Catálogo de la Colección "Derecho, Economía y Sociedad" Sitio Oficial de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires

Regulación jurídica de las biotecnologías

Curso dictado por la Dra. Teodora Zamudio

Equipo de docencia e investigación UBA~Derecho

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...¿tuvo un comienzo?


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þPresupuestos & Condiciones de contorno

þHipótesis iniciales

1. Bases biológicas

2. Herramientas biotecnológicas

3. Biodiversidad

4. Ecología/Alimentación

5. Genoma Humano

6. Economía

Ud. está en esta Unidad pedagógica

7. Análisis ético y bio-ético

þ Bibliografía general

“En el principio crió Dios los cielos y la tierra”.
Génesis
, 1,1.

"Al comienzo el universo no existía. Apareció después"
Upanishad

"No había sol ni luna, ni tierra, ni montaña: todo era confusión"
Tradición de la Polinesia

"el cielo no existía, la Tierra no existía. Los hombres tampoco. Los dioses no habían nacido. No había muerte".
Tradición del Antiguo Egipto
.

"En el principio todo estaba tranquilo, silencioso e inmóvil. Nada existía salvo el cielo vacío y el mar sereno en la noche profunda".
 Popol Vuh (Tradición maya)

"No sólo carecemos de observaciones pertinentes, sino que la teoría misma nos falta. Tenemos todas las razones para pensar que, más allá de un cierto límite (alrededor de 10 a la 32 grados Kelvin; es decir, un uno seguido de 32 ceros) las nociones mismas de temperatura y de tiempo pierden su sentido."
Stephen Hawkin, Historia del tiempo (1981)

"En el momento situado a 0,000000000004 segundos del Big Bang, se acumulaba una energía similar al total de la producida por el sol en 64 mil millones de años. ¿Qué había antes de eso?  Vacío. Pero para la mecánica cuántica, el vacío tiene energía. Entonces, ¿la materia viene del vacío... es decir, de la nada?"
Rocky Kolb, profesor de astrofísica en la Universidad de Chicago
y miembro del grupo de la NASA en el laboratorio Fermilab

 

Todos estos textos y muchos otros intentan en vano responder la pregunta: ¿tuvo un comienzo el universo? Y, si es así: ¿cómo fue? Hoy, la ciencia ofrece su respuesta: el universo se habría originado en un punto infinitamente denso y caliente, en una fabulosa e inconmensurable explosión que dio origen a la materia tal como la conocemos.

Sin embargo, más allá de las certezas que penosamente construyen los investigadores, ninguna de las hipótesis existentes alcanza a explicar los primeros instantes. Si el universo tuvo un comienzo, podríamos suponer que tuvo un Creador. Pero si el universo estuviera autocontenido, sin bordes ni fronteras, no tendría principio ni fin. Simplemente sería. ¿Qué lugar habría entonces para un Creador?.

El modelo inflacionario intenta llenar este lugar. Sugiere que hay un estado de la materia, que sólo se alcanzaría a muy altas energías, que tiene la extraña propiedad de crear una repulsión gravitatoria. La teoría inflacionaria especula con que en el universo temprano había por lo menos un sector dominado por esa sustancia peculiar. Esta habría sido la fuerza que dominó la explosión inicial, pero como este tipo de materia sería inestable, se habría desintegrado como lo hacen las sustancias radiactivas. Esa desintegración habría liberado la energía que produjo las partículas subatómicas y la sopa primordial[1].

De acuerdo con la tesis de Durkheim sobre el origen y la naturaleza de la experiencia religiosa, ésta es esencialmente una manera de percibir y de hacer inteligible la experiencia social. La religión como sistema de ideas con el cual los individuos se representan a sí mismos la sociedad de la cual son miembros y a sus relaciones con ella. La diferencia entre lo sagrado y lo profano separa aquellos objetos y prácticas que simbolizan los principios sobre los cuales se organiza la sociedad, los que encarnan el poder de su fuerza colectiva y de cada uno de sus miembros en tanto permanecen como tales, ello –a su vez- los constriñe a aceptar su imposición.

La presión es ejercida por medios espirituales y crea el sentimiento de que fuera existe un poder moral, eficaz .. del que se depende. Esa externidad poderosa obliga incluso a actuar en confrontación con las inclinaciones naturales. Esa influencia poderosa es percibida pero su fuente es transfigurada por el individuo[2]. El fenómeno religioso supone una división del universo: lo sagrado y lo profano, y de ambos se dedica y versa sobre lo primero y de su relación con lo segundo en términos de consolidar y proteger la preeminencia de los principios sagrados.

Esta visión bipartita  del universo –característico para Durkheim de lo religioso- representan y expresan la naturaleza se trasvasan a la ciencia que se mantiene a una distancia respetuosa porque se considera que sus atributos trascienden la simple creencia, perjuicio, hábito, error, confusión. Se asume que el trabajo de la ciencia procede de principios que no se fundamentan en –ni soncomparables con- aquellos que operan en el mundo profano de la política y del poder.

Los principios de ambas esferas –lo religioso y lo científico- son similares, ambas pertenencen a los social, y ambas provocan similares reacciones y tratamiento, ambas pretenden quedar al margen del análisis y de la regulación de los simples mortales, ambas esferas reivindican un estatuto de privilegio, y los sacrificios del culto. La ciencia como la religión son esencialmente fuentes de fuerza.

Cuando la gente se comunica con sus dioses, se siente fortalecida, encumbrada y protegida. La fuerza se irradia a partir de los objetos y ritos religiosos, y esta fuerza no afecta simplemente a las prácticas más sagradas sino que se prolonga en las prácticas profanas de todos los días. Esta dualidad religiosa esencial es semejante a la dualidad que a menudo se atribuye al conocimiento. La ciencia no es toda ella de una sola pieza. Está sujeta a una dualidad de naturaleza que se indica mediante toda una gama de distinciones, por ejemplo, la distinción entre pura y aplicada, entre ciencia y tecnología, entre teoría y práctica, entre popular y seria, entre rutinaria y fundamental. Sus aspectos sagrados representan todo aquello que está en lo más alto: pueden ser sus principios y métodos centrales, o sus mayores logros o sus contenidos teóricos más puros, presentados al margen de todos los detalles concernientes a su origen, a las pruebas o a las confusiones del pasado.

De igual modo que la fuerza derivada del contacto con lo sagrado se traslada al mundo, puede plantearse también que los aspectos sagrados de la ciencia informan u orientan sus aspectos más mundanos, los menos inspirados y vitales: sus rutinas, su meras aplicaciones, sus formas consolidadas y externas que afectan a las técnicas y los métodos.

Desde esta perspectiva, la ciencia es esa fuente de poder de la que fluye la energía hacia afuera y con la que se puede contar para maravillas y revelaciones.

Todo análisis parece trastocar o interferir en el flujo externo de energía e inspiración que deriva del contacto con las verdades básicas y los principios de la ciencia y la metodología. Pero lo que deriva de estos principios, a saber, la práctica de la ciencia es, esencialmente, menos sagrado y más profano que la fuente misma. Ésta es la realidad de la paradoja de que quienes de­fienden la ciencia con mayor entusiasmo sean precisamente los que ven con más desagrado que la ciencia se aplique a estu­diarse a si misma. La ciencia es sagrada y por ello debe ser mantenida aparte de cualquier regulación, queda “reificada” o “mistificada”[3]

Los dogmas de la ciencia se asumen como dogmas de fe, como certezas máximas permitidas a los seres mortales (más aún cuando prometen la inmortalidad, o aproximadamente). Esta actitud -renovada frente a las biotecnologías- no es nueva.

El marqués Pierre Simon de Laplace, físico eminente, fue uno de los máximos exponentes de la euforia científica; a finales del siglo XVIII afirmó que, si pudiéramos conocer las condiciones iniciales, podríamos calcular perfectamente todos los estados, pasados, presentes y futuros, del Universo, aplicando sencillamente las leyes de Newton. Nuestro conocimiento del mundo parecía total y absoluto: "Dadme unas condiciones iniciales y os diré el futuro del Universo".

Sin embargo, a finales del siglo XIX comenzaron a aparecer fenómenos físicos que no podían ser descritos mediante las leyes de Newton. Los físicos tuvieron que introducir nuevas leyes más complicadas; tanto, que a veces ni ellos mismos las entendían. Surgieron dos grandes teorías, la teoría de la relatividad no era más que un largo rodeo para explicar por qué los cuerpos a altas velocidades no obedecían las leyes de Newton. La teoría cuántica introdujo un concepto desconocido hasta entonces: la incertidumbre: en los niveles más profundos de la materia subyace una indeterminación, una aleatoriedad, que implica que, en la práctica, nunca se llegará a conocer perfectamente el estado de un sistema: en todos los fenómenos existe algún componente de azar, cuyo resultado depende de la suerte. En la actualidad, todos los físicos opinan que la euforia de Laplace era desmesurada y ya no están tan seguros de poder llegar algún día a conocer absolutamente el Universo. Incluso la teoría de la relatividad, que no deja de ser determinista, está siendo revisada hoy día, introduciendo el componente de azar del que carece en su formulación actual.

En las matemáticas, las ciencias exactas por antonomasia, ha aparecido la incertidumbre. El desarrollo de esta ciencia ha sido paralelo al de la física. Durante el siglo XIX se establecieron definitivamente las leyes de la lógica y del álgebra. Parecía que los sistemas formales matemáticos habían alcanzado su esplendor: a partir de unos pocos postulados se podían deducir y demostrar todas las afirmaciones matemáticas posibles, de una forma sencilla. Se habían acabado las controversias sobre las demostraciones de enunciados complicados. A comienzos del siglo XX, un lógico llamado Kurt Gödel demostró más allá de toda duda que no podía existir un sistema lógico completo. Con cualquier conjunto de postulados de partida, siempre existirían afirmaciones que no podrían ser ni demostradas ni revocadas en base a dichos postulados. Por tanto, siempre deberíamos aceptar, como acto de fe, determinadas proposiciones matemáticas. El teorema de la in-compleción de Gödel, como se conoce a semejante enunciado, trae locos a los matemáticos desde entonces. Los matemáticos ya no están seguros de nada y han aparecido corrientes, como la lógica difusa que tratan las matemáticas de una forma más empírica y semialeatoria que nunca.

Los propios conocimientos pueden jugar como carceleros de una nueva esclavitud intelectual si imprimen una visión reduccionista de las cosas.

Como la moderna física cuántica y la astrofísica, la biología molecular remite a un mundo de procesos no fácilmente determinables, algunos indeterminados; un mundo de procesos en los que la comprensión de estos hace necesaria la entrada heurística de lo aleatorio; de la incertidumbre; de la complejidad conceptual, es decir, de la relacionalidad entre conceptos que deben hacer comprender una realidad no separada, en el sentido de no reducible a elementos simples, claros y distintos. Lo mismo cabe decir de la realidad social, incomprensible desde esquemas simplificadores y deterministas.

Si quien actúa y juzga, proyecta y ejecuta, crea y recibe –en palabras de Edgar Morin- es el homo sapiens/demens (aquel sujeto que no tiene una seguridad absoluta sobre lo que piensa ni sobre las consecuencias de sus acciones) al conocimiento del conocimiento kantiano debe añadírsele la antropología del conocimiento y la antropologización del conocimiento. No es posible pensar en términos de dioses o de demonios a la hora de determinar una trayectoria o un haz de trayectorias en sistemas complejos, dinámicos alejados del equilibrio. La complejidad la ha inventado el mismo ser humano en sus interacciones. No puede predecir el futuro socio-histórico porque una continua creación de sentidos hace imposible la predicción. Efectivamente, la historia es temporalidad, y la temporalidad verdadera es “surgimiento de otros principios”.Surge así uno que intenta asumirlos a todos: principio de incertidumbre[4] ética y política y de la necesidad de “ecologizar el pensamiento y la acción”. Los resultados de las acciones, en el límite, son impredecibles, la intención –a sabiendas de su diferencia y no-correlatividad con el resultado- es el elemento del que el hombre puede inferir el resultado trascendente, el complejo teleológico buscado.

La complejidad no aporta la incertidumbre sino que la revela, la muestra y hace concientes a los hombres de la trivialidad mental con la que trivializa la sociedad y la naturaleza. La sociedad no es una máquina determinista en la que los individuos sapientes y dementes desempeñan solamente roles asignados funcionalmente por la estructura.

La lógica de la sociedad deja de ser la lógica del sistema funcionalista para ser la lógica del sistema-organización. No es desde arriba desde donde se determinan las posiciones del sujeto. Esa es una de las raíces del conflicto social frente a las realidades de las nuevas biotecnologías. Los individuos -en las relaciones- crean y dejan de ser meros ejecutores de funciones, para pasar a ser, literalmente, quienes producen la sociedad cuando como ciudadanos intervienen en la creación de nuevas reglas de juego y nuevas convenciones.

Los avances de las biotecnologías configuran un conflicto social y como tal el conflicto es instancia necesaria de creación de nuevas reglas y nuevos acuerdos de una sociedad entendida como proceso. Como proceso recursivo (un proceso cuyos resultados son necesarios para que siga produciéndose el proceso). Comprender el funcionamiento de las biotecnologías en su totalidad es imposible porque se trata de un sistema o de varios sistemas en constante movimiento y autoorganización transformadora, cuyos horizontes siempre se están desplazando.

Por otra parte, no es posible comprender en su totalidad un sistema desde sí mismo. Ahora bien, sí se puede intentar comprender -por medio de principios complejos- cómo es posible que funcionen tales sistemas, su dinámica.

El reduccionismo a un solo nivel de observación se muestra letal en contextos en los que no sólo es lo científico sino también lo social, lo cultural lo que hay que tener en cuenta. Superar la reducción a lo especializado que practican los decisores y gestores modernos de la política (los especialistas) para implementar una política que tome en cuenta y en conciencia la capacidad creadora de la civilización. Una política del hombre, radicalmente onto-antropológica.

El nuevo paradigma, invierte la relación entre las partes y el todo. Las propiedades de las partes solos pueden comprenderse a partir de la dinámica del todo. En última instancia, no existen las partes. Lo que es llamado una parte es simplemente una configuración en una red invisible de relaciones[5].

A diferencia del viejo paradigma en el que se creía que cualquier sistema complejo se podía comprender a partir de las propiedades de las partes[6], en el nuevo paradigma se considera que la epistemología – la comprensión del proceso del conocimiento- debe incluirse en la descripción de fenómenos naturales. A esta altura no hay consenso acerca de cual es la epistemología apropiada. La ciencia nunca podría aportar una comprensión completa y definitiva de la realidad.

En el nuevo paradigma se reconoce que todos los conceptos, teorías y descubrimientos son limitados y aproximados. Que sólo la inclusión de todas las variables –aún las por conocer- puede dar una visión y que la modificación en cualquiera de ellas tiene la capacidad de modificar lo que se perciba como “verdad”, alcanzar la “certidumbre” que tanto apreciaba Descartes, “la pasión más profunda del intelecto occidental..”[7]

 

Bibliografía complementaria:

NORMATIVA

ONU

Declaración de los Derechos del Hombre. 10 de diciembre de 1948.

OEA

Declaración de los Derechos y Deberes del hombre. Bogotá, Colombia, 1948

ENSAYOS Y NOTAS DOCTRINARIAS

Monografías e Investigaciones

APUNTES Y ACTUALIDAD
UNIDADES/CLASES REFERENTES O DE TEMAS ASOCIADOS
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NOTAS:

[1] Reeves, Hubert El primer segundo Editorial Andrés Bello, 1998.

[2] Durkheim, E. Las formas elementales de la vida religiosa. Akal, Madrid. 1978.

[3] Bloor, David. Conocimiento e Imaginario social, Ed. Gedisa, Barcelona. 1998.

[4] Se puede afirmar que la incertidumbre existe en todos los niveles de lo real: el nivel físico, el nivel biológico y el nivel social e histórico. Se podría hablar, por lo tanto, de un principio general de incertidumbre. Evidentemente en cada nivel la incertidumbre es diferente. Un átomo, sin duda, no tiene problemas éticos.

[5] Capra, Fritjof. Pertenecer al universo. Ed. Planeta. 1998.

[6] El paradigma cartesiano (viejo) se basa en la convicción de que el conocimiento científico podría lograr la certeza absoluta y total; considera las descripciones científicas como objetivas, independientes del observador humano y el proceso de conocimiento.

[7]  Tarnas, Richard The pasión of the Western Mind, citado por Prigogine, Ilya. El fin de las certidumbres. Editorial Andrés Bello. 1996.

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Colección: Derecho, Economía y Sociedad

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Última modificación: 09 de Julio de 2005

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