Por Mario F. Valls .
[Original ElDial.com]
La Corte Suprema de Justicia de Canadá falló a favor de Monsanto, contra Percy
Schmeiser
La FAO publica nuevas directrices para determinar si un organismo vivo
modificado (OVM) es riesgoso para las plantas.
Organismos vivos modificados: nuevas directrices para la evaluación de riesgos
Cuando María O’Donnell,
corresponsal de La Nación en los EE .UU. informaba hace dos años sobre el lobby
de la Asociación Americana para que el Congreso norteaméricano ordenase
suspender el envío de la segunda generación de semillas genéticamente
modificadas, que tenía importantes mejoras, como represalia a los agricultores
argentinos que las usaban sin pagar, como ellos, las patentes a las empresas
"inventoras", informaba asimismo que el gran productor de semillas genéticamente
modificadas, Monsanto estaba en juicio contra unos 600 agricultores
norteamericanos y canadienses, a los que acusaba de haber violado el contrato
que les impide guardar semillas.
Citaba el caso de Percy
Schmeiser, un agricultor que se transformó, en Canadá, en un símbolo de la lucha
contra las multinacionales. Dijo Schmeiser a La Nación: "Yo usé toda mi vida mis
propias semillas de granola, pero ellos me reclaman 400 mil dólares canadienses
porque dicen que encontraron algunas de sus semillas en mi propiedad, me quieren
usar de ejemplo",.
Sostenía que las semillas
GM -que Monsanto obtuvo con una irrupción muy polémica en su propiedad- llegaron
por obra del viento.
"Lo que discutimos es hasta
dónde pueden llegar las multinacionales con sus patentes", dijo Schmeiser, que
entiende que el suyo es un caso que tendrá una repercusión mundial, y le parece
inaudito que Monsanto tuviese en Canadá una compañía de seguridad privada que
utiliza para evitar el uso pirata de sus semillas.
La corresponsal aseguraba
que, como Monsanto no tenía la patente en la Argentina, no podría iniciar
acciones como en Canadá.
La Corte Suprema de
Justicia de Canadá acaba de dictar su fallo contra Percy Schmeiser y Schmeiser
Enterprises Ltd. En la causa Percy Schmeiser and Schmeiser Enterprises Ltd.
Appellants v. Monsanto Canada Inc. and Monsanto Company Respondents and Attorney
General of Ontario, Canadian Canola Growers, Association (CCGA), Ag-West Biotech
Inc., BIOTECanada, Canadian Seed Trade Association, Council of Canadians, Action
Group on Erosion, Technology and Concentration, Sierra Club of Canada, National
Farmers Union, Research Foundation for Science, Technology and Ecology, and
International Centre for Technology Assessment Interveners .
La Corte aceptó la validez
de la patente. Acto seguido. Percy Schmeiser inició una campaña para modificar
la ley de patentes.
No se acreditó
enriquecimiento sin causa, por lo que no lo condenaron a pagar por ese concepto.
Todo lo contrario. Quedó acreditado que no tuvo mayores beneficios que en
cosechas anteriores. Percy Schmeiser advirtió que en lo sucesivo el declarado
propietario de la semilla deberá indemnizar a todo agricultor en cuyo campo la
semilla germinase contra su voluntad. Su portal:
www.percyschmeiser.com/decisioncomments.htm
.
En El estado mundial de la
agricultura y la alimentación 2004 la FAO indica algunas líneas de acción que
podrían emprender los países por su cuenta y la comunidad internacional, con la
finalidad de dar a la biotecnología mayor eficacia en la lucha contra en el
hambre.
La FAO difundió este
informe el 17 de mayo de 2004 en su portal:
http://www.fao.org/newsroom/es/focus/2004/41655/index.html en los siguientes
términos:
¿Se ocupa la biotecnología
de las necesidades de los pobres?
Los cultivos alimentarios
de bioingeniería entrañan un auténtico potencial para combatir el hambre - pero
sin aprovechar, hasta ahora.
La revolución verde de los
decenios de 1960 y 1970 disparó la productividad agrícola y contribuyó a sacar
del hambre y la pobreza a millones de personas, gracias a la introducción en
sistemas agrícolas de todo el mundo de variedades vegetales de alto rendimiento,
productos químicos para la agricultura y nuevas técnicas de riego.
Pero hoy, muchos pequeños
campesinos siguen atrapados en la agricultura de subsistencia, y 842 millones de
personas pasan hambre todos los días, según las estimaciones más recientes de la
FAO. Miles de millones de personas no consumen los micronutrientes necesarios,
lo que produce formas insidiosas de malnutrición debidas a una alimentación
inadecuada. Y en los próximos 30 años, habrá 2 000 millones de personas más que
necesitarán alimentos, pero los recursos naturales básicos de los que depende la
agricultura se vuelven cada día más precarios.
¿Puede contribuir la
"revolución genética" -la utilización de la biotecnología en la agricultura- a
resolver estos problemas?
Los detractores de la
revolución verde, por ejemplo, le reprochan por haber promovido un uso excesivo
del agua, plaguicidas y fertilizantes y de haber creado en los campesinos una
dependencia de estos insumos, que en algunos casos han producido graves daños al
medio ambiente.
Hoy la presencia cada vez
mayor de la biotecnología en la producción agropecuaria es motivo de un debate
parecido.
Desde hace milenios existen
algunas técnicas que hoy forman parte de la biotecnología, cuyos inicios tal vez
datan de cuando nuestros antepasados utilizaron microorganismos para elaborar
pan, vino y quesos.
La era actual de la moderna
biotecnología fue posible gracias a la utilización de técnicas moleculares para
"cortar y pegar" genes de una célula a otra.
Es precisamente esta nueva
ciencia de la ingeniería genética lo que está en el centro de la polémica actual
en torno a la biotecnología.
Los partidarios de la
ingeniería genética consideran esta tecnología esencial en la lucha contra la
inseguridad alimentaria y la malnutrición en los países en desarrollo. Los
opositores alegan que devastará el medio ambiente, incrementará la pobreza y el
hambre, y conducirá a la apropiación empresarial de la agricultura tradicional y
el suministro mundial de alimentos.
Un informe de la FAO de
reciente publicación, El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2004
(SOFA 2004), analiza estos puntos de vista contrastantes sobre la biotecnología.
Por una parte, existen
argumentos convincentes para modificar la constitución genética de los cultivos
alimentarios, señala el estudio. Esta técnica permite aumentar la disponibilidad
y la variedad de alimentos, al incrementar la productividad agrícola y reducir
las variaciones estacionales del suministro de alimentos. Se pueden crear
cultivos resistentes a las plagas y a las presiones ambientales para reducir los
riesgos de que haya malas cosechas a causa de la sequía y de las enfermedades.
Se pueden introducir más nutrientes y vitaminas en las plantas, para combatir
las deficiencias de nutrientes que sufren tantas personas pobres del mundo.
Podría lograrse producir cultivos en los suelos de poca calidad en tierras
marginales, e incrementar la producción general de alimentos.
La biotecnología también
brinda la posibilidad de reducir la utilización de plaguicidas tóxicos y podría
asimismo imprimir mayor eficacia a los fertilizantes y a otros insumos para
mejorar los suelos. Por otra parte -advierte la FAO- todavía está en sus inicios
la evaluación científica de las repercusiones ambientales y en la salud debidas
a la aplicación agrícola de la ingeniería genética, y habrá de analizarse caso
por caso.
Además, la Organización
hace énfasis en la necesidad de garantizar la distribución general de los
beneficios de la biotecnología en la agricultura y no exclusiva entre pocos. En
efecto, en SOFA 2004 se señala que aunque la biotecnología pueda beneficiar
mucho a los campesinos y consumidores pobres de los países en desarrollo, hasta
la fecha ellos han recibido pocos beneficios al respecto, y que en el desarrollo
del sector biotécnico "es evidente que se están dejando de lado los problemas de
las personas pobres."
A diferencia de la
revolución verde -producida a través de un programa internacional de
investigación agrícola del sector público específicamente destinado a crear y
transferir tecnología libremente al mundo en desarrollo en calidad de bienes
públicos- la "revolución genética" está impulsada sobre todo por el sector
privado, con la mira de crear productos comerciales para el mercado.
"Este hecho suscita graves
dudas en cuanto al tipo de investigaciones que se están llevando a cabo y a la
probabilidad de que las personas pobres se beneficien de ellas," señala la FAO
en SOFA 2004.
El informe indica que si
bien tanto el sector público como el privado están haciendo investigación y
aplicación en biotecnología con más de 40 cultivos en todo el mundo, existen
pocos programas del sector público o del privado dedicados a la atención de los
problemas de los pequeños campesinos de los países en desarrollo.
El Director General de la
FAO, Dr. Jacques Diouf, explica en el preámbulo del estudio que "Ni el sector
público ni el privado han invertido sumas importantes en nuevas tecnologias
genéticas aplicables a productos como el caupí, el mijo, el sorgo y el tef, que
carecen de interés comercial pero son fundamentales para suministrar alimentos y
medios de subsistencia a la población más pobres del mundo".
Tampoco se está prestando
atención a los principales cultivos alimentarios de los pobres: trigo, arroz,
maíz blanco, patata y yuca, informa SOFA 2004. Ni hay gran actividad
biotecnológica con los productos agrícolas cuyas características interesan más a
los pobres, por ejemplo: la tolerancia a la sequía y a la salinidad, la
resistencia a las enfermedades o un mayor contenido nutritivo.
Es evidente que la
biotecnología agrícola tiene un verdadero potencial como nuevo instrumento en la
lucha contra el hambre. Empero, en el estado mundial de la agricultura y la
alimentación 2004 se señalan, con todo, diversas preguntas apremiantes que
exigen respuesta. ¿Cómo poner la tecnología que está produciendo la revolución
genética al alcance de más agricultores de más países? ¿Cuáles son las
prioridades de la investigación biotecnológica que podrían beneficiar más
directamente a los pobres y quién producirá innovaciones para las mayorías de
los países en desarrollo?, dado que este sector tiene un potencial de mercado
demasiado pequeño para atraer inversiones cuantiosas del sector privado, y
carece de la capacidad científica necesaria para producir sus propios adelantos.
¿Cómo se puede facilitar la creación y el desplazamiento internacional de
organismos transgénicos inocuos y promover la distribución de la propiedad
intelectual como bien público?
Otro tema importante: ¿cómo
lograr que los países -sobre todo los del mundo en desarrollo, inmovilizados por
sus limitaciones económicas- tengan sistemas adecuados para evaluar los riesgos
ambientales y para la salud humana de la biotecnología, antes de introducir sus
técnicas y una vez que se ha iniciado su aplicación en el campo.
http://www.fao.org/newsroom/es/focus/2004/41655/index.html
El 1 de junio de 2004, la
FAO publicó nuevas directrices para determinar si un organismo vivo modificado (OVM)
es riesgoso para las plantas en
http://www.fao.org/newsroom/es/news/2004/43684/index.html .
Alrededor de 130 países
aprobaron esta norma internacional pionera para evaluar los riesgos de los OVM
para las plantas. Con la creación de nuevas plantas genéticamente modificadas
existe el riesgo potencial de introducir genes capaces de transformar una planta
normal en una maleza, explicó la FAO.
La FAO publica estas nuevas
directrices dos semanas después del lanzamiento de su informe anual "El estado
de la agricultura y la alimentación 2003-2004" en el que se hace un llamamiento
para que se pongan en marcha regulaciones adecuadas de bioseguridad.
"Las directrices aprobadas
internacionalmente ayudarán a los países a reducir los riesgos de liberar OVM
que potencialmente puedan originar nuevas plantas con características de maleza,
capaces de dañar seriamente nuestros cultivos y los ecosistemas vegetales",
señala Niek van der Graaff, Jefe del Servicio de Protección Vegetal y Secretario
del Convenio Internacional de Protección Fitogenética (CIPF).
Las directrices también
abarcan otros OVM como insectos, hongos y bacterias que también pueden ser
nocivos para las plantas.
Un "organismo vivo
modificado" es cualquier organismo que tenga una nueva combinación de material
genético, producida a traves de métodos biotecnológicos modernos, y forma parte
del subconjunto de organismos genéticamente modificados (OGM). Las semillas, las
estacas y los tejidos vegetales de cultivos genéticamente modificados son partes
vivas de las plantas y, por lo tanto, son OVM.
La Comisión Interina de Medidas Fitosanitarias, que aprobó en abril las
directrices, es el órgano rector del Convenio Internacional de Protección
Fitosanitaria (CIPF), tratado internacional que contribuye a controlar la
propagación de plagas y enfermedades de las plantas.
Las nuevas directrices
ayudarán a los países a evaluar los riesgos de los OVM y a determinar si algunos
deberían considerarse malezas potenciales u otro tipo de organismo nocivo para
las plantas. Por lo tanto, su introducción podría regularse para proteger los
cultivos y los ecosistemas. Las directrices contribuyen a la armonización de los
métodos utilizados por los países en el análisis de riesgo para evitar el daño
que los OVM puedan causar a la sanidad vegetal.
Los países podrían
utilizarlas para determinar los OVM que constituyen riesgos y, de ser necesario,
limitar o prohibir su importación y utilización en el país receptor. Esto tiene
valor, en particular, para los países en desarrollo que gracias a dichas
directrices podrán aplicar los mismos criterios de análisis de riesgo que los
países desarrollados.
En el caso de disputas
comerciales debidas a la sanidad vegetal, la Organización Mundial del Comercio (OMC)
se remite a las normas de la CIPF. Las medidas fitosanitarias que siguen las
normas de la CIPF se consideran necesarias para proteger la vida y la salud
vegetal.
El CIPF, dentro de su
ámbito general, es prevenir la diseminación e introducción de plagas de plantas
y productos vegetales, cubre también a los OVM cuando se comportan como plagas
de los vegetales. El Protocolo de Cartagena se ocupa de la transferencia,
manipulación y utilización de los OVM, con especial atención al movimiento
transfronterizo de los mismos.