Fuente:
http://www2.udec.cl/~earanguiz/natura-nurtura.doc
En la
discusión de la influencia de los factores genéticos y ambientales en la
determinación de la personalidad y conducta humana se hace visible con mayor
claridad que en otros campos la presencia de visiones de mundo e intereses
sociales que influyen en la producción de conocimiento. Dado que la
cientificidad es el patrón de legitimidad en nuestro siglo de un conocimiento,
es en este campo donde de forma sutil se renuevan disputas acerca de visiones
de mundo. El conflicto científico adquiere así valor político relevante.
Históricamente se ha dado una polarización de posturas, en la que el papel de
lo genético ha sido subrayado por quienes sostienen visiones del orden social
como algo dado y establecido, y que destacan los factores y “fallas” de los
individuos como explicación de los problemas que se manifiestan en la
sociedad. El papel de la cultura y de los factores ambientales ha sido más
subrayado por quienes colocan el acento en el carácter histórico del
ordenamiento social, y en sus posibilidades de mejoría y transformación.
Esta
polarización no ha sido absoluta y es esquemática. No se debe al simple azar.
Sin embargo, teóricamente no tendría por qué existir una relación necesaria
entre reconocer la importancia de los factores genéticos y el conservadurismo
o entre relevar el papel del ambiente y una visión crítica.
Se puede
ejemplificar el debate señalado con la discusión respecto de la condición de
la mujer. Una de las autoras que dio vida al feminismo, Simone de Beauvoir
(entendido como una visión y un movimiento que ha cuestionado la subordinación
y división de roles genéricos, popularizó la siguiente afirmación: “no se nace
mujer, se hace mujer”. Por otra parte, la crítica al feminismo ha tendido a
afirmarse en la naturaleza biológica diferente del hombre y la mujer,
deduciendo a partir de ello la obviedad de sus distintos papeles en lo social.
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¿es necesario demostrar
una igualdad biológica total entre hombres y mujeres para criticar una
organización social e ideológica machista? |
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¿es lo biológico la
clave explicativa de lo humano? |
Corresponden a visiones que colocan como factor explicativo central del
comportamiento la tendencia de los genes a preservarse. El egoísmo y el
altruismo con los parientes sería explicado por este factor, así como el
distinto comportamiento sexual que tendrían hombres y mujeres. Perspectiva muy
polémica por el carácter reduccionista que se le ha criticado, y por sus
deducciones conservadoras, se enmarca dentro de un esfuerzo más global de
enlazar la comprensión de la conducta humana con las teorías evolutivas.
Los genes
influyen en la conducta a través de su influencia en el funcionamiento
biológico, funcionamiento que depende a su vez de múltiples factores.
Existe una
larga historia de intentos de formulación de modelos explicativos de la
relación mente-cuerpo. Ninguno ha adquirido suficiente legitimación. Sin
embargo, es importante reconocer que se trata de dominios disjuntos, ninguno
reducible al otro, así como el sonido de una melodía no es reducible al equipo
sonoro del que emerge y a su mecánica, si bien éste constituye su base
material.
El ser
humano es un ser biológico, todo lo que le ocurre implica a su biología, pero
no es reducible a su biología.
Ha
progresado enormemente la identificación de las bases biológicas de la
conducta, del papel de los neurotransmisores, de la relación sistema
nervioso-endocrino, de las diferencias en el funcionamiento biológico y su
relación con patrones conductuales. Sin embargo, no debe hacerse una relación
causal entre la existencia de un patrón neurofisiológico y uno conductual. Al
igual que las correlaciones, podría existir una relación de mutua influencia,
o existir otros factores que influyan ambas dimensiones.
Por
ejemplo, la experiencia de miedo implica un ciclo de procesos biológicos que
correlacionan con ella, pero la fuente del miedo no es esa.
Dadas las
múltiples connotaciones del concepto de personalidad, que en el fondo articula
todo el estudio de la psicología humana, estudiar las bases biológicas de la
personalidad es equivalente a estudiar la relación conducta humana-biología,
lo que resulta extraordinariamente complejo. No es posible aun una visión
unificada, y hay muchos autores que previenen contra el intento de establecer
relaciones directas entre procesos psicológicos y procesos biológicos en los
niveles actuales de conocimiento.
Contribuciones desde distintas fuentes al conocimiento de esta relación son:
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Las
investigaciones respecto de la relación acerca del biotipo y la
personalidad, que quedó estancada y sin resultados claros.
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Los
estudios respecto de la relación entre ciertos rasgos de personalidad y su
posible base genética, lo que da lugar a la noción de temperamento. De
estas investigaciones se puede concluir: la inseparabilidad de la acción
de los genes y de la ambiental; el importante papel que tiene la base
genética en explicar diferencias interindividuales, predisposiciones y
vulnerabilidades, la que, sin embargo, nunca es absoluta, ni claramente
más influyente que otros factores, y cuya ponderación depende cómo se
evalúe; la importancia que tiene el propio sujeto en la construcción del
ambiente que a su vez lo determina, lo que a su vez se relaciona con el
concepto de ambiente no compartido. |
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Los
estudios que intentan relacionar factores neuropsicológicos y rasgos de
personalidad, como la actividad dopaminérgica y los patrones de
procesamiento cognitivo, el arousal y la activación interna y la
extraversión, etc. Esta perspectiva se ha vinculado más con la genética,
pero perfectamente podría ser compatible con una que coloque el acento en
el papel de las experiencias. |