país.?

Las biotecnologías ya han tenido un considerable impacto económico en el sector de la alimentación, pues desde 1990 se han hecho operativos sistemas de diagnóstico y bioconversión de almidón; se han comercializado edulcorantes y saborizantes, se han diseñado procesos de producción de jugos, aminoácidos, pigmentos y vitaminas; productos de fermentación, enzimas para elaboración de quesos, productos lácteos y levaduras híbridas. Ya han comenzado a ser comercializadas bacterias y enzimas modificadas genéticamente, como elementos flavorizantes que mejoran la calidad de los alimentos, así como biocatalizadores y biosensores para la producción y monitorización de la industria del sector.

Ligado al anterior, en el ámbito agrícola, ya existen variedades transgénicas de tomates, patatas, algodón, tabaco y soja, experimentadas al nivel de campo en pequeños reductos que presentan características de resistencia a herbicidas, virus, insectos y cualidades específicas. Algunos ya han sido comercializados aunque su impacto en la economía será definitivamente visible hacia el año 2005, probablemente. En los países en desarrollo, ese impacto se retrasará dos o tres años más.

Dentro de sectores no alimentarios, la biotecnología ha influido en los sistemas de producción de metano o etanol, por fermentación anaerobia de biomasa, y en el crecimiento selectivo y  propagación de árboles y plantas ornamentales. Las técnicas más utilizadas son las de ADNr, ingeniería de proteínas y procesos e ingeniería de producción de anticuerpos monoclonales –un área muy limitada de la biotecnología-, que han revolucionado en un corto tiempo campos como el diagnóstico de enfermedades infecciosas y genéticas, la monitorización de procesos industriales y la producción de variedades de microorganismos capaces de elaborar sustancias farmacológicas o alimenticias y de metabolizar aceites para eliminar contaminaciones. El mercado de enzimas ha sufrido una auténtica revolución, especialmente por la variedad de productos de investigación ofrecidos a los profesionales.

Aplicada a la medicina, muchos vaticinan que la biotecnología revolucionará los métodos terapéuticos de tratamiento de las enfermedades hereditarias y adquiridas, mediante las diversas modalidades de terapia génica o los tratamientos anti-mieloma por inyección de TIL (linfocitos T infiltrados), transformados con TNF (factor necrótico de tumores)[3].

Además, las biotecnologías han generado ambiciosos proyectos de I&D a gran escala, capaces de forjar una realidad nueva, muy versátil, aplicable en otras áreas muy ligadas a la industria más innovadora -la de productos con alto valor añadido-, se convertirá en un sector estratégico de la economía[4]: equipamiento de laboratorios, tecnologías para manipulación, análisis y secuenciación de ADN; automatización de tareas rutinarias; farmacología, enzimología, industria biotecnológica y química; equipos informáticos, software y hardware para gestión de grandes bases de datos (biocomputación), análisis estadístico de información y redes telemáticas.

Sin embargo estos desarrollos económicos parecen no incluir el correlativo desarrollo humano de la población mundial íntegra (se insiste en el desarrollo humano, no económico que ha de estar comprendido en aquél pero no se circunscribe a éste).

Así, se pone de manifiesto en lo atinente a la información genética humana considerada como un aspecto de la diversidad biológica del planeta y, como tal, un activo negociable bajo pautas especiales, la Convención sobre Diversidad Biológica (CBD) no ha podido afrontar eficientemente el objetivo legal –conque naciera- de conservar y proteger la diversidad (incluso la humana) y de establecer procedimientos para el intercambio de recursos genéticos y beneficios, con la participación de todos los involucrados[5]. Por su parte tanto la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) como la Organización Mundial del Comercio (OMC) presionan para lograr una más amplia y efectiva protección de los bienes inmateriales económicos sin atinar a incorporar consideraciones de orden social y cultural.

2 Religión, Ciencia: sistemas de control social.

De acuerdo con la tesis de Durkheim[6] sobre el origen y la naturaleza de la experiencia religiosa, ésta es esencialmente una manera de percibir y de hacer inteligible la experiencia social.

La religión -como sistema de ideas con el cual los individuos se representan a sí mismos, la sociedad de la cual son miembros y a sus relaciones con ella- diferencia entre lo sagrado y lo profano, separa aquellos objetos y prácticas que simbolizan los principios sobre los cuales se organiza la sociedad, los que encarnan el poder de su fuerza colectiva y de cada uno de sus miembros en tanto permanecen como tales, ello –a su vez- los constriñe a aceptar su imposición.

La presión es ejercida por medios espirituales y crea el sentimiento de que fuera existe un poder moral, eficaz... del que se depende. Esa externidad poderosa obliga incluso a actuar en confrontación con las inclinaciones naturales.

Esa influencia poderosa es percibida por los hombres, pero su fuente es transfigurada por el individuo. El fenómeno religioso supone una división del universo: lo sagrado y lo profano, y de ambos se dedica y versa sobre lo primero y de su relación con lo segundo en términos de consolidar y proteger la preeminencia de los principios sagrados que garantizan la existencia y perdurabilidad de lo profano: el hombre mismo.

Todos estos textos religiosos dan cuenta de la construcción de la esfera de lo sagrado a partir de la “construcción misma de lo profano”. Esa construcción es la tarea primera de lo sagrado, tarea de legitimación de lo sagrado, que se explicita a través de la respuesta a dos preguntas básicas: ¿tuvo un comienzo el universo? Y, si es así: ¿cómo fue?

La ciencia ha ofrecido su respuesta: el universo se habría originado en un punto infinitamente denso y caliente, en una fabulosa e inconmensurable explosión que dio origen a la materia tal como la conocemos. Conteniendo –ese punto primigenio- la esencia de lo sagrado, contendría asimismo sus leyes. Más allá de las certezas que penosamente construyen los investigadores, ninguna de las hipótesis existentes alcanza a explicar los primeros instantes y podríamos suponer que tuvo un Creador... inexplicable, inexplicitable; o por el contrario, si el universo estuviera auto contenido, sin bordes ni fronteras, no tendría principio ni fin. Simplemente sería. ¿Qué lugar habría entonces para un Creador?[7].

Desde esta perspectiva, la ciencia es esa fuente de poder de la que fluye la energía hacia afuera y con la que se puede contar para hallar y lograr maravillas y revelaciones. De igual modo que la fuerza derivada del contacto con lo sagrado, la ciencia se traslada al mundo.

Puede plantearse también que los aspectos sagrados de la ciencia informan u orientan sus aspectos más mundanos, los menos inspirados y los vitales: sus rutinas, sus meras aplicaciones, sus formas consolidadas y externas que afectan a las técnicas y los métodos. La ciencia, así caracterizada, es sagrada y por ello debe ser mantenida aparte de cualquier regulación, queda “reificada” o “mistificada”[8]; todo análisis parece trastocar o interferir en el flujo externo de energía e inspiración que deriva del contacto con las verdades básicas y los principios de la ciencia y la metodología. Ésta es la realidad de la paradoja de que, quiénes de­fienden la ciencia con mayor entusiasmo, sean precisamente los que ven con más desagrado que la ciencia se aplique a estu­diarse a si misma. Los dogmas de la ciencia se asumen como dogmas de fe, como certezas máximas permitidas a los seres mortales (más aún cuando prometen la inmortalidad, o aproximadamente). Esta actitud -renovada frente a las biotecnologías- no es nueva.

Sin embargo, a finales del siglo XIX comenzaron a aparecer fenómenos físicos que no podían ser descritos mediante las leyes de Newton. Los físicos tuvieron que introducir nuevas leyes más complicadas; tanto, que a veces ni ellos mismos las entendían. Surgieron dos grandes teorías:

Ø      la teoría de la relatividad que no era más que un largo rodeo para explicar por qué los cuerpos a altas velocidades no obedecían las leyes de Newton.

Ø      la teoría cuántica que introdujo un concepto desconocido hasta entonces: la incertidumbre: en los niveles más profundos de la materia subyace una indeterminación, una aleatoriedad, que implica que, en la práctica, nunca se llegará a conocer perfectamente el estado de un sistema: en todos los fenómenos existe algún componente de azar, cuyo resultado depende de la suerte[9].

En las matemáticas, la ciencia exacta por antonomasia, también han aparecido la incertidumbre. El desarrollo de esta ciencia ha sido paralelo al de la física. Durante el siglo XIX se establecieron definitivamente las leyes de la lógica y del álgebra. Parecía que los sistemas formales matemáticos habían alcanzado su esplendor: a partir de unos pocos postulados se podían deducir y demostrar todas las afirmaciones matemáticas posibles, de una forma sencilla. Se habían acabado las controversias sobre las demostraciones de enunciados complicados. Sin embargo, a comienzos del siglo XX, un lógico llamado Kurt Gödel demostró más allá de toda duda que no podía existir un sistema lógico completo. Con cualquier conjunto de postulados de partida, siempre existirían afirmaciones que no podrían ser ni demostradas ni revocadas sobre la base de dichos postulados. Por tanto, siempre deberíamos aceptar, como acto de fe, determinadas proposiciones matemáticas. El teorema de la in-compleción de Gödel, como se conoce a semejante enunciado, trae locos a los matemáticos desde entonces, quienes ya no pueden estar seguros de nada y han aparecido corrientes, como la lógica difusa, que tratan las matemáticas de una forma más empírica y semialeatoria.

Sea la ciencia o la religión, los propios conocimientos o las mismas creencias –al plantearse como dogmas inmutables- pueden jugar como carceleros de un nuevo tipo de esclavitud social.

3 La ciencia fraudulenta

En 1990 el recién creado Subcomité para la Investigación del Fraude Científico de la Fundación Nacional de la Ciencia estadounidense comenzaba su informe con la siguiente frase: "Isaac Newton, Galileo Galilei, Gregor Mendel... tienen algo en común... todos ellos se han comportado como científicos poco serios y honestos a lo largo de sus brillantes carreras". El libro de William Broad y Nicholas Wade "Traidores de la verdad" (Betrayers of Truth) añade a la lista los nombres de Tolomeo, Dalton o Millikan.

Los delitos de estos fundadores de la Ciencia fueron variados: plagio, manipulación de datos o de resultados experimentales para que se ajusten a la teoría, presentación de experimentos que nunca fueron realizados, etc. Sin embargo, pocos de estos engaños invalidan las grandes teorías que, por otra parte, han sido confirmadas mediante miles de experimentos válidos. Estos descubrimientos contribuyen únicamente a desmitificar las figuras de los grandes científicos. Todos somos humanos, y todos somos culpables de pequeñas mentirillas.

Gregor Mendel, estaba sin duda convencido de que sus pobres resultados experimentales no iban a resultar suficientemente convincentes para que los naturalistas de su época aceptaran sus teorías (de hecho, ni siquiera sus inspiradas manipulaciones cumplieron esta difícil tarea, ya que su obra fue olvidada durante medio siglo, hasta que fue redescubierta en 1900). La estadística no estaba muy desarrollada en 1865, de modo que Mendel no imaginó que sus datos, ajustados artificialmente a su teoría, podrían resultar posteriormente sospechosos, precisamente a causa de su perfecto ajuste[10].

La misma acusación se hizo en contra de Robert Millikan, físico norteamericano que en 1923 recibió el Premio Nobel por descubrir la carga del electrón en 1913, sólo que esta vez la sospecha resultó cierta. Una revisión de sus notas de laboratorio reveló que el científico ignoró todas aquellas mediciones que no se ajustaban a lo que pensaba era la respuesta "correcta". Pero Millikan necesitaba publicar su experimento, para eliminar de la competencia por la fama a Felix Ehrenhaft, físico de la Universidad de Viena, que ya antes de 1913 había determinado la carga electroestática de dicha partícula. Pero la variación en los resultados -"detalle" omitido por Millikan- lo detuvo más tiempo en la etapa de experimentación.

Por otra parte. muchos científicos famosos soportaron el escepticismo acerca de sus descubrimientos, pero la historia los ha reivindicado. Otros, menos conocidos, ni siquiera alcanzaron a sembrar las dudas, pues alguno más astuto tomó sus teorías, se las adjudicó y las hizo públicas..

Lo sucedido al físico Ernst Stueckelberg es casi novelesco. Luego de descubrir un tipo de fuerza fundamental (a la que llamó interacción débil) que se transmiten las partículas atómicas consultó la opinión de su colega Wolfgang Pauli. Fue ese el comienzo de su tragedia. Pauli menospreció el hallazgo, Stueckelberg lo abandonó y mucho más tarde, en 1949, el teórico japonés Hideki Yukawa recibió el Premio Nobel por redescubrirlo.

Stueckelberg continuó con la investigación sobre el intercambio de luz entre los electrones, pero al ser rechazado por una importante publicación científica volvió a desechar sus descubrimientos. Poco tiempo después, otro físico tomó la misma idea y gracias a ésta obtuvo el Nobel en 1965. Pero esto tampoco lo detuvo. Siguió trabajando hasta que inventó el "grupo de renormalización", un set de operaciones matemáticas útiles en el campo de la física teórica. Tanto así que otros dos expertos fueron galardonados con el Nobel por el desarrollo del concepto[11].

4  La función social del Derecho

El Derecho aspirando a constituir un sistema de control debe asimismo asumir que el compromiso de mediar entre las pretensiones de justicia de los hombres y la estructura formal de legitimidad de la teoría jurídica para mantener su efectividad representativa de la realidad, tropieza -como advierte Vernengo- con la incontrastable paradoja de que “[L]a creación democrática de derecho no garantiza de por sí su legitimidad moral, así como no asegura dé solución justa a todo caso; (así tampoco) la creación de normas morales mediante procedimientos democráticos no garantiza que las reglas resultantes posean validez universal[12]. Y las supuestas bases reveladas del ordenamiento jurídico son, en verdad, el producto de tendencias económicas, sociales y culturales, impuestas por los grupos dominantes.

Al proyectar la estructura de sus instituciones destinadas a fomentar la cooperación y canalizar los conflictos, una sociedad se enfrenta al “cómo” percibe -y transmite después ideológicamente- interna y/o externamente, sus nociones de los denominados “esfuerzos de cooperación” y “áreas de conflicto”.

La naturaleza de la constitución subyacente y de la estructura inicial de las instituciones, no son inmutables y pueden modificarse en respuesta a las necesidades de la sociedad. En este caso, se debe estar dispuesto a asistir a un cambio metódico (incremental o radical) de sus normas (v.gr., la noción y “asignación” de la naturaleza del sujeto de derecho: la persona).

Ello se explica porque el Derecho no es una disciplina autónoma[13]. Las normas jurídicas tienen fuentes y consecuencias sociales, el Derecho no puede pretender que la objetividad de las leyes sea justificada exclusivamente por el razonamiento formal, sino que la justificación se debe encontrar más allá del Derecho, y éste no pude independizarse de las tendencias más amplias que se producen en la sociedad.

Desde tal reflexión, las nuevas "reglas de juego" deben garantizar que los efectos adversos de las tecnologías sean menos dañinos que si se dejara libre competencia para todos. Dichas reglas deberían establecerse antes de que los intereses “atraídos” adquieran privilegios (y las tecnologías en cuestión se atrincheren socialmente), de modo que la lucha competitiva no amenace con su aplicación compulsiva e indiscriminada. De ahí la necesidad de un orden (aprendizaje) social que garantice una retroalimentación continua, que haga que la evolución del sistema tecnológico y económico se adapte a las necesidades sociales y no amenace la viabilidad ecológica.

De esta manera sin renunciar por completo a la intervención tecnocientífica (algo impensable e irrealizable), se favorecería una cultura y un entorno en los que pudieran coexistir dominios tecnocientíficos junto con dominios sociotécnicos de otro tipo, en los que se podría preservar no sólo el rico patrimonio natural, sino también las diversidades culturales y formas de vida social valiosas[14].

Así, en la construcción de la norma, lo científicamente verdadero negociará con lo socialmente útil, lo económicamente rentable, lo políticamente realizable, de acuerdo con lo éticamente deseable[15]. Sólo se debe tener una certeza: que todos los “interesados” estén presentes en el diálogo para que la interface sea operativa y cumpla con los parámetros de equidad que hoy son rasgo definitorio del estadio evolutivo de la civilización humana.

 

 

 


[1] La expresión "la caja de Pandora" se utiliza para indicar que lo que parece muy atractivo o beneficioso puede resultar muy perjudicial. Según el mito Pandora -que había abierto el cofre prohibido dejando escapar todos los males del género humano que allí estaban encerrados- consiguió cerrarlo, pero demasiado tarde: sólo quedó dentro la Esperanza, tan engañosa a menudo para los mortales. Según otra versión, el cofrecillo encerraba todos los bienes que estaban destinados a los hombres, que de este modo los perdieron.

[2] Moreno, Miguel La perspectiva económica en el debate sobre aplicaciones biotecnológicas Cursos de verano del Centro Mediterráneo (Universidad de Granada)

[3] Los primeros productos desarrollados por sistemas biotecnológicos -insulina humana, interferón gamma y anticuerpos monoclonales- fueron los prototipos de una nueva generación de productos naturales y artificiales, producidos a pequeña escala (laboratorio) y fruto de una investigación biomédica enraizada en la investigación básica de determinados procesos celulares, sin dirección biotecnológica expresa. En 1991, ya se habían sometido a regulación 130 productos farmacológicos obtenidos por estos procedimientos en los Estados Unidos.

[4] Está claro que fueron razones de competitividad internacional frente a países como Japón o el Reino Unido, mucho más que su potencial científico (bastante discutido en un principio), lo que inclinó a los congresistas norteamericanos a dar un fuerte respaldo financiero al Proyecto Genoma Humano en 1990.

[5] Tampoco ha podido –a pesar de los esfuerzos desarrollados en la cuarta (Bratislava, 1998) y quinta (Nairobi, 2000) Reunión de las Partes de la Convención- crear un foro de acercamiento, una interfase de negociación o, al menos, de preparación de las pautas negociables.

[6] Durkheim, E. Las formas elementales de la vida religiosa. Akal, Madrid. 1978.

[7] El modelo inflacionario intenta llenar este lugar. Sugiere que hay un estado de la materia, que sólo se alcanzaría a muy altas energías, que tiene la extraña propiedad de crear una repulsión gravitatoria. La teoría inflacionaria especula con que en el universo temprano había por lo menos un sector dominado por esa sustancia peculiar. Esta habría sido la fuerza que dominó la explosión inicial, pero como este tipo de materia sería inestable, se habría desintegrado como lo hacen las sustancias radiactivas. Esa desintegración habría liberado la energía que produjo las partículas subatómicas y la sopa primordial. Reeves, Hubert El primer segundo Editorial Andrés Bello, 1998.

[8] Bloor, David. Conocimiento e Imaginario social, Ed. Gedisa, Barcelona. 1998.

[9] En la actualidad, todos los físicos opinan que la euforia de Laplace era desmesurada y ya no están tan seguros de poder llegar algún día a conocer absolutamente el Universo. Incluso la teoría de la relatividad, que no deja de ser determinista, está siendo revisada hoy día, introduciendo el componente de azar del que carece en su formulación actual.

[10] Por ejemplo, en un experimento de herencia de un carácter dominante, cuyo resultado debería ser de 75% de guisantes amarillos y 25% de verdes, Mendel afirmó haber obtenido, en sus 8023 ejemplares, 6022 amarillos (75.06%) y 2001 verdes (24.94%). Cualquier investigador actual se dará cuenta de que semejante exactitud es imposible en cualquier experimento biológico. O bien Mendel amañó deliberadamente los resultados, o bien fue culpable de una falta menor, por otra parte muy común entre los científicos, que consiste en dejar de contar cuando los datos que se han obtenido hasta ese momento cumplen las expectativas previas. Los experimentos de Mendel fueron repetidos en la década de 1940, y se comprobó que el monje austríaco había falseado los datos. De los siete caracteres que Mendel estudió, y que presentó como independientes, tres de ellos se localizan en el cromosoma número 4, y dos de ellos en el cromosoma 1. Sólo dos de ellos eran realmente independientes. El guisante tiene un total de 7 cromosomas, y la probabilidad de que siete caracteres tomados al azar pertenezcan cada uno de ellos a un cromosoma, y sean realmente independientes, es de 1 entre 163. Mendel falseó sus datos para que se cumpliera su teoría, para poder convencer (sin éxito) a sus colegas contemporáneos

[11] El científico falleció en 1984, pero su mala suerte aún se manifiesta: actualmente hay varios candidatos al Premio Nobel por su intento de comprobar una ley física. Esta plantea que cuando protones y neutrones interactúan, su número total no varía, y fue propuesta por Stueckelberg en 1938.

[12] Vernengo, R. Sobre la producción de normas jurídicas y normas morales, en Bioética, sociedad y derecho. Buenos Aires, 1995; pág. 183 y ss. Ya la Physis se había identificado, en el pensamiento griego, con el estado natural y justo de toda cosa en la terminología médica, transferida al campo moral, esta concepción  planteó  la distinción y hasta la oposición entre la conducta justa por convención (con arreglo a la ley) y la conducta justa por naturaleza

[13]  Posner considera que esa interdependencia es favorable, manteniendo que el estudio del Derecho es más rico debido al final de su aislamiento con respecto a otros campos del saber. Posner, R. The decline of Law as an Autonomous Discipline: 1962-1987. Harvard Law Review, vol 100, num 4(feb. 1987). Un punto de vista opuesto es mantenido por Fiss, O. The death of the Law? Cornell Law Review, vol 72, num 1 (nov. 1986).

[14] Medina, M. Nuevas tecnologías, evaluación de la innovación tecnológica y gestión de riesgos. En J. Sanmartín, S.H. Cutcliffe, S.L. Goldman, M. Medina (eds.): Estudios sobre ciencia y tecnología. Anthropos Barcelona; 1992..

[15] Teodora Zamudio Los conceptos de persona y propiedad, la necesidad de su revisión jurídica ante las nuevas realidades genéticas en Cuadernos de Bioética N° 0, Ed. Ad Hoc;  así vengo sosteniéndolo desde una posición que -en lenguaje freudiano- se concebiría erótica por asumir al Derecho como fuente creadora y creativa, de estímulo y realización del ser humano en sociedad.

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Colección: Derecho, Economía y Sociedad

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Última modificación: 09 de Marzo de 2007

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