Catálogo de la Colección "Derecho, Economía y Sociedad" Sitio Oficial de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires

Regulación jurídica de las biotecnologías

Curso dictado por la Dra. Teodora Zamudio

Equipo de docencia e investigación UBA~Derecho

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 Glosario

Ciencia y Sociedad


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 “Si un pueblo no tiene una punta de sabios que investiguen sobre teoremas

estrambóticos y conductas celulares básicas acaba teniendo en la otra deudas monstruosas, obreros sin trabajo, miseria e hijos exiliados”
Marcelino Cereijido. La nuca de Houssay.

 “… los vicios de los individuos son un beneficio para la sociedad,
y el egoísmo de cada uno condiciona la prosperidad de todos.”
Bernard de Mandeville. F
ábula de las abejas.

por Teodora Zamudio

Introducción

El siglo XVII

El siglo XVIII

El siglo XIX

El siglo XX

 

 

 

 

 

 

Introducción

S

e ha afirmado que la ciencia -en tanto forma exclusiva, y por cierto excluyente, de conocer la realidad, de alcanzar la verdad de las cosas, garantizada por una lógica interna- y el derecho -como trascripción de la situación social más razonable y por ello más justa-,  no han tenido,  históricamente, vinculación alguna[1]. Sin embargo la actividad científica ha inspirado y ha canalizado posiciones filosóficas y, bajo reglas epistemológicas propias, ha delineado las estructuras sociales y políticas para la expresión del hombre.

La ciencia y el derecho fueron elaborando[2] las estructuras económicas, políticas y culturales, con el estímulo, la tolerancia o el rechazo de su entorno natural y social.

La imagen general social que, hoy, la biogenética evoca y lleva en sí -no sus consecuencias efectivas ni sus desarrollos- crea una variedad de formas imaginarias y naturales que determinan un complejo y ambivalente estereotipo, en este caso, de la manipulación de los genes, la que es vista como el peligro de la transformación del hombre, tal y como se lo conoce hoy. Se alienta un piélago agitado de opiniones  y se aspira a poner un freno (¿legal?) a la investigación y al desarrollo tecnológico ante la posibilidad de que tales conocimientos puedan ser utilizados con fines antidemocráticos, lo menos. No es necesario pensar que la naturaleza humana es angelical o demoníaca para darse cuenta de que el peligro que entraña el conocimiento es insignificante comparado con el que entraña la ignorancia[3]. En realidad, las nuevas biotecnologías  plantean el incentivo vital para encontrar, preservar, examinar, discutir, comprender y utilizar viejas y nuevas formas de vida. Pero, a su vez posibilitan y obligan, antes que todo, a que el hombre y la sociedad[4] tomen la decisión de desperdiciar o nurturizar las reservas genéticas del planeta y definan los alcances y significados de esas acciones.

Frente a este desafío es en el que el derecho cumple su función social[5] considerando que la ciencia y la tecnología tienen una política subyacente construida a partir de intereses y valores propios. Erigiéndose como ratio reguladora, la norma jurídica tiene necesariamente que hacer explícito lo que en aquellos está implícito, a saber: la dimensión política de la actividad tecno-científica.

La historia de las ideas no ha sido lenta, antes bien dinámica ilustradora. Por ello, una breve síntesis servirá de introducción a la fundamentación de la tesis que se sustentará en este trabajo.

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El siglo XVII

El siglo XVII es conocido como el de la "Revolución científica".[6]  Cuánto de este movimiento había venido siendo preparado por los siglos anteriores  es aún materia de controversia, pero fue entonces cuando una reestructuración global de la imagen del mundo y del hombre tuvo lugar y gran parte del pensamiento del mundo moderno fue conmovido.

Durante la segunda mitad del siglo XVI, la astronomía aristotélica y ptolomeica había sido puesta en cuestión y los sistemas de Tycho Brahe (1546-1601) y Copérnico eran discutidos como alternativas. La revolución consistiría justamente en forjar una nueva física adecuada al sistema copernicano que unificara los cielos y la Tierra: esa tarea puede epitomizarse en los nombre se Galileo Galilei[7] (1564-1642), Johann Kepler[8] (1571-1630) e Isaac Newton[9] (1642-1727).

La filosofía característica de la revolución científica quedó fundamentalmente asociada al mecanismo o "filosofía mecánica", la que fue una de las constantes de la explicación científica del mundo a la que aspiraba el siglo XVII y también hizo mella en las ciencias de la vida. René Descartes[10] (1596-1650) se ha convertido en el símbolo de esa tradición. 

La física cartesiana aceptaba al existencia de dos principios: materia (a la cual identificaba con la extensión espacial) y movimiento; a partir de los ellos debían deducirse todos los fenómenos del mundo físico. Descartes buscaba reducir las llamadas cualidades "secundarias" de los cuerpos (esto es, cualidades perceptibles por un solo sentido, como color, sabor, etc.) a las cualidades "primarias" (aquellas perceptibles por varios sentidos y que dependen de la extensión: figura, movimiento).  En otros términos se trata aquí de la reducción de lo cualitativo a lo cuantitativo comenzada con Galileo y que sería una de las constantes de la filosofía del siglo XVII, opuesta a la filosofía aristotélica que defendía la irreductibilidad de lo cualitativo.

Descartes desarrolló una muy influyente filosofía del cuerpo humano. Consideraba que el hombre estaba constituido por dos sustancias:  una inextensa (la mente) y otra extensa (el cuerpo).  La sustancia externa podía ser descripta en términos de mecánica.  De este modo, el hombre cartesiano era un autómata animado por la mente, la cual se localizaría en la glándula pineal, una estructura del cerebro[11].

Pero el siglo XVII también asistió a una transformación profunda en la organización de la ciencia como actividad. Es en ese momento cuando la ciencia se constituyó como filosofía natural y comenzó a separase de la filosofía. Las universidades, atrincheradas en la defensa de un aristotelismo conservador, pronto se agotaron como centros creadores.  Los hombres que llevaron a cabo la revolución científica eran miembros de la clase media o de la baja nobleza que se agrupaban en sociedades interesadas en las nuevas ideas[12]

Son íntimas las relaciones entre el surgimiento de la nueva ciencia y los conflictos religiosos que asolaron la Europa del siglo XVII, su extrema complejidad -que los expositores partidistas o los defensores de ideologías eligen ignorar- permiten señalar solamente algunas de las direcciones en las que desarrollan las investigaciones actuales:

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la tesis según la cual el nacimiento de la Royal Society, en particular, y de la ciencia inglesa en general estuvo vinculada a la mentalidad puritana,

el hecho constatado por el movimiento de historia de las ideas de que la totalidad de los actores principales de la revolución científica estaban guiados en sus formulaciones científicas por sus convicciones religiosas, y muchas veces por propósitos francamente apologéticos ,y

los resultados de la investigación histórica especializada de las últimas décadas que desarticularon la "leyenda negra" de la condenación de Galileo

Ciertos filósofos ingleses desarrollaron concepciones políticas vinculadas a concepciones relativas a la filosofía de la naturaleza, la antropología filosófica, la psicología y la teoría del conocimiento que alimentarían la constitución de diferentes ciencias sociales y humanas durante el siglo venidero. 

Éste es el caso de John Locke (1632-1704), autor del Ensayo sobre el entendimiento humano y los Dos tratados sobre el gobierno (1690), texto fundamental en la teoría del gobierno representativo, y de Thomas Hobbes (1588-1679), autor de Leviatán (1651), quien, fundado en una filosofía mecanicista y materialista postulaba la legitimación del estado absolutista.  Asimismo, Hugo Grotius[13] (1583-1645) y Samuel Pufendorf[14] (1632-1694) produjeron tratados fundamentales respecto de la idea de derecho natural, invocando la utilidad general, los derechos del individuo y el estado de naturaleza. Los benedictinos de la congregación San Mauro, como Jean Mabillon (1632-1707) y los jesuitas belgas conocidos como bollandistas (organizados alrededor de Jean Bolland) establecieron por primera vez el enfoque crítico-documental en la edición de obras históricas (hagiográficas y de historia eclesiástica), editándose asimismo importantes instrumentos filológicos como el Glosario del latín medieval de Du Cange (1678) o la Paleografía griega de Montfauçon (1708).

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El siglo XVIII

Durante el siglo XVIII, la ciencia se orientó hacia el ambicioso intento de cumplir con el programa de la Revolución científica, de tal modo que estas décadas pueden considerarse como una prolongación y afirmación del período precedente[15].  Más aún, la ciencia fue el principio organizador del pensamiento de la Ilustración, corriente que, en mayor o menor medida, se extendió por toda Europa y que aspiraba a sistematizar y establecer una visión científica del mundo que permitiera reformar la sociedad de acuerdo a principios racionales. Si en el siglo XIII "razón" significaba  razonar de acuerdo con la lógica aristotélica recién recuperada, en el siglo XVIII y en su uso científico, "razón" significaría razonamiento matemático.  La noción de razón fue, durante el Iluminismo, equiparada con la "ley natural" -ley que, claro, podría llegar a expresarse matemáticamente-[16]

El otro concepto que determinó gran parte de las ideas científicas de esta época fue el de "progreso", entendido como una progresiva iluminación de la humanidad por las luces de la razón que despejaban las tinieblas de la tradición, la superstición y la ignorancia.  Esta matriz conceptual estaba inextricablemente ligada con los cambios histórico-sociales del período.

Se suele afirmar que la revolución científica del siglo XVII no afectó a la química, la que tuvo su "revolución" un siglo más tarde.  En efecto, la filosofía mecánica del siglo XVII no estaba aún en condiciones de explicar los procesos químicos y la química adquiriría un perfil reconocible recién con los métodos de cuantificación de Antoine Lavoisier (1743-1794) y la declinación de la teoría aristotélica de los cuatro elementos -la cual estuvo vigente hasta fines del siglo XVIII-.  En este sentido, debe señalarse que la química no fue una "transformación científica" de la alquimia, sino que lo que se creó en el siglo XVIII fue una nueva disciplina. Uno de los factores claves en la constitución de la química fue el hallazgo de que el aire no es un "elemento" en el sentido aristotélico, sino una mezcla de gases, siendo el gas un estado físico particular de la materia.[17]  

En el siglo XVIII los seres vivos eran estudiados desde dos puntos de vista:

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Uno de ellos apuntaba a cuestiones vinculadas a su funcionamiento, generación y desarrollo y formaba parte más bien de la filosofía natural, preocupada por hallar explicaciones causales de los fenómenos, Bacon la asociaba a la "razón".

El otro enfoque, más descriptivo, se preocupaba por asuntos como la clasificación y la morfología. Esto daría origen a la tradición de la historia natural, asociada por Bacon a la "memoria".

El estudio de las funciones animales durante el siglo XVIII evolucionó lentamente hacia un fenomenalismo experimentalista (el cual posibilitaría el surgimiento de la biología como ciencia independiente durante el siglo XIX) abandonando, no sin problemas y sólo en parte, el ideal de encontrar explicaciones mecánicas a los fenómenos de la vida dentro del marco de la "filosofía mecánica". 

La fisiología experimental se desarrolló a partir de 1740, en coincidencia con el surgimiento de la doctrina de los "fluidos sutiles".  Fueron importantes, asimismo, las relaciones establecidas entre la fisiología y la química, que se manifestaron fructíferas en distintos campos, v.gr., en la investigación de los fenómenos de la fotosíntesis[18], la elucidación de los procesos químicos y el estudio de las secreciones de la digestión comenzado en el siglo precedente[19].

También en fisiología, como entre los distintos sistemas físico-cosmológicos del siglo XVIII, había varios sistemas en conflicto -que asumían como marco referencial uno o más de los sistemas físicos- aunque aquí las fronteras aparecían difusas y la identificación más complicada. Simplificando, se puede asumir la existencia de los vitalismos y los mecanismos, prolongación de la "filosofía química" y de la "filosofía mecánica" del siglo XVII respectivamente, y afirmar que, al menos en Francia, tanto el vitalismo como el mecanismo fueron volcándose durante el siglo XVIII hacia una interpretación materialista.[20]

Es tradicional referirse a los vitalismos del siglo XVIII, los cuales forman una compleja trama.  En las primeras décadas del siglo, George Stahl, continuador de la tradición de la "filosofía química" -que se mantuvo viva en el ámbito germánico- y responsable de la teoría del "flogisto" [21], defendía la existencia de un anima sensitiva, responsable de la vida de los organismos.  El vitalismo del Stahl ejerció influencia en el desarrollo del vitalismo de la escuela médica de Montpellier, aunque el "vitalismo de Montpellier" -que se prolongó hasta las primeras décadas del siglo XIX- tenía un carácter bien diferente.  Era, en cierto sentido, un vitalismo materialista, que consideraba a la materia viva dotada de ciertas "fuerzas vitales" características.

En cuanto a los sistemas mecanicistas, la cuestión era muy matizada.  El influyente médico y fisiólogo Friedrich Hoffmann (1660-1742) desarrolló una visión mecánica de la fisiología, pero aún consideraba la existencia de una "fuerza organizadora" propia de los seres vivos.

La tradición de la historia natural, que se constituyó como tal en el siglo XVIII, aspiraba a una descripción no causal de los tres reinos de la naturaleza.  Sus antecedentes pueden rastrearse en las enciclopedias renacentistas y en la propuesta baconiana de las "historias naturales" -colección de observaciones empíricas sobre fenómenos de la naturaleza que servirían de base para la formulación de leyes-. Su ascenso coincidió con el progresivo descubrimiento del planeta y la necesidad de ordenar y dar cuenta de los hallazgos geológicos, botánicos, zoológicos en las nuevas tierras.  Es también el siglo XVIII el que asistirá a la separación de la botánica de la medicina, a la que siempre estuvo íntimamente vinculada, profesional e institucionalmente. Carl Linnaeus (1707-1778) y Buffon fueron los dos polos de una notable controversia que dividió a los naturalistas.  El problema que los enfrentó fue el de la clasificación de los seres vivos.  Es evidente que la cuestión de la clasificación debía asumir un papel preponderante en la era de la razón.

Buffon[22] fue uno de los principales exponentes de una idea que tendría una gran influencia en biología:  la de que los seres vivos forman una cadena de complejidad continua, sin "saltos":  la gran cadena del ser.  Esta idea que se remontaba a Platón y fuera  formulada en categorías metafísicas por Leibniz, tenía, para Buffon, al hombre en la cúspide y los demás eran considerados una degeneración de los estadios superiores:  el reverso de la idea de evolución. 

El que interpretó la noción de la gran cadena del ser en términos evolucionistas fue Jean Baptiste Lamark (1744-1829). Las especies, para este naturista, habían surgido debido a una transformación (de allí el nombre que el evolucionismo adquirió en Francia) debida a la existencia de una fuerza vital interior en los organismos (concebida en términos materialistas) que los impulsaría a perfeccionarse.  El uso y desuso de órganos, posibilitado y limitado por las condiciones ambientales, serían la causa de sus modificaciones, las cuales serían en adelante hereditarias.

A pesar de que durante el siglo XVIII comenzó a definirse el perfil propio de la distancia disciplinar de la ciencia natural, la actividad que hoy se denominaría científica se consideraba aún como "filosofía natural", o sea, una rama de la filosofía.  Lo que sí es evidente es el decidido surgimiento de las ciencias "sociales" (como ciencias morales), las cuales terminarían de constituirse definitivamente durante el siguiente siglo.   

Podría afirmarse, asimismo, que las ciencias humanas y sociales comenzaron a definirse como tales durante el siglo XVIII, con el nombre de "ciencias morales".  Era pretensión de los iluministas el fundar una ciencia objetiva del hombre y la sociedad, sobre la base de las leyes de la naturaleza humana[23], que permitiera racionalizar las instituciones sociales.  Esta ciencia debía ser objetiva y modelarse de acuerdo al método empírico y cuantitativo de las ciencias naturales.

Ejemplo de esto es el desarrollo de las doctrinas económicas: los fisiócratas en Francia, como François Quesnay (1694-1774), imaginaron -e intentaron poner en práctica con Anne Robert J. Turgot (1721-1781), director general de finanzas al servicio de Luis XVI- una ciencia de la actividad económica que estuviera de acuerdo con las leyes de la naturaleza. En Inglaterra, Adam Smith (1723-1790), en Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (1776), formularía más tarde la conocida doctrina que fundamentó el liberalismo económico y que descansaba sobre los conceptos de autonomía y autorregulación del mercado, acuñados a la sobra de la idea de que la razonabilidad de las leyes naturales es extensiva a las de la sociedad.  Varias tendencias contribuyeron a la constitución de esta idea de una ciencia de la sociedad.  En primer lugar, el surgimiento de las ciencias sociales está indisolublemente ligado a la ruptura del Antiguo Régimen y las dos revoluciones del siglo XVIII:  la francesa, que difundió los ideales de la democracia política y la Revolución Industrial, que instauró el capitalismo y desencadenó los procesos de cambio tecnológico acelerado.  Por otro lado, la Ilustración había difundido varias nuevas corrientes de pensamiento, vinculadas con el espectro de la diversidad de la experiencia humana y el interés por las sociedades "salvajes" o exóticas -conocidas a través de los viajes de exploración del siglo XVIII que prácticamente terminaron de revelar el globo- y con la idea de que el comportamiento tiene un fuerte carácter cultural (convencionalismo), expresada por ejemplo, en obras como las Cartas persas de Montesquieu (1689-1755).  Esta idea también se dio bajo la forma de ambientalismo en la que quizá fue una de las obras más influyentes de la Ilustración, El espíritu de las leyes[24] de Montesquieu (1748). La obra de Montesquieu no es sólo una historia natural de las sociedades, sino, un fundamental tratado de teoría política que se funda en el modelo inglés a la hora de explayarse sobre la división de poderes. El Contrato social de Jean Jacques Rousseau (1712-1778) daba forma a la idea de que la sociedad es más importante que sus miembros individuales y que los individuos son libres en tanto y en cuanto obedecen la ley dictada por la voluntad general.

Uno de los aspectos característicos  de las ciencias morales del siglo XVIII fue el intento de aplicar las matemáticas a las cuestiones sociales -aunque no sin controversias- y, especialmente, una parte de las matemáticas, la teoría de la probabilidad que había comenzado a desarrollarse en el siglo XVII con Pascal[25]. Finalmente Diderot, también Buffon comenzaron a alejarse de las matemáticas como clave de interpretación de la realidad; pero fue Rousseau, como preludio del romanticismo, la figura más característica en el sentido de un cuestionamiento radical de los beneficios de la ciencia y de la posibilidad de su aplicación al mejoramiento de la sociedad.

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El siglo XIX

En el siglo XIX, el gran avance de la química fue el establecimiento definitivo de la teoría atómica de la materia, formulada por John Dalton (1766-1844) a principios del siglo en su Nuevo sistema de filosofía química (1808-1827).  Según la misma, los elementos químicos estaban constituidos por átomos iguales cuya constitución variaba en los distintos elementos en cuanto al tamaño, peso y número por unidad de volumen. Simultáneamente, se consolidaron las leyes que describían cuantitativamente la combinación de los elementos que entran en un compuesto -la ley de las proporciones definidas[26] y la ley de las proporciones equivalentes.

En 1800, la palabra "biología" fue finalmente utilizada. Durante el siglo XIX la nueva ciencia se iría identificando cada vez más con la fisiología a la vez que se separaría de la tradición de la historia natural. La biología, fuertemente marcada aún por los mecanismos y vitalismos hasta las postrimerías del siglo, se estableció definitivamente como ciencia experimental, a comienzos del siglo XX y pasó de preocuparse por definir "la esencia de la vida" a investigar fenómenos biológicos. Cuatro son los temas principales alrededor de los cuales se puede agrupar la biología decimonónica: 

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forma y clasificación, la biología de los primeros decenios del siglo -de hecho gran parte de la actividad científica se desarrolló en Alemania e Inglaterra- estuvo signada por la filosofía de la naturaleza (Naturphilosophie) alemana, una vertiente del pensamiento romántico.  La "ciencia romántica" poseía otra característica distintiva:  buscaba ser una ciencia de cualidades en contraposición a la ciencia cuantitativa[27], que al ser analítica destruiría la unidad esencial de su objeto de estudio. 

La embriología del siglo XIX fue básicamente descriptiva y comparativa.  Sus resultados proporcionaron nuevos argumentos para el programa epigenético -impulsado por Caspar Wolff durante el siglo XVIII- a través de los trabajos de Heinrich Pander (1794-1865) y, en especial, de Karl E. von Baer (1792-1876).  La embriología alemana sería una de las áreas en la cual la Naturphilosophie haría sentir más su influencia.  Von Baer, por ejemplo, estableció una clasificación de los animales fundamentada, cada uno moldeado sobre un "arquetipo".[28]

evolución, la teoría de la evolución de Charles Darwin (1809-1882) es quizá la revolución biológica que más ha influido en la historia del pensamiento.

Antes de considerarla se debe aludir a dos importantes antecedentes.

El debate geológico a fines del siglo XVIII estaba planteado en términos de la polémica entre neptunistas -catastrofistas versus vulcanistas- uniformitarios.  La teoría uniformitaria de Hutton fue expandida y relanzada por Charles Lyell (1708-1895) en sus Principios de la geología (1830-1833) -Lyell era combatido duramente por los geólogos agrupados en la British Geological Society, todos ellos catastrofistas-.[29] 

También es un antecedente importante del trabajo de Darwin la publicación del libro de Robert Malthus, Ensayo sobre el principio de población (1798), donde se postulaba que los recursos del planeta eran menores que los que iría necesitando la creciente población.

Darwin[30] reunió sus investigaciones en El origen de las especies (1858) y postuló que las especies evolucionaban a través del mecanismo de la selección natural. 

Su teoría involucra varias ideas: 

a) el hecho de que los recursos vitales son menores que los necesarios para sostener la creciente población de las especies -idea malthusiana-, lo que lleva a una lucha por la existencia; 

b) la suposición de la existencia de variaciones hereditarias; 

c) la noción de adaptación, que consiste en que los organismos mejor adecuados a su medio poseen mayor probabilidad de dejar descendencia. 

La selección natural consiste en que aquellos organismos que nacieron con variaciones favorables en el sentido de la adaptación tienden a procrearse en mayor cantidad, generándose una nueva especie, con barreras que impiden la cruza con la especie original.[31] 

Sobre la base de las ideas de Darwin fue posible comenzar a diseñar un árbol genealógico que diera cuenta de la filogenia, es decir, del origen de una especie a partir de otra[32]. Su influencia fue enorme, no sólo en campos como la biología y la geología, sino también en las ciencias sociales dando origen en particular al darwinismo social:  la idea de que aquella es una prolongación de la naturaleza y que operan en ella los mismos mecanismos que en ésta, lo cual se adecuaba al ethos victoriano del individualismo y la competencia en el contexto de la revolución industrial, la expansión del imperialismo nacionalista de Inglaterra y Prusia y la economía del laissez-faire.  Debe señalarse que también hubo un darwinismo social progresista, vinculado a los movimientos, en Inglaterra[33], de reforma y mejoramiento social.

función, bioquímica y teoría microbiana; las cuestiones vinculadas a la función del organismo reconocen algunos antecedentes en el siglo XVIII en el marco de una fisiología mecanicista. Así, la importante postulación de Lavoisier y Laplace de que la combustión animal es equivalente a la inorgánica. Durante el siglo XIX se fueron aclarando los procesos de combustión celular y respiración, aun a nivel celular. La figura que concentró la actividad en este campo fue la de Justus von Liebig (1803-1873), quien vinculó íntimamente la química y la fisiología y en su influyente Química animal (1842) relacionó definitivamente las funciones orgánicas con sustancias químicas -además de efectuar importantes contribuciones respecto de las aplicaciones de la química a la agricultura

herencia, en cuanto al problema de la herencia, la teoría vigente era la de la "mezcla", es decir, el hecho de que los caracteres hereditarios eran un resultado de la combinación de los padres[34].

La teoría de la herencia de Gregor Mendel (1822-1884), aunque publicada en 1866, recién fue difundida ampliamente alrededor de 1900.  La misma dio solución a las controversias acerca de la transmisión de los caracteres hereditarios y se constituiría en uno de los pilares del pensamiento biológico moderno.  Mendel postuló que la herencia se transmitía de modo discontinuo e hipotetizó la existencia de unidades (a las que llamó elemente), cada una responsable de transmitir un carácter hereditario. 

La primera ley de Mendel afirma que cada carácter está codificado por un solo elemente, del cual existían formas "dominantes" y "recesivas", responsables de transmitir distintas formas del mismo carácter. La segunda ley afirmaba que los genes que controlaban los diversos caracteres se segregaban de modo independiente cuando se trasmitían a la progenie.  Estas leyes permitieron explicar muchos -aunque no todos- de los fenómenos de transmisión hereditaria. Quedaba por resolver, sin embargo, una importante cuestión:  ¿qué era un elemente?, problema alrededor del cual se concentrarían los mejores esfuerzos de la biología de la primera mitad del siglo XX.

La fisiología general del siglo XIX tuvo dos centros principales de desarrollo. La escuela de los materialistas de Berlín, que floreció a mediados de siglo, con nombres como Emil DuBois-Reymond (1818-1896), Ernst Brüke (1819-1896), Hemlholtz y, en particular, Carl Ludwig, quienes intentaron reducir la fisiología a la física;  y la escuela francesa de Claude Bernard (1813-1878), que encaminó esta ciencia hacia el método experimental en un sentido fenomenalista.

Las investigaciones sobre química animal contribuyeron a que, hacia fines del siglo XIX se fuera definiendo, principalmente por obra de Louis Pasteur[35] (1822-1895), una nueva disciplina, la bioquímica, que se desarrollaría rápidamente entre 1880 y 1900[36].  Una de las cuestiones que contribuyeron a definir el perfil de esta especialidad fue la controversia acerca de los fermentos.

Pasteur sostenía que para que ocurriera fermentación era imprescindible la presencia de un organismo vivo, en contra de Liebig y Berzelius, quienes sostenían la posibilidad de la fermentación abiótica (sin vida).  La controversia quedó zanjada con la demostración por Edward Buchner (1860-1917) en 1897 de la fermentación libre de células.  La síntesis de la urea por Wohler reavivó asimismo el debate en torno de la existencia de "fuerzas vitales", fuerzas características de los organismos vivos.[37]  Este asunto tuvo relación con la polémica sobre el origen de la vida, entablada entre Pasteur y Felix Pouchet (1800-1872), que concluyó con la demostración de la imposibilidad de la abiogénesis (generación de la vida de materia inorgánica) a través de los clásicos experimentos de Pasteur. 

El nacimiento de la bioquímica estuvo íntimamente vinculado a los grandes encuentros entre posiciones "vitalistas" y "materialistas", en los que resonaban problemas ideológicos y religiosos.

Durante el siglo XIX las ciencias humanas y sociales se constituyeron como tales: la psicología, la sociología y la antropología derivadas de la filosofía moral y las especulaciones sociopolíticas de los siglos XVII y XVIII, hacen su aparición como disciplinas definidas en este período.

El desarrollo en psicología más influyente fue el psicoanálisis, creado por Sigmund Freud (1856-1938). Originalmente una técnica de tratamiento de la neurosis, a través de la exploración de los fenómenos inconscientes elaboró una teoría de la psiquis fundada en la sexualidad (forjada en términos de la física energetista finisecular, aunque luego haya evolucionado hacia modalidades hermenéuticas) y fue transformándose en una clave interpretativa de la cultura humana que dejó profunda huella en el desarrollo de las ciencias sociales.

Las dos revoluciones del siglo XVIII determinaron una serie de profundas transformaciones de la sociedad:  el aumento de la población, el empeoramiento de las condiciones laborales, la creciente concentración de la propiedad, la urbanización, el desarrollo de la tecnología durante el siglo XIX (que algunos denominan "la segunda revolución industrial"), el desarrollo de las masas políticas, el surgimiento de las ideologías.  Es en este marco de cambios convulsivos que se recortaron como tales las disciplinas sociales.  Si bien la idea de una ciencia de la sociedad surgió en el siglo XVIII bajo el signo de un proyecto unificador, éste fue progresivamente cediendo a fuerzas centrífugas y dando paso a un proceso de atomización de las disciplinas, que se inició durante el siglo XIX y se acentuó en el XX. Dos son los temas que recorren como columnas vertebrales la estructuración conceptual de las distintas disciplinas sociales: el positivismo y el evolucionismo[38].

La sociología vio su nacimiento con Auguste Comte (1798-1857), el creador del "positivismo" quien, en su Curso de filosofía positiva (1830-1842), planteó una visión de la historia de la humanidad en la que ésta progresaba a través de varias etapas: el estadio teológico, el metafísico y, finalmente, el positivo que era la culminación del proceso y se habría alcanzado cuando el pensamiento pudo liberarse de los obstáculos religiosos y metafísicos y contemplar el hombre el universo "positivamente"[39]. La sociología nació así como ciencia independiente dentro de una matriz evolucionista e indisolublemente vinculada a la idea de progreso. Pero debe destacarse que Comte no buscó basar la sociología sobre la física y que su concepción de la sociedad fue más bien de tipo orgánico.

En Inglaterra, Herbert Spencer (1820-1903) también incluyó a la sociología en su clasificación de las ciencias.  La filosofía de Spencer era una versión del evolucionismo, aunque previa a la formulación de la teoría de la evolución de Darwin y diferenciada de ésta.  La diferencia fundamental con Comte era que este último concebía una escala de progreso lineal y consideraba, como dijimos, a al sociología como una ciencia autónoma respecto de la biología. Spencer, por su lado, concebía una evolución diversificadora y consideraba a la sociología como dependiendo en última instancia de la biología.

El próximo paso fue dado por Émile Durkheim (1858-1917), quien combatió el optimismo progresista de Comte y el individualismo de Spencer y definió la irreductibilidad del hecho social.  Para Durkheim, la explicación histórica no era válida, pues no existiría una sucesión histórica de etapas sociales[40].

La economía se formalizó como una reelaboración de los postulados de Smith, en la economía clásica de David Ricardo (1772-1823) frente a los cuales creció el “marxismo” -en términos de una crítica a la economía política liberal e interpretable en el contexto de los grandes movimientos revolucionarios y el pensamiento socialista utópico[41]- fundado en la obra de Karl Marx (1818-1883) Der Kapital y Friederich Engels (1820-1895).

La tesis del materialismo dialéctico y el materialismo histórico, que interpretan la dialéctica hegeliana en términos materialistas, son bien conocidas: el motor de la historia, entendida como una permanente lucha de clases, es el desarrollo dialéctico de las formas de transformación de la naturaleza y el intercambio económico; los productos culturales de una sociedad son entendidos como epifenómenos de las relaciones de producción, su base material.

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El siglo XX

Ya a principios del siglo XX, la famosa distinción de Ferdinand Tönnies entre "comunidad" y "sociedad" (explicativa del paso de la Edad Media a la sociedad de la revolución industrial) tendría influencia en autores como Georg Simmel (1858-1918), Ernst Troeltsch (1865-1923) y Max Weber[42] (1864-1920) quienes marcarían el tono de gran parte de la sociología del siglo XX.   

Sin duda que el siglo que pasó ha sido de gran riqueza en avances científicos y en promesas que, como se viene exponiendo tienen su recepción y consecuencia en el hombre y sus estructuras sociales.

Las dos grandes teorías físicas que surgieron con el nacimiento del siglo XX (la relatividad y la cuántica) tuvieron un impacto tal que trajeron como consecuencia la reformulación de la imagen del universo físico que había construido la síntesis newtoniana.

La teoría de la relatividad especial (1905) y la de la relatividad general (1909-1916) llevaron a la reformulación de los conceptos de espacio y tiempo, a plantear la equivalencia entre materia y energía y a concebir la gravedad como un efecto de la estructura témporo-espacial del universo, que puede modificarse por la distribución de la materia y la energía y que es la fuente del "campo gravitatorio" (esto solucionó la cuestión de la "acción a distancia" de Newton, a costa de una teoría poco "intuitiva").  La relatividad general abrió las compuertas de la especulación cosmológica y comenzaron a sucederse los modelos del universo, desarrollo posibilitado por las investigaciones sobre geometrías no euclidianas y un conocimiento cada vez más profundo del sistema solar y el resto del universo.

El desarrollo de la teoría cuántica estuvo íntimamente vinculado al de la física atómica.  Max Planck, en 1900 y en referencia a la emisión de radiación del cuerpo negro, postuló que la energía era una variable no continua, es decir, que sus valores están restringidos a cantidades discretas o unidades llamadas quanta. Einstein, en 1905, hipotizó que la radiación electromagnética consistiría en unidades discretas, "paquetes de energía" a los que llamó fotones.  El progresivo estudio del espectro electromagnético (por ejemplo, el descubrimiento de los rayos X por Roentgen) y el estudio de la radiactividad (rayos a, b y g) dieron paso al develamiento de la estructura del átomo con el descubrimiento del electrón por J. J. Thompson (1897) y los modelos atómicos de Rutherford (1911) y Niels Bohr (1913) llevaron a la física a ser la vedette de la primera mitad del siglo XX.. Por esa época Max Born, Pascual Jordan y Werner Heisenberg desarrollaron la mecánica cuántica y este último propuso en 1927 su famoso principio de incertidumbre.[43]

Pero si la física ocupó la atención durante los primeros cincuenta años de este siglo, la biología vio su estrellato y consagración durante las recientes décadas. La centuria fue caracterizada, para esta disciplina, por dos grandes síntesis. 

En primer lugar, los trabajos de la escuela de Morgan sobre Drosophila melanogaster, que se desarrollaron entre 1910 y 1915, dieron lugar a la teoría cromosómica de la herencia, lo que durante los años cuarenta llevó a la identificación del ácido desoxirribonucleico (ADN) como el material hereditario, descubrimiento que estuvo a cargo de Avery, McLeod y McCarty (en 1944), confirmado por Hershey y Chase en 1952.  Estos hallazgos, los estudios sobre el control genético del metabolismo comenzados por Beadle y Tatum, la utilización de técnicas cristalográficas de difracción por rayos X y los trabajos de Max Delbrück y Salvador Luria, condujeron a la elucidación de la estructura del ADN, en 1952,  por James Watson y Francis Crick y la descripción de los mecanismos de síntesis proteica y de funcionamiento celular.  Éste fue el gran paso unificador de la biología del siglo XX, el que permitió comprender las funciones celulares en términos moleculares y explicar los mecanismos de la herencia.  Las bases para el surgimiento de la biología molecular[44], a partir de los años cincuenta, ya estaban echadas.

Mientras tanto, la bioquímica se siguió desarrollando en el sentido del conocimiento de los mecanismos de respiración y metabolismo celular[45], a cargo de Otto Warburg, Hans Krebs y Otto Meyerhof, y de la estructura de las proteínas por Wilhelm Ostwald, Emir Fischer, Sanger, Linus Pauling y Max Perutz..

La virología se desarrolló ampliamente a partir de la síntesis del virus del mosaico del tabaco por Stanley en 1935 y también creció geométricamente a partir de la aplicación de las técnicas de biología molecular. Otro campo que se abrió fue el de la inmunología con el desarrollo de la teoría de los anticuerpos y que recibió un impulso decisivo con la biología molecular, reconfigurando la teoría microbiana y la acción de los organismos infecciosos.

La paleontología animal y humana de las últimas tres décadas también verificó importantes avances a partir de innumerables descubrimientos de campo y del desarrollo de las técnicas de biología y genética molecular.  En taxonomía, durante los años ochenta, se asistió a las controversias entre los métodos de taxonomía ortodoxo, fenético y cladista.

A comienzos de siglo, la teoría de Darwin había sufrido el desafío de la teoría mutacionista de DeVries, superado lo cual se logró, entre 1915 y 1960, la llamada síntesis neodarwiniana (expuesta en el famoso texto Evolution de Th. Dobzhansky) a cargo fundamentalmente de Ernst Mayr, Julian Huxley y G. G. Simpson.  La síntesis organizaba los argumentos evolucionistas de la taxonomía, la paleontología, la genética clásica (mendeliana) y la genética de poblaciones desarrollada por J. B. S. Haldane, R. A. Fischer y Sewall-Wright. Esta síntesis se ha visto sometida a importantes cuestionamientos desde los años sesenta, entre otros trabajos por los de N. Eldredge y S. J. Gould.

El aspecto integrador de la biología se volcó en el desarrollo de la etología y el estudio del comportamiento animal, por un lado, y el de la ecología, que pronto adquirió el carácter de una disciplina independiente y vinculada a cuestiones sociales perentorias.

El sistema nervioso, cuyo conocimiento había comenzado a adelantar a pasos firmes en el siglo XIX, recibió un importante impulso con la idea de los reflejos condicionados de Pavlov, las investigaciones de Sherrington sobre la integración del sistema nervioso y la doctrina de la neurona de Ramón y Cajal, que llevó al descubrimiento de la estructura íntima del sistema, los mecanismos de transmisión del impulso nervioso y, posteriormente, abrió el campo de la neurofarmacología[46]. El conocimiento de las funciones cerebrales progresó notablemente en cuanto a su estructura y función. El estudio del sistema nervioso fue sintetizando diversas disciplinas dando origen a las neurociencias.

En el siglo XX se siguieron desarrollando los efectos de las dos revoluciones de fines del siglo XVIII en el sentido de que la sociedad industrial comenzó a afectar cada vez más a las sociedades no occidentales en un contexto de guerras masivas, migraciones hacia Occidente, totalitarismos de izquierda y de derecha, instauración histórico-política de sociedades socialistas, creciente industrialismo, transformación en las comunicaciones y profundización de la democracia occidental.

El estructuralismo, originalmente desarrollado a partir de una teoría lingüística nacida de la obra de Ferdinand Saussure, alcanzó una influencia marcada dando origen a la semiótica o teoría general de los signos que elaborara los lenguajes artificiales. La antropología con las obras de Lévi-Strauss, Lévi-Bruhl, Margaret Mead y últimamente Geertz se desarrolló en escuelas diferenciadas como el culturalismo simbólico y el funcionalismo, con las variantes durkheimianas.

La economía  fuertemente asociada al nombre de Maynard Keynes, en los años treinta, fue girando hacia una posición neoliberal y una asociación hermenéutica con el derecho, el llamado law & economic, ampliamente aplicada en las decisiones judiciales de los setenta y ochenta en los EE UU, fue “economicizando” las relaciones sociales y políticas.

La noción de progreso fue profundamente cuestionada y abandonada y, asimismo, el papel de la razón como guía de la sociedad entró en crisis, poniendo, a su vez, en crisis el proyecto del Iluminismo; el concepto de “desarrollo” comenzó a organizar gran parte de las formulaciones en las ciencias sociales de las sociedades occidentales. Las ciencias sociales se desarrollaron en el sentido de una especialización creciente pero también en una búsqueda de fecundación interdisciplinaria. En la filosofía, partiendo desde diversas posiciones, Lewis Mumford, Paul Goodman, Hebert Marcuse, Theodore Roszak, Jacques Ellul[47] trasladaron el tema de la sociedad tecnológica moderna y la mentalidad técnica al primer plano de la crítica social. Se pensó y  postuló que existía algo abominable en los artificios modernos de la tecnología que se generaba una destrucción en forma tan vasta que podía destruir los beneficios mismos de la productividad tecnológica. Nació así la necesidad de desarrollar tecnologías que resultaran ser particularmente adecuadas no solamente desde la micro- y macroeconomía, sino también de las estructuras sociales y culturales[48].

El derecho positivo -entendido como aquél producido por órganos competentes del Estado- en tanto acto político, es pretendidamente construido a partir de una ética discursiva (J. Habermas y K.O. Apel), o de un contrato (J. Rawls), sujetos más que a contenidos universales a procedimientos admitidos; se apela a una intersubjetividad desarrollada en discusiones o negociaciones ideales, por cierto contrafácticas, como garantía de legitimidad de las normas de creación democrática.

 

 

 


NOTAS:

[1] Entre otros: Borrillo, Daniel. Derecho y genética: la perspectiva europea. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. IESA. Madrid. 1994. Edelmann, Bernard y L´Hermitte, Marie-Angèle (ed.) L´homme, la nature et le droit Ed. Christian Bourgois. Paris. 1988. Serusclat, Franck Les sciences de la vie et les droits de l´homme, bouleversement sans contrôle ou la législation à la française (rapport de l´Assemblée Nationale, Office Parlamentaire d´évaluation des choix scientifiques et technologiques). Ed. Económica. Paris. 1992.

[2] En todas las etapas de la construcción del sistema jurídico se verifica la continua necesidad de tomar decisiones. Tomar decisiones significa introducir valores. Valores, asumidos a partir de consideraciones (leyes o teorías) de orden científico, filosófico, ético, antropólogico y religioso que siendo pre y meta legales están presentes en la intencionalidad del sistema jurídico como ordenador social que éste es.

[3] La petición “Heidelberg” presentada por varios científicos a los jefes de Estado, en la clausura del Foro de las Naciones Unidas en Río de Janeiro en 1992, finalizó con las siguientes palabras: “Los grandes demonios que asuelan nuestra tierra son la ignorancia y la opresión; no la ciencia, la tecnología y la industria, cuyos instrumentos, cuando están manejados adecuadamente, son herramientas indispensables de un futuro manejado por la humanidad, por ella misma y para ella misma, para superar los mayores problemas como el exceso de población, el hambre y las enfermedades”.

[4] La relación de mutua interdependencia entre el hombre y la sociedad crea una reciprocidad entre ambos que no puede ser separada más de la vida de los individuos que de la cooperación que la sociedad hace posible. Aquella porque es el presupuesto constitutivo de la sociedad, ésta porque es indispensable para el desarrollo de los individuos.

[5] Como garantía de salvaguarda de la reciprocidad individuo-sociedad en los términos emergentes de los valores recogidos durante su formulación.

[6]Esto mayormente en los historiadores de tradición anglosajona.  Los alemanes e italianos suelen denominar a este período como "el Barroco" y los franceses lo llaman la "época clásica" asumiendo una continuidad con el siglo XVIII.

[7] Galileo es considerado, con justicia, como un consistente adversario de la física aristotélica y el padre del "método experimental". Debe quedar sentado ante todo, que Galileo tenía tras de sí una larga tradición de investigación mecánica que arrancaba de la baja Edad Media y pasaba por los renacentistas como Leonardo, Tartaglia, Benedetti (1530-1590) y Simón Stevin. En sus famosos Diálogos entre los dos sistemas del mundo (1632), Galileo confronta al sistema aristotélico y copernicano del cosmos e intenta demostrar la superioridad del segundo  A pesar de que Galileo dio pasos trascendentales en el sentido de encontrar una física que diera cuenta del sistema heliocéntrico, el problema hubo de esperar un tiempo más para su elucidación definitiva. El descubrimiento metodológico significativo de Galileo no consiste tan sólo en su enfoque empírico, sino en su método de la "idealización":  imaginar que el fenómeno considerado transcurre bajo una serie de condiciones ideales (una superficie "sin resistencia", una esfera "perfecta", la ausencia de fricción, etc.) que nunca pueden alcanzarse del todo  en la realidad, pero que posibilitan una formulación matemática de los factores en juego.  Por eso, muchos experimentos de Galileo son "experimentos mentales".  Galileo afirmó que el libro de la naturaleza estaba escrito en caracteres matemáticos y lo que buscaba era dar cuenta de los fenómenos físicos en términos de leyes matemáticas.  Aquí se deja ver la profunda influencia de la tradición platónica y arquimediana, que busca dar una imagen matematizada del mundo.

[8] Kepler fue la segunda gran figura de la revolución científica.  Su nombre ha quedado asociado a tres leyes que describen los movimientos planetarios.  Las investigaciones astronómicas de Kepler fueron extensas y sus propuestas de un sistema planetario varias.

[9] Isaac Newton fue el que logró armar todas las piezas del rompecabezas físico-cosmológico del siglo XVII en una figura coherente, en otras palabras, el autor de la imagen del mundo que sustituiría a la aristotélica..  Newton unificó la física terrestre a través de la idea de gravedad.  En los famosos Principia (1687) unifica de un golpe todos los resultados previos en una constitución asombrosa.

[10] En Descartes se encuentran dos concepciones de la ciencia.  La primera y la más característica era similar a la idea de Aristóteles de que la ciencia depende de la intuición de los primeros principios y la deducción de consecuencias necesarias a partir de ellos -aquí se hace sentir la impronta geométrica-.  Del mismo modo que Newton y Leibniz crearon el cálculo infinitesimal, Descartes es el padre de la geometría analítica, es decir, de la síntesis de la geometría con el álgebra, que permitía tratar un número de problemas geométricos en términos algebraicos.  El racionalismo de Descartes -opuesto al empirismo de los filósofos ingleses como Locke, Berkeley y Hume- armoniza bien con su concepción deductivista de la ciencia, fundada en el modelo de las matemáticas.  La otra vertiente de la ciencia cartesiana es su idea de la inferencia a una explicación causal de los fenómenos con posterior comprobación empírica de la hipótesis -aunque el empirismo cartesiano nunca pasó a los hechos-.

[11] La "filosofía mecánica" tuvo influencia más allá de la física.  Por ejemplo, en Italia un grupo de autores que se conocieron como los iatrofísicos, intentaron explicar los fenómenos fisiológicos, como la locomoción o la acción muscular, en términos de mecánica (Giovanni Alfonso Borelli). Este grupo se opuso a los iatroquímicos, quienes abrevaban en la "filosofía química" renacentista (van Helmont y Sylvius). Pero el mayor logro del siglo XVII en relación a al fisiología fue sin duda el descubrimiento de la circulación de la sangre asociado al nombre de William Harvey (1578-1657).

[12] En Italia, por ejemplo, las academias platónicas del Renacimiento dieron paso a academias científicas, como la Accademia dei lincei, fundada en Roma en 1610 o la Accademia di cimento, establecida formalmente en 1657. En Inglaterra, los virtuosi se agrupan primero en Oxford hasta que por carta de 1662 Carlos II crea la Royal Society, (la cual agrupaba, entre otros, a Robert Boyle, Christopher Wren, John Wilkins, Robert Hooke y William Petty) que se transformó en el principal motor de la filosofía baconiana y la ciencia de Newton.

[13] Su obra -De iure prædæ (1604); Mare liberum (1609); De iure belli ac pacis (1625)-se vincula estrechamente, por la forma y por el fondo, con la tradición escolástica: es una obra de transición entre el “derecho natural metafísico” y el “derecho natural racionalista”. No se expresa como un filosofo abstracto, sino como un burgués holandés muy consciente de los intereses comerciales de su país.

[14] Protegido por el rey de Suecia, es un teórico del derecho natural -considerado como un derecho necesario e inmutable, deducible del estado de las cosas- y un defensor de la autoridad -sea Dios o sea el hombre (el rey), de la que dimana toda ley-. El derecho positivo adquiere en él un valor eminentemente racional.

[15] El enfoque dominante para describir el mundo físico durante este período fue la "filosofía mecánica", que había ido construyéndose trabajosamente durante la revolución científica y que se impuso definitivamente a la "filosofía química" y el animismo del Renacimiento y el aristotelismo tardío heredado de la Edad Media.  El enfoque mecánico, empero, era susceptible de varias interpretaciones.  La idea de que el cosmos era materia en movimiento era común a todas las versiones, no así la cuestión de las "fuerzas".  Ésta y otras cuestiones son las que diferencian los tres sistemas físico-cosmológicos que se disputaban la interpretación de la filosofía natural:  el de Newton, el de Leibniz y el de Descartes.

[16] Es interesante comprobar que casi todos los filósofos de la Ilustración -D'Alembert, Condorcet, Diderot- fueron a la vez notables matemáticos.

[17]En esta idea desempeñó un papel clave la noción de Turgot de que la expansibilidad es una propiedad de todas las sustancias en el estado gaseoso. La química de los gases tuvo un enorme desarrollo durante el siglo XVIII:  Black encontró el aire fijado (el dióxido de carbono), Cavendish el aire inflamable (el hidrógeno) y Joseph Priestley (1733-1804) el aire desflogistizado (el oxígeno).

[18]Jan Ingen-Housz (1730-1799), Jean Senébier (1772-1809) y Nicolas Theodore de Saussure (1767-1845).

[19]Esto fue obra de las investigaciones de Regnier de Graaf (1641-1673), René Antoine-Ferchault de Réaumur (1683-1757) y Lázaro Spallanzani (1729-1799).

[20] En Inglaterra prosperaron además dos sistemas médico-fisiológicos organizados alrededor de la noción de "fuerza", lo que estaba vinculado con la fuerte tradición empirista y la física de Newton:  el de William Cullen (1710-1790) y el de John Brown (1735-1788).

[21] Principio inflamable que contenían todas las sustancias combustibles, según la construcción desarrollada por G.E.Stahl (1660-1734) se le atribuía masa negativa para explicar la variación de masa en las combustiones.

[22]  Buffon fue el creador de la "historia natural" como tal y su obra homónima la Histoire naturelle (publicada entre 1753 y 1804), fijó el patrón de las ciencias naturales por muchas épocas.

[23] Son de esta época los trabajos de  Jeremy Bentham (1748-1832)que daría a luz los Principios sobre la moral y la legislación (1789) exponiendo el núcleo de la teoría moral y política utilitarista.; y los de Cesare Beccaria (1738-1794), que dentro del marco de  esta filosofía, argumentó a favor de la reforma penal y defendió la noción de que la ley positiva debería conformarse con la ley natural.

[24] En ella se argumenta que los sistemas sociales y legales dependen del temperamento particular de los ciudadanos, temperamento determinado por el clima y el ambiente, con lo cual no existe un modelo político ideal.  La idea de la influencia del ambiente y la adaptación de los organismos al mismo fue también expresada en las concepciones de Buffon y, por supuesto, de Lamarck.

[25] Condorcet representa el intento más consistente de la aplicación de la probabilidad a las cuestiones sociales con sus teorías para maximizar la probabilidad de que el juicio de la mayoría coincidiese con el juicio verdadero, como base para el sufragio y la constitución de una república representativa.

[26]Es decir que las sustancias que forman un compuesto se combinan según una razón de peso constante.  Esta ley se debe a Proust (1755-1826).  Berthollet (1748-1822) polemizó largamente al respecto, pues consideraba que las sustancias se combinan según proporciones variables.

[27] El representante más conspicuo de la ciencia cualitativa fue J. Wolfgang Goethe (1749-1832) con su teoría de los colores que se oponía a la teoría newtoniana de la luz.

[28] Goethe buscaría asimismo el animal "primordial" y la planta "primordial", lo que llevó al descubrimiento del hueso intermaxilar.

[29]Adam Sedwick (1785-1873), William Buckland (1784-1856) y Roderick Murchinson (1792-1891).  Estos geólogos estaban, además, entre los más fervientes defensores de la teología natural inglesa, ocupada en demostrar la existencia del Creador a través del "argumento del diseño", esto es, la idea de que la complejidad y perfección de la Creación demostraban a Dios.

[30] Influido por la lectura de Lyell y Malthus, por sus trabajos de campo como naturalista a bordo del barco "H. M. S. Beagle" con el cual recorrió buena parte del mundo, por los resultados de las investigaciones embriológicas de von Baer y por sus observaciones sobre la cría y selección de animales domésticos.

[31]A diferencia de Lamarck, Darwin creía en la transmisión de los caracteres adquiridos sólo en parte y eso fue en él un desarrollo tardío.

[32] La teoría de la evolución fue simultáneamente formulada para el reino vegetal por Alfred R. Wallace (1823-1913), aunque con menor elaboración.

[33]Por ejemplo, Wallace sostenía que la teoría fundamentaba los postulados del socialismo cristiano.

[34] La idea era defendida por Francis Galton (1822-1911) y la "escuela biométrica" inglesa, que utilizaba métodos estadísticos.

[35] La contribución más conocida de Pasteur es su teoría microbiana, que causó una revolución tal en la medicina que es posible dividir la historia de ésta en un período pre y otro pospasteuriano, pudiéndose identificar el último con la medicina moderna sin solución de continuidad. La cascada de descubrimientos de agentes etiológicos revolucionó no sólo la práctica médica sino también el concepto de enfermedad.

[36]Una importante contribución a la bioquímica fue el descubrimiento de las hormonas por obra  de Bayliss, Starlin y F.Holfmeister (1901).

[37]Berzalius y el mismo Liebig eran "vitalisas" sólo en un sentido "residual", esto es, aceptaban la existencia de fuerzas vitales características de los organismos, sólo una vez que no se hubiera podido dar cuenta de los fenómenos a través de fuerzas fisicoquímicas.

[38] En cuanto a la categorización de las ciencias, debe mencionarse la obra del filósofo alemán Wilhelm Dilthey (1833-1911), quien propuso la existencia de dos tipos de ciencia: las de la naturaleza y las del espíritu. A las primeras les correspondía el "explicar", a las segundas el "comprender". Dilthey intentó fundar las ciencias humanas -y en particular la historia- en una llamada "psicología comprensiva". Entre los positivistas, Comte efectuó su conocida serie evolutiva de las ciencias: matemática, astronomía, física, química, fisiología y física social (sociología).  Por su parte, Spencer distinguió tres grupos: las ciencias abstractas (lógica y matemática), abstractas-concretas, que se ocupan de los elementos de los fenómenos (mecánica, física y química) y las ciencias concretas, que se ocupan de los fenómenos como un todo (astronomía, geología, psicología, sociología).

[39] El estadio positivo era el caracterizado por el predominio de la razón científica, entendida la ciencia en un sentido empirista e inductivista que recuerda el ideal baconiano.  Comte estableció una jerarquía de las ciencias ordenadas según el momento en que ellas habrían alcanzado el estadio "positivo":  matemáticas, astronomía, física, química, biología y sociología (esta última era la culminación del proceso).

[40] Su sociología se caracterizó por la negación de la historia, la separación del hecho social de las explicaciones biológicas y psicológicas, la utilización de nuevos métodos (como la estadística) y el desarrollo de conceptos como el de anomia y conciencia colectiva. Su influencia fue muy grande en la antropología que surgiría a partir de 1920 con Marcel Mauss, Alfred Radcliffe-Brown (1881-1955) y Bronislaw Malinowski.

[41] Cuyos más conspicuos representantes fueron Saint Simon, Charles Fournier (1772-1837), Robert Owen (1771-1858) y, más tarde, Pierre Proudhom (1806-1865).

[42] Weber defendería la idea de que el acontecimiento primordial de la historia social es el desarrollo del racionalismo, que se manifiesta en el despliegue de la ciencia y la organización burocrática.

[43]La que se puede sintetizar en la siguiente afirmación: una descripción máximamente especificada de un sistema atómico impide la predicción exacta del resultado de subsecuentes medidas del sistema y permite conocer sólo la probabilidad de que un resultado predicho ocurrirá.

[44] La biología celular también se desarrolló de modo notable hasta los años sesenta con el progresivo conocimiento de las estructuras celulares -transformándose luego paulatinamente en biología molecular- como asimismo la embriología, en el sentido de la clarificación de los mecanismos celulares del desarrollo, investigaciones que han quedado asociadas al nombre de Hans Spemann.

[45] Por otro lado, se llegaron a conocer los pasos del metabolismo intermedio e innumerables aspectos del funcionamientos del organismo. A una fisiología reduccionista de principios de siglo, como la de Jacques Loeb, siguió un enfoque de tipo integrador, con las investigaciones de J. S. Haldane, L. J. Henderson (medio interno y equilibrio ácido-base) y Walter B. Cannon (concepto de homeostasis).

[46] Por otro lado, se completó el conocimiento de la acción de los mediadores químicos u hormonas y la acción de los modos de acción de las sustancias químicas a nivel de la membrana celular, lo cual tuvo vastas consecuencias en el conocimiento de la acción de los agentes farmacológicos.

[47] En El mito de la máquina, (Emecé. Buenos Aires. 1974) Mumford juzgaba la promesa de los métodos técnicos modernos traicionados por la destructividad de los métodos megatécnicos autoritarios y por el vacío espiritual de la experiencia. Ellul (The technological society, A Knopf. New York, 1964) sostenía que que cada aspecto de la vida del siglo XX: la economía, la política, la cultura simbólica, la psicología individual, había caído bajo el dominio de la technique y que las fomas ortodoxas de análisis social eran inadecuadas para expresar los roblemas del mundo moderno. En ese tono: Goolman, P. La nueva reforma. Kairós. Barcelona.1972. Roszak, Th. El nacimiento de una contracultura. Kairós. Barcelona, 1972. Marcuse, H. El hombre unidimensional. Ariel. Barcelona, 1968.

[48] En los EE UU se crearon -en los años setenta- organismos como el Volunteers in Technical Assistance que operó bajo el concepto de “tecnologías para el desarrollo”; la Appropiate Technology International, que según el mandato constitutivo del Congreso debía “promover el desarrollo y la difusión de tecnologías adecuadas”. En Alemania se constituyó el German Appropiate Technology Exchange y a fines de 1977, en la reunión de expertos que se celebró en Ginebra, convocada por el gobierno de Holanda y la OIT, se definió el concepto de tecnología apropiada como “aquella que promueve los nuevos objetivos del desarrollo”. La tendencia se mantuvo a pesar de la transferencia de la investigación y desarrollo científico -en los años ochenta- al sector privado por influencia de los organismos internacionales de ciencias, tecnologías, financiación y políticas ambientales.

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Colección: Derecho, Economía y Sociedad

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Última modificación: 09 de Marzo de 2007

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