Por
Elizabeth Bravo (Recopiladora)
Los pueblos indígenas de la Cuenca Amazónica, al igual aquellos
que habitan en otras zonas tropicales del mundo, han utilizado, conocido,
domesticado, cultivado, mejorado, seleccionado especies de plantas, animales y
micro-organismos, convirtiéndolos en creadores de una sabiduría, ciencia y
tecnología fuertemente ligada a la biodiversidad.
A continuación se presenta una recopilación parcial del sistema
de conocimientos y tecnologías que han sido desarrollados por algunos pueblos
amazónicos.
Los asentamientos humanos en la Cuenca Amazónica siempre se han
realizado en áreas dotadas de la mayor diversificación de especies ya que así se
garantiza la provisión de recursos diversificados a lo largo de todo el año.
Dichos espacios han sido creados a partir cultivos temporales y
rozas con especies importante. De esta manera se consolidan unidades de
concentración de especies que a largo plazo se convierten en reservas forestales
creadas.
Una selva secundaria bien mantenida favorece al incremento de
los animales de caza y a la concentración de ciertas plantas medicinales.
Algunas características comunes de los habitantes indígenas de
los bosques húmedos tropicales en América Latina es la roza que consiste en un
sistema sucesivo de tala y quema.
La tala es pensada en cómo dotar al suelo de la mayor cantidad
de nutrientes. Es sabido que el ciclo de nutrientes en los bosques húmedos
tropicales es muy rápida por la actividad de los microorganismos del suelo, y
por lo tanto en poco tiempo de iniciado un cultivo comienzan a escacear.
Por ello, se tala primero plantas pequeñas y el sotobosque, que
facilitan una rápida reincorporación de nutrientes al suelo. Luego se bota los
árboles grandes, cuyos troncos fertilizan el suelo a largo plazo. Se trata de
minimizar el tiempo que el suelo está expuesto directamente a los rayos solares,
porque esto afectará a la flora microbiana.
El área de talada es siempre reducida. Para ampliar la zona
productiva la tala se hace en otro lugar, dejando porciones de selva entre
cultivos para asegurar la permanencia de animales silvestres y estimular la
regeneración natural del bosque.
Una vez que el suelo ha perdido sus nutrientes, se quema la zona
cultivada y se la deja descanzar por un número variable de años, hasta que el
suelo recupere su fertilidad y el bosque se regenere (barbecho). Los cultivos
son movidos entonces a otra porción del bosque (Cerón, 1991).
Entre algunas comunidades amazónicas de Perú, Ecuador y
Colombia, han desarrollado el sistema de chacras. En la chacra se practica
también la tala y quema del bosque. A diferencia de otros grupos amazónicos, en
las chacras se talan todos los árboles del área desmontada.
El campo está rodeado por bosque no perturbado. Luego hay un
área que no fue quemada o rozada pero que fue perturbada por la caída de los
árboles. Al interior hay un área en barbecho sin quemar y finalmente otra con
ramas de árboles y troncos medio carbonizados.
Luego de la quema se siembra los propágulos en la capa de raíces
que sostienen el suelo desnudo. El cultivo principal es la yuca. Para la
cosecha las plantas de yuca son desplantadas para obtener los tubérculos. Los
residuos de yuca y otros brotes son quemados durante la cosecha, lo que
enriquece el suelo, pero elimina las plántulas de los árboles.
La regeneración del bosque empieza desde la orilla hacia el
interior, a través de la chacra. El cultivo de yuca y otros productos de menor
importancia, es reemplazado por vegetación leñosa y árboles frutales. Después
de 8-10 años el campo entero cuando se completa la regeneración natural del
bosque. Luego de 15-20 años se reinicia el ciclo. (Alcom, 1990).
A más de la chacra poseen un huerto frutal que generalmente está
ubicado cerca de su casa y cuyo excedente puede ser comercializado. Este huerto
también se quema luego de cierto tiempo. Tanto la chacra como el huerto están
al cuidado de las mujeres.
En las comunidades quichuas del río Napo las chacras empiezan a
partir del primer rastrojo que deja la quema y continuan talando y sembrando en
dirección a la selva, pero siempre cerca a los antiguos cultivos de yuca.
Trabajan luego en la regeneración de las áreas cercanas a su vivienda. A veces
transportan plantas de un lugar a otro, y al cabo de 4 a 6 años tienen su
huerto con predominio de chontaduro, guaba, plátano y yuca (Cerón, 1991). El
chontaduro y la guabas les sirve como cercos y sombra y la guaba para mejorar la
calidad del suelo.
Abandonan los cultivos paulativamente. Por 2-3 años continúan
cosechando yuca y plátanos y algunos árboles frutales hasta por 20 años.
consiguiente, El abandono de los campos aumenta a medida que decrece la
productividad. Posteriormente estos espacios se presentan con la misma
estructura que la selva madura (Irvine, 1989).
Los indígenas Ka'apor distinguen 6 zonas:
-
huerta o jardín casero
-
campos jóvenes de uso después de la quema inicial
-
campos viejos de 2-40 años después de la 1ra. quema
-
campos abandonados entre 40-100 años de antigüedad
-
selva madura
-
selva de pantanos
El jardín casero tiene un uso muy intensivo que decrece en
dirección a la selva. El campo joven tiene especies que no son cultivadas sino
espontáneas, pero que no son malezas. El área clareada por los Ka'apor se
considera comunal y después de la quema se siembra yuca, plátano y camote.
Nuevos asentamientos son paulatinos, con un uso intenso luego de 3 años. A los
5 años en un radio de 5 Km hay distintas zonas de vegetación que difiere por su
composición florística y utilidad de manejo (Baleé y Gely, 1989)
Los indígenas Yurimahua en Perú, practican la tala y quema de
los cultivos luego de pocos años de iniciado. La ceniza de la quema aumenta el
suministro de nutrientes, disminuye la saturación de algunos elementos como el
aluminio y retarda el decrecimiento de materia orgánica por unos 6 meses, la
alta temperatura aumenta la disponibilidad de nutrientes asimilables. Los
microorganismos descomponen el 50% de la materia orgánica remanente en el suelo
en el primer año después de la quema y un 30% adicionales en el segundo año.
(Mejía, 1987).
Los indígenas Kayapó conocen 58 tipos de roza. Cada tipo de
roza está adaptado a diferentes tipos de microclimas y a distintos propósitos de
cultivo.
Los Kayapó conocen el suelo a partir de su morfología del
terreno y las características de la vegetación. Luego diferencian 8 categorías
según los agroecosistemas que pretenden trabajar. Luego se quema; los
nutrientes requeridos para un determinado cultivo proceden de la ceniza y ésta
depende del tipo de vegetación selecionada.
Los campos con pocos años de haberse abandonado todavía ofrecen
recursos porque conservan plantas de yuca, batata dulce, ñame, papaya, "cashew",
banana, algodón y Cecropia; incluso los troncos viejos semi-quemados son
utilizados como leña de estas el 24% habían sido plantadas. Luego están los
campos más antiguos abandonados hace 40 años o incluso hace 400 años, aquí el
avance de la sucesión natural es tal, que de las 23 especies ninguna había sido
plantada (Anderson y Posey, 1985)
Los jardines selváticos constituyen una práctica común en la
amazonía y en otros bosques tropicales. Su finalidad es optimizar el uso del
suelo a fin de disponer con mayor facilidad de alimentos y disminuir la
movilidad.
Entre algunos grupos se puede tener en una sóla hectárea 75
tipos de especies perfectamente organizadas en estratos arbóreos, de este modo
se elimina la degradación del suelo al punto que talan algo menos de 10 ha en
toda su vida.
Los indígenas Chácobo muestran una alta manipulación de las
áreas de cultivo. En una hectárea, el 82% de las especies y el 90% de árboles
individuales son útiles, para comercio, combustible, medicina, construcción,
artesanías y alimentación. Las especies asociadas a los jardines o huertos
caseros son: mango, papaya, aguacate, limón, uvas. Algunos árboles menos
comunes son la chirimoya, guaba, sapote, cacao de monte. Algunos arbustos
incluyen guayaba, aciote, caña de azúcar. Los cultivos incluyen la yuca, el
maíz, el arroz, bananas. Otros menos importantes son la piña, algunas especies
de fréjol, tubérculos como el ñame, papa china y camote (Boom, 1989).
En ciertas zonas de la cuenca Amazonas, predominan bosques
inundados permanentemente o periodicamente inundados como son los bosques de
igapó y de varcea. Los indígenas de estos bosques han desarrollado un sistema
que favorecer directamente a las especies deseables, promoviendo su
mantenimiento y productividad.
Los residentes plantan o siembran semillas de especies deseables
y que puedan adaptarse a estas condiciones. Favorecen además a la dispersión
de propágulos de especies como mango, guaba y achiote. Introducen también
especies transplantando brizales y estacas de cacao, mango, plátano, cuyas
inflorescencia y hojarasca ayuda a la formación de materia orgánica.
Hay deshierbe intenso y se construyen cercas improvisadas con
hojas y tallos de palma. Los residentes podan con regularidad las palmas para
cosechar el palmito y del fruto (Anderson, 1990).
Varias especies de palmas juegan un papel importante en estos
bosques, pues están adaptadas a sobrevivir en zonas pantanosas y crecen en
lugares donde otros árboles no podrían. Las palmas en general tienen una gran
gama de usos por las comunidades indígenas.
Algunos grupos indígenas han logrado hacer una selección
genética de cultivos adaptados a suelos inundados o inundados periódicamente.
Selvas inundadas han sido manejadas por más de un siglo en una
isla próxima a Belem. Para ello se favorecer a las especies deseables
indirectamente mediante la siega o el raleo de los competidores menos deseables
tales como las lianas o las especies de árboles que se usan solo para madera o
combustible.
Los árboles grandes son frecuentemente anillados (la corteza es
cortada en forma de anillo, cerca del fuste) antes que derribados, para
minimizar los daños. La elimación de especies no deseables disminuye la
competencia de la deseadas y promueve la regeneración de tales especies al
preservar selectivamente sus plántulas.
Hay especies toleradas que no son eliminadas ni favorecidas de
las que se extraen ciertos productos, incluyen Spondias mombin (tapereba), Inga
(guaba), Mauritia flexuosa (miriti) y el caucho.
Hay tres unidades de tierra, fácilmente distinguible:
-
huerto -corral
-
bosque de varcea
-
chacras de cultivo migratorio.
El huerto-corral posee generalmente 1 ha, donde se construyen
plataformas para protegerlas de las inundaciones. Se cría animales domésticos y
se cultiva una variedad de plantas exóticas y nativas, hierbas y arbustos que se
usan para condimentos, medicina y ornamentales.
De los bosque de varcea, se extrae productos selváticos,
incluyendo palmito, caucho, madera, fertilizantes, ornamentales, fibras, miel,
granos, oleaginosas, medicinas, utensillos, animales de caza y pesca.
La chacra es de cultivo migratorio, donde se siembran especies
anuales de subsistencia como el arroz, maíz, fréjol y cultivos comerciales más
intensivos como la caña de azúcar y el arroz (Anderson, 1991)
Los indígenas Bora mantienen zonas de bosque permanente, dentro
de sus agroecosistemas. Las zonas con bosques cubren áreas que se inundan
estacionalmente y siguen los arroyos que comúnmente separan las chacras. Se
conservan debido a las especies útiles que se encuentran en estás zonas bajas, y
también porque estas áreas no se consideran buenas para el cultivo de yuca. Las
áreas con bosques se cosechan frutos, madera, animales de caza. Ponen mucha
atención en los lugares y en el crecimiento de algunos árboles en particular,
dentro del bosque (Cerón, 1991).
Muchos de los pueblos indígenas que viven en los flancos
orientales de la cordillera de los Andes o en otras zonas montañosas o colinadas,
han logrado aprovechar estas circunstancias para crear un sistema de
diversificación de cultivos, y a la vez de evitar la erosión.
Debido al gran territorio que manejan, los Machiguenga tienen
más de un cultivo a la vez. Tienen una producción de calorías muy alta, pero el
consumo es mucho más bajo lo que les permite una autonomía familar. El maíz es
una prioridad. Se cultiva en campos recién abiertos. Para sembrar hacen huecos
con estacas de palma, después del maíz siembran yuca, los que representan el 85%
de lo que cultivan. El resto son 18 productos de menor importancia. Por vivir
en un ecosistema montañoso, manejan altitudinalmente el terreno. El maíz es
más propicio en este tipo de suelos (Johnson, 1989).
Cuentan con una gran diversidad de microambientes que genera la
altitud de las montañas en territorios Yanomami. Sin embargo en cada uno crean
hábitats apropiados para la caza, al tiempo que evaden las áreas improductivas.
Unas áreas son propicias para la recolección de hormigas, termitas, abejas,
avispas, huevos, cangrejos, crustaceos; otras, como las huertas abandonadas, son
utilizadadas para cazar tapires, pecaríes , agoutis, pacas, monos y roedores; en
estos casos la mayor parte de los animales cazados son atraídos por cultivos
especialmente plantados con ese propósito.
Con el fin de mantener una oferta sostenida de caceria, cada
área en explotación es paulativamente abandonada y no se crea un impacto
irreversible en los niveles de densidad, es decir, no hay tiempo para que exista
peligro de extinción, únicamente se afecta en forma temporal la distribución de
plantas y animales (Smole, 1989).
Las diferencias altitudinales en las que habitan los Amuesha del
Perú, no permiten el manejo del suelo y espacio mediante jardines o parcelas
policultivadas porque la heterogeniedad climática, topográfica y de suelos
dificulta establecer asociaciones.
Los Amuesha localizados entre 200 y 1700 m, dividen el
territorio según su morfología de donde se desprende la vocacion de sus suelos.
Cada area tiene una vocación de cultivo y cada familia debe combinar el espacio
disponible a lo largo de todo el año par asegurar el suministro de alimentos.
En las tierras bajas tienen árboles maderables. En las tierras
altas -bajas cultivan maíz y palmas. En las playas de los ríos cultivan fréjol.
En las islas, maíz y Erythrina. En los pantanos las palmas aguaje y Mauritia.
En las tierras de altura con suelos rojos cultivan arroz, yuca y
árboles frutales. En áreas con arenas blancas el caucho y de arenas amarilla, el
barbasco y balsa. En zonas de suelos negros cultivan maíz y árboles maderables
(Cerón, 1991).
El maíz es el cutivo principal para los Amahuaca y se lo planta
en los campos nuevos, posteriormente no recibe atención especial porque el ciclo
es sólo de dos meses, por lo tanto, se cosecha antes que la maleza invada el
cultivo y en consecuencia las parcelas se abandonan después de un año.
Los tukano son grandes cultivadores de yuca. Cultivan 137
variedades de yuca amarga o venenosa, lo que significa un gran conocimiento para
mantener tal diversificación. Tienen cultivos itinerantes de yuca con maíz,
plátano, ñame, pimienta, coca, plantas medicinales y frutales. La yuca
constituye el 90% del área cultivada y constituye el 85% del consumo diario de
calorías.
A pesar de la gran variedad de yuca, hacen un proceso extricto
de selección y realizan viajes largos en busca de nuevas variedades. Reservan
las buenas tierras para el maíz, que son los suelos inundados. Los rendimientos
de maíz de zonas de depósito son mayores que en suelos no aluviales. Después de
talar, mantienen tres rozas simultáneas: una recién talada, otra con un año,
otra con dos años y otra con tres años de cultivo (Chernela, 1989).
Los Kuikurú son los mayores cultivadores de yuca de la amazonía
central-Brasil. Conocen todos los tipos de sucesión de la selva y saben que
tipo de cultivo debe usarse para cada uno. Aunque conocen 50 variedades de
yuca, 4 o 5 son las más importantes, cada una se siembra en lugares distintos, y
en los linderos siembran camote. El maíz es muy importante para este grupo, ya
que los granos nunca se palntan con yuca sino en suelos fértiles, sin embargo
realizan sólo 4 o 5 cultivos para uso comunal. Es común que una persona maneje
más de una parcela con cultivos
Los indígenas Kayapó manejan 17 variedades de yuca, 21
variedades de ñame (Dioscorea) y 33 de camote. El maíz es muy importante.
Conocen 11 variedades y sólo una no es harinosa. Para seleccionar la semilla
escogen las 20 mejores mazorcas, parte de ellas se secan al sol y se guardan en
calabazo tapado con cera para evitar que sean atacados por plagas.
En la amazonía colombiana hay 7 especies vegetales dominantes:
coca, convertida en un suministro indispensable durante el trabajo, yuca que es
la fuente calórica principal, el chontaduro, alimento mejor balanceado en los
trópicos, piña que se consume como fruta y bebida, barbasco para la pesca,
tabaco que es un elemento ritual importante. Se han identificado además 470
especies de alimentos de origen selvático y en los huertos caseros hay unas 40
variedades de frutas con predominio del chontaduro (Mejía, 1987).
El control de plagas está muy ligado al manejo del cultivo. Por
ejemplo, los indígenas Kayapó de la Amazonía Brasileña, forman anillos o franjas
circulares de cultivos especializados. En el anillo central, fertilizado con
ceniza y residuos orgánicos, se siembra camote. Con la deposición de materia
orgánica se forman montículos a la que se añade la hormiga Matutermes,
termiteros y hormigueros, para facilitar el control biológico a la hormiga Atta,
que ataca las hojas tiernas del cultivo.
En el segundo anillo se siembra maíz o tubérculos, que consume
desde la quema mayor cantidad de biomasa. En el tercer anillo se siembra yuca,
ñame y otros tubérculos sombreados por plátano. En la franja exterior se
plantan frutales (banano, piña, papaya, melones), algodón, tabaco, 4 variedades
de nueces y algunas palmas (Cerón, 1991).
La mayoría de plantas que producen látex son usadas
eficientemente para controlar de nemátodos. El látex inhibe sus huevos si se
lo introducen en el suelo. Algunas especies probadas es el caucho ornamental,
algunos cactus, el higo, el matapalo y la papaya.
Para los grupos indígenas, la conservación de la biodiversidad
es asegurar su propia sobrevivencia. Todas las enfermedades propias de la selva
son curadas mediante el uso de tratamientos hechos a partir de elementos de la
naturaleza, en su mayoría plantas.
En diversos estudios etnobotánicos se ha encontrado que:
- las comunidades quichuas ubicados en la vía Hollín-Loreto
utilizan 61 especies de plantas con fines medicinales (Cerón, 1993)
- los cofanes de Dureno conocen 292 plantas útiles (1989)
- los quichuas en las faldas del volcán Sumaco utilizan 173
plantas (Cerón 1990)
- los huaorani utilizan120 plantas (Baker, 1988)
- los achuar 130 (Descola, 1988)
- los siona y secoya 224 (Vickers y Plowman, 1984)
- los quichuas de la cuenca del Río Napo 212 (Alarcón, 1988).
En su estudio en las comunidades quichuas del Napo, Alarcón
(1988) encontró que la malaria puede ser tratada con hojas de Verbena littoralis
(verbena); el reumatismo y dolores musculares se usan las hojas de hortiga así
como de chini-panga (Urera), para problemas de la piel hay una larga lista de
plantas que pueden ser utilizadas, incluyendo la hagapania (Ossaea), el tabaco,
chiquita payanzo (Miconia), por mencionar unas pocas.
Para la cistitis usan la escobilla (Sida scandis), para las
caries dentales se lava los dientes con quihui (Spilanthes paniculata), para las
diarreas el palo de sangre o Warscewiczia coccinea, para la holanda huapa o
Virola,
La forma como conviven con los distintos elementos de la
naturaleza también se basa en el conocimiento que tienen las distintas formas de
vida del bosque. Por ejemplo, para las picaduras de hormiga se aplican el látex
de Cyclanthus bipartitus (papango). En caso de mordedura de culebra se toma el
tubérculo hervido y molido de Xanthosoma helleborifolium (Machacui-yuyo). La
planta llamada Chucchu huatana del género Drymonia, es usado por las mujeres
que están dando de lactar para que les aumente la cantidad de leche (Alarcón,
1988).
Un inventario demostró que de 120 especies, el 98% eran útiles y
se distribuían de la siguiente manera: plantas medicinales 72%; atractivo de
caza 40%; alimentos 25%; leña 12% condimentos 8%; árboles para producir sombra
3% y con usos diversos 30%. Además practican la domesticación de plantas
asociadas con la atracción de animales de caza y trabajan simultáneamente en
varias zonas forestales con diferente grado de desarrollo.
Los Chacobo utilizan el 82% de las especies de árboles en una
hectárea; explotan especies comerciales como Hevea brasilensis y nueces de
castaña Bertholletia. De una muestra forestal de 360 especies de plantas
recolectadas, 305 tienen alguna utilidad entre los índigenas y por lo menos
había 197 géneros y 75 familias. Estas especies se distribuyen en las siguientes
categorias de uso: alimento, combustible, construcción y artesanías,
medicinales, venenos, comerciales y misceláneos. Las plantas con nueces
infaltables en las áreas de manejo, incluso siempre estan juntos a los
asentamientos puesto que también derivan aceite de las las castañas (Boom,
1989).
Otra posibilidad es la explotación de productos no maderables
del bosque. Estos son aquellos productos forestales, incluyendo subproductos
como los hongos y la carne de animales de monte, que no son procesados por
grandes industrias forestales.
El bosque suministra la fuente más importante de proteína en
forma de carne de monte, mientras que los ríos proveen de pescado. Los
materiales de construcción tales como las palmas se usan en la construcción de
casas tradicionales, utensilios de cocina, artesanías, incluyendo shigras,
canastas que se tiñen con una gran variedad de hojas de bosque. Los productos
del bosque tiene además importancia cultural, pues están relacionados con
determinados ritos.
De los distintos productos no maderable del bosque, los insectos
son los más recolectados entre los pueblos indígenas de la cuenca amazónica. La
recolección de insectos es posible gracias al conocimiento que estos pueblos han
desarollado sobre sus ciclos de vida, ecología, su valor nutritivo y sabor.
En la Amazonía, los insectos juegan un papel muy importante en
el proceso de extractivismo de autoconsumo. Los grupos indígenas de la Amazonía
colombiana consumen 25 diferentes especies de grillos y langostas adultas en
grandes cantidades. Se han registrado 22 géneros de insectos que son comunes en
la dieta de los Yukpa. En la zona en los afluentes del río Putumayo se
recolectó 29 especies de grillos de los cuales 5 eran del suelo, 20 del
sotobosque y 52 arbícolas. El consumo de grillos y la ingestión de ortópteros
(pulgones, cigarras, etc.) es una práctica común entre estos indígenas (Mejía,
1987).
La recolección de hormigas constituye una actividad importante
entre los indígenas Asháninka del Perú. Ellos encuentran en estos insectos una
importante fuente de proteína y grasas.
Los Tukuma aprecian las hormigas rojas probablemente de la
especie Atta sexdens, las cuales se consumen asadas o mezcladas con harina de
yuca. Igualmente los huevos de las espécies Atta cephalotes son recolectadas
para alimento. Los Awa-Cuaiquer consumen una hormiga llamada "cupín" de las que
se comen el abdomen y la cabeza. Los indígenas del Vaupés y Caquetá consumen
una hormiga llamada "cuqui"
Los Aguaruna consumen varias especies de insectos, pero
prefieren las larvas de coleóptero de palma, larvas de coleóptero de suelo
(escarabajos), larvas de mariposas y avispas. Posiblemente las larvas de
escarabajos son la fuente más importante de alimentos en materia de insectos. (Cerón,1991).
Los productos no maderables del bosque han cobrado mucha
importancia en el área de Iquitos. Muchos han llamado al mercado de Iquitos
como el pariso de estos productos. Esto se debe al conocimiento que tienen sobre
su uso las comunidades cercanas. Por ejemplo, en Mishana, cerca de Iquitos, 50
familias rivereñas usan una variedad de productos que comercializan en Iquitos.
Una hectárea de bosque contiene 275 especies de árboles y 842 árboles
individuales. De estas, 72 especies y 350 individuos son fuente de
comercialización: 11 son frutos comestibles, 60 son productos forestales y una
especie, la shiringa produce caucho.
A más de los productos del bosque, ellos pescan cazan y
practican la rotación de cultivos en pequeñas parcelas. El valor que reciben
por la producción total por hectárea es de cerca de US$ 1700 por producto, lo
que es considerable si se compara con lo que ganarían con ganadería o
agricultura intensiva (Brack, 1992).
En otra comunidad cercana a Iquitos, Tamshiyacu, alrededor de
2000 personas trabajan colectando productos y haciendo rotación de cultivos para
autosubsistencia y para el mercado de Iquitos. Ellos se dedican a las
siguientes actividades, en orden descendente de importancia:
- fructicultura (63%)
- agricultura intensiva (21%)
- productos de la fauna (9%)
- carbón (3%)
- extracción de fibras y
artesanías (2%)
- recolección de frutos
silvestres (1%)
- plantas medicinales (0.5%)
El sistema que usan es sustentable debido a que el período de
rotación es largo, puede llegar a los 30 años entre agricultura y bosque (Brack,
1992).
El consumo de hongos no es generalizado entre todos los grupos
indígenas de los bosques tropicales. Por ejemplo, los huaorani no consumen
ningún tipo de hongos, los quichuas del Pastaza reconocen como comestibles hasta
7 especies diferentes. Los indígenas siona y chachis consumen sólo los hongos
que son de color blanco.
Entre los yanomami el consumo de hongos es muy importante.
Ellos van recogiéndolos mientras llevan a cabo sus faenas de roza (Cerón, 1991).
En el Ecuador las palmas constituyen un elemento importantísimo
en el extractivismo practicado por los pueblos indígenas, práctica que es
llevada a cabo también por otros campesinos (Pederson y Balslev, 1993).
Por ejemplo el palmiche o Euterpe chaunostachys es una de las
fuentes más importantes para la extracción de palmito. Hay dos formas de manejo
del palmito:
1. Corte total de todos los troncos. Este método es
sustentable si se deja tiempo para la regeneración, de otro modo, impactará la
pesca, la producción de fruto para consumo humano y las poblaciones naturales
2. Corte selectivo de algunos troncos, dejando otros para la
producción de frutos. Se prefiere cortar jóvenes-juveniles y adultos-viejos,
dejando para la producción de frutos los viejos-juveniles y jóvenes-adultos (Pederson
y Balsev, 1993).
Otra especie de palma importante es la ungurahua Jessenia bataua.
Para su manejo se debe enriquecer bosques secundarios con plantas jóvenes donde
crece mucho mejor que en zonas completamente despejadas. Un manejo integral
podría incluir una tala selectiva de partes de la vegetación, porque una mayor
iluminación favorece a su creci miento y floración temprana, pero antes debe
plantarse retoños hasta que estén bien establecidos porque la sombra es
escencial en esta fase (Pederson y Balslev, 1993).
El manejo sostenido de la palma Mauritia flexuosa , incluye
métodos no destructivos de cosecha y raleo de otra vegetación. Esta palma puede
ser cultivada en suelos permanentemente pantanosos, así como en tierra firme y
pueden tolerar suelos muy ácidos. Por ser una planta dioica hay que sembrar
poblaciones muy densas para asegurar plantas macho y hembra y luego
ralearlas. Con una población de 200 palmas por hectárea, se obtiene igual
producción de aceite que con la palma africana. Las semillas pueden ser
comercializadas para forraje, producción de alcohol o tagua. El mesocarpo seco
puede servir para producción de harina. M. flexuosa puede ser introducida en un
sistema agroforestal. Se siembra la palma en chacras y se cosecha durante el
barbecho. Es cultivada pero sólo en forma limitada. Los frutos son obtenidos
de poblaciones silvestres (Pederson y Balslev, 1993).
Aphandra natalia suministra fibras para la mayoría de escobas
del Ecuador. Se cosechan de palmas silvestres, pero en Morona Santiago se
encuentra en sistemas agroforestales asociada con chontaduro, yuca, café,
papaya, taya, cacao, papaya, caña de azúcar, cítricos, maíz, zapote, achiote.
Crece bien tanto en la sombra como en luz directa y puede ocupar cualquier nicho
en su sistema agroforestal. A menudo es el único componente arbóreo en los
pastizales, donde ocupan la misma tierra sin mayor competencia. Se ha reportado
que se puede ganar más por la venta de fibra que por la ganadería (Pederson y
Balslev, 1993).
El chontaduro Bactris gasipaes, es domesticado en toda América
tropical. Se cultiva hasta los 1000 metros y más común en la Amazonía. Se la
cultiva por sus frutos y palmito. Crece en asociaciones, por ejemplo de sombra
con café, cacao, árbol de pan y cítricos. El sistema agroforestal de los
indígenas Siona-secoya es un jardín multraestratificado que se establece luego
del despeje y a veces de la quema. El primer estrato está formado por camote,
piña, taya (Xantosoma). El estrato medio por yica, caña de azúcar, maíz,
seguido por papaya. El estrato superior por chontaduro e Inga. En un jardín se
cultiva 54 especies y 112 variedades para obtener alimento (Pedersen y Balslev,
1993).
Las comunidades chiquitanas de Lomerio trabajan con la ONG APCOB
- Apoyo para el Campesino del Oriente Boliviano- en un programa de manejo
forestal de su territorio de 260.000 ha. 40.000 ha son bosques, zonas de pampas
o rocosas. Se desea desarrollar un modelo de manejo forestal. Manejan 1300 ha
de bosque primario, de un total de 266.000 ha. Período de corte de 20 años para
la regeneración natural. La capacidad diaria es de 2000 m3. No se ha enfocado
el uso múltiple del bosque.
Se hace repoblación con especies nativas con 11 especies, de las
132 presentes con valor. Se hacen cuarteles de 400 m2, se demarcan caminos
principales por los que se realiza la tala, procurando no dañar el bosque. El
trabajo se hace con 5 personas que han recibido capacitación. Tienen árboles
semilleros por cada cuartel. Se hace un tratamiento de iluminación para que las
semillas puedan germinar y se regenere natualmente el bosque. Tiene un
aserradero y un plan de comercialización de la madera.
El manejo del territorio incluye además un plan agrícola, de
recuperación de semillas tradicionales (sobre todo forestales), viveros,
ganadería, aserradero.
Han habido varios intentos de desarrollo forestal en territorios
indígenas en Sudamérica, pero han fracasado debido a su dependencia con
factores externos, incluyendo financiamiento y mercados.
De modo que mientras en algunas áreas se quema hasta dos veces
en otras es solamente parcial. Los kayapó tienen dos formas importantes de
manejo forestal: el primero se denomina "Apété", o sea una isla forestal de
origen antropogénico en la cual se puede encontrar alimentos, medicinas, materia
prima y otras plantas de interés especial, que atran abejas y animales de caza;
también plantas de usos muy específicos como abortivos, anticonceptivos etc.
Los pueblos amazónicos han comprendido que la única forma de
recuperar el bosque es la regeneración natural. Este aspecto de la sabiduría
indígena debería ser recogida por los planeadores que ven a la reforestación y
la creación de plantaciones como una alternativa a la deforestación. Los
pueblos indígenas han desarrollado técnicas para favorecer que el bosque se
regenere, por medio de cierto grado de manejo pero también por medio de impedir
que haya limitaciones para que el bosque se regenere naturalmente.
En la Amazonía central la regeneración natural del bosque es
incentivada a través de favorecer a especies tales como Vochysia maxima, que es
una especie oportunista de claros.
La disponibilidad de semillas en el suelo, se restringe a 7
semanas después de la diseminación de las semillas y la mayor parte de éstas
caen en las proximidades (menos de 60 m) de los árboles semilleros. Los
brizales persisiten bajo el techo del bosque por más de 1 año y su distribución
disminuye notablemente más allá de los 50 metros del árbol semillero. Los
árboles de V. maxima presentan alta densidad en este bosque secundario, por lo
que se sobreponen mutuamente. Debido a su disponibilidad prolongada, los
brizales y no las semillas deben ser la meta de manejo. Para obtener una
regeneración continua, la densidad de árboles semilleros debe ser mayor a 1 por
ha (Viana, 1990).
La sucesión ecológica es favorecida por las comunidades Quichua
a partir de los campos abandonados. Al clarear la selva en una misma dirección
forma un modelo lineal de campos forestales con diferente edad de crecimiento,
los cuales se reconocen por la fenología de cada planta, la estructura y la
composición de la vegetación.
La regeneración es favorecida a partir de la tala y las
actividades de horticultura, mediante métodos de protección, transplante,
siembra y eliminación de las especies no deseadas. La siembra de árboles
valiosos se realiza cuando todavía los campos están cultivados con yuca; por
tanto su crecimiento es estimulado por la penetración de luz.
Los índigenas Kikurú del alto Xingú, mantienen amplia diversidad
de bosques con diferentes edades, incluso algunos tienen más de 100 años y cada
uno atiende diferentes requerimientos. También estan familiarizados con las
características individuales de los árboles por separado y los identifican por
las hojas, las semillas o cualquier otra parte de la planta.
Esta recopilación es una pequeña muestra de la sabiduría de los
pueblos indígenas amazónicos. Un mejor entendimiento y el respeto de las
diversas formas en que los pueblos indígenas se interrelación con la selva,
podrán contribuir favorablemente a la sobrevivencia de los bosques tropicales
del continente americano.
Esta recopilación, hace referencia al sistema de conocimientos y
tecnologías desarrollado por los pueblos amazónicos, sistema que está en
constante evolución y que ha sido heredado de las generaciones pasadas. Nadie
es dueño de este conocimiento, por lo que no puede ser objeto de apropiación
individual.
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