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Regulación jurídica de las biotecnologías

Curso dictado por la Dra. Teodora Zamudio

Equipo de docencia e investigación UBA~Derecho

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Evaluación de cultivos transgénicos. Informe 2004


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Por Mario F. Valls . [Original ElDial.com]

La Corte Suprema de Justicia de Canadá falló a favor de Monsanto, contra Percy Schmeiser

La FAO publica nuevas directrices para determinar si un organismo vivo modificado (OVM) es riesgoso para las plantas.

Organismos vivos modificados: nuevas directrices para la evaluación de riesgos

 

 

La Corte Suprema de Justicia de Canadá falló a favor de Monsanto, contra Percy Schmeiser

Cuando María O’Donnell, corresponsal de La Nación en los EE .UU. informaba hace dos años sobre el lobby de la Asociación Americana para que el Congreso norteaméricano ordenase suspender el envío de la segunda generación de semillas genéticamente modificadas, que tenía importantes mejoras, como represalia a los agricultores argentinos que las usaban sin pagar, como ellos, las patentes a las empresas "inventoras", informaba asimismo que el gran productor de semillas genéticamente modificadas, Monsanto estaba en juicio contra unos 600 agricultores norteamericanos y canadienses, a los que acusaba de haber violado el contrato que les impide guardar semillas.

Citaba el caso de Percy Schmeiser, un agricultor que se transformó, en Canadá, en un símbolo de la lucha contra las multinacionales. Dijo Schmeiser a La Nación: "Yo usé toda mi vida mis propias semillas de granola, pero ellos me reclaman 400 mil dólares canadienses porque dicen que encontraron algunas de sus semillas en mi propiedad, me quieren usar de ejemplo",.

Sostenía que las semillas GM -que Monsanto obtuvo con una irrupción muy polémica en su propiedad- llegaron por obra del viento.

"Lo que discutimos es hasta dónde pueden llegar las multinacionales con sus patentes", dijo Schmeiser, que entiende que el suyo es un caso que tendrá una repercusión mundial, y le parece inaudito que Monsanto tuviese en Canadá una compañía de seguridad privada que utiliza para evitar el uso pirata de sus semillas.

La corresponsal aseguraba que, como Monsanto no tenía la patente en la Argentina, no podría iniciar acciones como en Canadá.

La Corte Suprema de Justicia de Canadá acaba de dictar su fallo contra Percy Schmeiser y Schmeiser Enterprises Ltd. En la causa Percy Schmeiser and Schmeiser Enterprises Ltd. Appellants v. Monsanto Canada Inc. and Monsanto Company Respondents and Attorney General of Ontario, Canadian Canola Growers, Association (CCGA), Ag-West Biotech Inc., BIOTECanada, Canadian Seed Trade Association, Council of Canadians, Action Group on Erosion, Technology and Concentration, Sierra Club of Canada, National Farmers Union, Research Foundation for Science, Technology and Ecology, and International Centre for Technology Assessment Interveners .

La Corte aceptó la validez de la patente. Acto seguido. Percy Schmeiser inició una campaña para modificar la ley de patentes.

No se acreditó enriquecimiento sin causa, por lo que no lo condenaron a pagar por ese concepto. Todo lo contrario. Quedó acreditado que no tuvo mayores beneficios que en cosechas anteriores. Percy Schmeiser advirtió que en lo sucesivo el declarado propietario de la semilla deberá indemnizar a todo agricultor en cuyo campo la semilla germinase contra su voluntad. Su portal: www.percyschmeiser.com/decisioncomments.htm .

La FAO publica nuevas directrices para determinar si un organismo vivo modificado (ovm) es riesgoso para las plantas.

En El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2004 la FAO indica algunas líneas de acción que podrían emprender los países por su cuenta y la comunidad internacional, con la finalidad de dar a la biotecnología mayor eficacia en la lucha contra en el hambre.

La FAO difundió este informe el 17 de mayo de 2004 en su portal:

http://www.fao.org/newsroom/es/focus/2004/41655/index.html en los siguientes términos:

¿Se ocupa la biotecnología de las necesidades de los pobres?

Los cultivos alimentarios de bioingeniería entrañan un auténtico potencial para combatir el hambre - pero sin aprovechar, hasta ahora.

La revolución verde de los decenios de 1960 y 1970 disparó la productividad agrícola y contribuyó a sacar del hambre y la pobreza a millones de personas, gracias a la introducción en sistemas agrícolas de todo el mundo de variedades vegetales de alto rendimiento, productos químicos para la agricultura y nuevas técnicas de riego.

Pero hoy, muchos pequeños campesinos siguen atrapados en la agricultura de subsistencia, y 842 millones de personas pasan hambre todos los días, según las estimaciones más recientes de la FAO. Miles de millones de personas no consumen los micronutrientes necesarios, lo que produce formas insidiosas de malnutrición debidas a una alimentación inadecuada. Y en los próximos 30 años, habrá 2 000 millones de personas más que necesitarán alimentos, pero los recursos naturales básicos de los que depende la agricultura se vuelven cada día más precarios.

¿Puede contribuir la "revolución genética" -la utilización de la biotecnología en la agricultura- a resolver estos problemas?

Los detractores de la revolución verde, por ejemplo, le reprochan por haber promovido un uso excesivo del agua, plaguicidas y fertilizantes y de haber creado en los campesinos una dependencia de estos insumos, que en algunos casos han producido graves daños al medio ambiente.

Hoy la presencia cada vez mayor de la biotecnología en la producción agropecuaria es motivo de un debate parecido.

Desde hace milenios existen algunas técnicas que hoy forman parte de la biotecnología, cuyos inicios tal vez datan de cuando nuestros antepasados utilizaron microorganismos para elaborar pan, vino y quesos.

La era actual de la moderna biotecnología fue posible gracias a la utilización de técnicas moleculares para "cortar y pegar" genes de una célula a otra.

Es precisamente esta nueva ciencia de la ingeniería genética lo que está en el centro de la polémica actual en torno a la biotecnología.

Los partidarios de la ingeniería genética consideran esta tecnología esencial en la lucha contra la inseguridad alimentaria y la malnutrición en los países en desarrollo. Los opositores alegan que devastará el medio ambiente, incrementará la pobreza y el hambre, y conducirá a la apropiación empresarial de la agricultura tradicional y el suministro mundial de alimentos.

Un informe de la FAO de reciente publicación, El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2004 (SOFA 2004), analiza estos puntos de vista contrastantes sobre la biotecnología.

Por una parte, existen argumentos convincentes para modificar la constitución genética de los cultivos alimentarios, señala el estudio. Esta técnica permite aumentar la disponibilidad y la variedad de alimentos, al incrementar la productividad agrícola y reducir las variaciones estacionales del suministro de alimentos. Se pueden crear cultivos resistentes a las plagas y a las presiones ambientales para reducir los riesgos de que haya malas cosechas a causa de la sequía y de las enfermedades. Se pueden introducir más nutrientes y vitaminas en las plantas, para combatir las deficiencias de nutrientes que sufren tantas personas pobres del mundo. Podría lograrse producir cultivos en los suelos de poca calidad en tierras marginales, e incrementar la producción general de alimentos.

La biotecnología también brinda la posibilidad de reducir la utilización de plaguicidas tóxicos y podría asimismo imprimir mayor eficacia a los fertilizantes y a otros insumos para mejorar los suelos. Por otra parte -advierte la FAO- todavía está en sus inicios la evaluación científica de las repercusiones ambientales y en la salud debidas a la aplicación agrícola de la ingeniería genética, y habrá de analizarse caso por caso.

Además, la Organización hace énfasis en la necesidad de garantizar la distribución general de los beneficios de la biotecnología en la agricultura y no exclusiva entre pocos. En efecto, en SOFA 2004 se señala que aunque la biotecnología pueda beneficiar mucho a los campesinos y consumidores pobres de los países en desarrollo, hasta la fecha ellos han recibido pocos beneficios al respecto, y que en el desarrollo del sector biotécnico "es evidente que se están dejando de lado los problemas de las personas pobres."

A diferencia de la revolución verde -producida a través de un programa internacional de investigación agrícola del sector público específicamente destinado a crear y transferir tecnología libremente al mundo en desarrollo en calidad de bienes públicos- la "revolución genética" está impulsada sobre todo por el sector privado, con la mira de crear productos comerciales para el mercado.

"Este hecho suscita graves dudas en cuanto al tipo de investigaciones que se están llevando a cabo y a la probabilidad de que las personas pobres se beneficien de ellas," señala la FAO en SOFA 2004.

El informe indica que si bien tanto el sector público como el privado están haciendo investigación y aplicación en biotecnología con más de 40 cultivos en todo el mundo, existen pocos programas del sector público o del privado dedicados a la atención de los problemas de los pequeños campesinos de los países en desarrollo.

El Director General de la FAO, Dr. Jacques Diouf, explica en el preámbulo del estudio que "Ni el sector público ni el privado han invertido sumas importantes en nuevas tecnologias genéticas aplicables a productos como el caupí, el mijo, el sorgo y el tef, que carecen de interés comercial pero son fundamentales para suministrar alimentos y medios de subsistencia a la población más pobres del mundo".

Tampoco se está prestando atención a los principales cultivos alimentarios de los pobres: trigo, arroz, maíz blanco, patata y yuca, informa SOFA 2004. Ni hay gran actividad biotecnológica con los productos agrícolas cuyas características interesan más a los pobres, por ejemplo: la tolerancia a la sequía y a la salinidad, la resistencia a las enfermedades o un mayor contenido nutritivo.

Es evidente que la biotecnología agrícola tiene un verdadero potencial como nuevo instrumento en la lucha contra el hambre. Empero, en el estado mundial de la agricultura y la alimentación 2004 se señalan, con todo, diversas preguntas apremiantes que exigen respuesta. ¿Cómo poner la tecnología que está produciendo la revolución genética al alcance de más agricultores de más países? ¿Cuáles son las prioridades de la investigación biotecnológica que podrían beneficiar más directamente a los pobres y quién producirá innovaciones para las mayorías de los países en desarrollo?, dado que este sector tiene un potencial de mercado demasiado pequeño para atraer inversiones cuantiosas del sector privado, y carece de la capacidad científica necesaria para producir sus propios adelantos. ¿Cómo se puede facilitar la creación y el desplazamiento internacional de organismos transgénicos inocuos y promover la distribución de la propiedad intelectual como bien público?

Otro tema importante: ¿cómo lograr que los países -sobre todo los del mundo en desarrollo, inmovilizados por sus limitaciones económicas- tengan sistemas adecuados para evaluar los riesgos ambientales y para la salud humana de la biotecnología, antes de introducir sus técnicas y una vez que se ha iniciado su aplicación en el campo. http://www.fao.org/newsroom/es/focus/2004/41655/index.html  

 

Organismos vivos modificados: nuevas directrices para la evaluación de riesgos

El 1 de junio de 2004, la FAO publicó nuevas directrices para determinar si un organismo vivo modificado (OVM) es riesgoso para las plantas en http://www.fao.org/newsroom/es/news/2004/43684/index.html .

Alrededor de 130 países aprobaron esta norma internacional pionera para evaluar los riesgos de los OVM para las plantas.  Con la creación de nuevas plantas genéticamente modificadas existe el riesgo potencial de introducir genes capaces de transformar una planta normal en una maleza, explicó la FAO.

La FAO publica estas nuevas directrices dos semanas después del lanzamiento de su informe anual "El estado de la agricultura y la alimentación 2003-2004" en el que se hace un llamamiento para que se pongan en marcha regulaciones adecuadas de bioseguridad.

"Las directrices aprobadas internacionalmente ayudarán a los países a reducir los riesgos de liberar OVM que potencialmente puedan originar nuevas plantas con características de maleza, capaces de dañar seriamente nuestros cultivos y los ecosistemas vegetales", señala Niek van der Graaff, Jefe del Servicio de Protección Vegetal y Secretario del Convenio Internacional de Protección Fitogenética (CIPF).

Las directrices también abarcan otros OVM como insectos, hongos y bacterias que también pueden ser nocivos para las plantas.

Un "organismo vivo modificado" es cualquier organismo que tenga una nueva combinación de material genético, producida a traves de métodos biotecnológicos modernos, y forma parte del subconjunto de organismos genéticamente modificados (OGM). Las semillas, las estacas y los tejidos vegetales de cultivos genéticamente modificados son partes vivas de las plantas y, por lo tanto, son OVM.

La Comisión Interina de Medidas Fitosanitarias, que aprobó en abril las directrices, es el órgano rector del Convenio Internacional de Protección Fitosanitaria (CIPF), tratado internacional que contribuye a controlar la propagación de plagas y enfermedades de las plantas.

Las nuevas directrices ayudarán a los países a evaluar los riesgos de los OVM y a determinar si algunos deberían considerarse malezas potenciales u otro tipo de organismo nocivo para las plantas. Por lo tanto, su introducción podría regularse para proteger los cultivos y los ecosistemas. Las directrices contribuyen a la armonización de los métodos utilizados por los países en el análisis de riesgo para evitar el daño que los OVM puedan causar a la sanidad vegetal.

Los países podrían utilizarlas para determinar los OVM que constituyen riesgos y, de ser necesario, limitar o prohibir su importación y utilización en el país receptor. Esto tiene valor, en particular, para los países en desarrollo que gracias a dichas directrices podrán aplicar los mismos criterios de análisis de riesgo que los países desarrollados.

En el caso de disputas comerciales debidas a la sanidad vegetal, la Organización Mundial del Comercio (OMC) se remite a las normas de la CIPF. Las medidas fitosanitarias que siguen las normas de la CIPF se consideran necesarias para proteger la vida y la salud vegetal.

El CIPF, dentro de su ámbito general, es prevenir la diseminación e introducción de plagas de plantas y productos vegetales, cubre también a los OVM cuando se comportan como plagas de los vegetales. El Protocolo de Cartagena se ocupa de la transferencia, manipulación y utilización de los OVM, con especial atención al movimiento transfronterizo de los mismos.

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Colección: Derecho, Economía y Sociedad

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Última modificación: 09 de Marzo de 2007

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