Difícilmente se podrá
mantener que la teoría de la evolución biológica es una mera descripción de la
realidad, como un desvelamiento, como un simple reflejo de un hecho en sí
mismo evidente que queda, tras su descubrimiento, intacto. Aunque sólo sea
porque el origen de las especies biológicas va referido al pasado, y el
pasado, por definición, es lo que no existe ahora y, por tanto, algo que no es
posible describir, descubrir, desvelar. Cuando se habla del pasado se tiene
que hablar más bien de su construcción a partir de unos materiales presentes
(los materiales geológicos y paleontológicos en biología, las reliquias y los
relatos en historia), teniendo siempre en cuenta que esa construcción no puede
aspirar a ser, sin embargo, una reconstrucción íntegra.
Esta objeción, por sí
sola, es bastante para hacer desistir de una interpretación descripcionista
(no constructivista) del darwinismo. El proceso que conduce a la verdad de la
modificación de las especies por selección natural es un proceso que tiene
mucho de constructivo y esto se deja ver de modo ubicuo en todos los capítulos
de El origen y en la manera como se van haciendo encajar los materiales de
unos capítulos con los de otros
El descripcionismo
gnoseológico es –o debería ser- un conjunto de teorías filosóficas acerca de
la verdad científica que se caracterizan «por su tendencia a considerar el
momento constructivo de las ciencias y, por tanto, los componentes formales de
los cuerpos científicos, como subordinados enteramente a la materia dada que
habría de ser meramente descrita (sin duda, valiéndose de instrumentos
formales que se supone han de dejarla 'intacta'), inventariada y archivada. Al
descripcionismo se asocia un concepto característico de la verdad científica,
a saber, la verdad como “des-velamiento o des-cubrimiento”[1].
Las diferentes
interpretaciones gnoseológicas de la verdad del evolucionismo –o teorías de la
ciencia- llevan asociada una determinada idea de verdad científica: la verdad
como desvelamiento; la verdad como coherencia; y la verdad como
correspondencia. En todos los casos es manifiesta la imposibilidad de hacer
una distinción dicotómica entre hechos y teorías que permita referirse a los
hechos accesibles al margen de todo supuesto teórico, o a unas teorías
elaboradas al margen de toda experiencia empírica, o a ambas cosas a la vez[2].
La verdad de una ciencia
no será, en ningún caso, extrínseca a los materiales propios del campo de esa
ciencia sino que será específica de los materiales característicos de cada
campo. Esa identidad, aunque se formula mediante proposiciones, se construye y
resulta de las operaciones con los objetos corpóreos y de las relaciones entre
los distintos materiales. Es, por tanto, una construcción que exige objetos,
operaciones quirúrgicas y relaciones materiales. Por eso, consideramos que esa
identidad es una identidad sintética. Ahora bien, la identidad, tal como la
entiende el materialismo filosófico, no debe confundirse con la propiedad de
la reflexividad. La interpretación que pone el núcleo de identidad en la
reflexividad está a menudo ligada a modos de entender la verdad científica
como si ésta se situara exclusivamente en un plano proposicional. Es una idea
de identidad deducida de la lógica formal y de las matemáticas o, dicho con
mayor precisión, de una interpretación de la lógica formal y de las
matemáticas que es, ella misma, formalista. En todo caso, además, para la
teoría del cierre categorial, la relación de reflexividad no es nunca una
relación primitiva, ni siquiera en el contexto tecnológico tipográfico de la
lógica formal, sino que, por el contrario, no sólo es una propiedad derivada
de otras (por ejemplo, de la simetría o de la transitividad) sino que es una
propiedad límite, resultado de un proceso constructivo dialéctico[3].
La identidad sintética,
para el materialismo gnoseológico, se diferencia también de la igualdad pues
la identidad a la que hace referencia se abre paso a través de situaciones de
desigualdad, de situaciones en las que no se aplican las propiedades de la
simetría, la transitividad y la reflexividad. Esto es especialmente frecuente
en las ciencias biológicas donde las relaciones biológicamente más
significativas entre los organismos de una biocenosis no son, desde luego,
relaciones de igualdad; incluso refiriéndonos a organismos de una misma
especie, la igualdad entre esos organismos puede considerarse, en muchos
aspectos, abstracta, frente a las desigualdades efectivas que son el material
mismo del proceso de descendencia con modificación.
La idea de verdad
científica no se confunde, sin embargo, con la idea de identidad sintética
porque no toda identidad sintética constituye una verdad en sentido estricto,
gnoseológico. La razón es que cabe distinguir dos tipos generales de
identidades sintéticas: