Hablar sobre los métodos
de la bioética y mutatis mutandis de cualquier otra forma de ética aplicada,
implica hacer una referencia a la naturaleza de la ética y de sus
instrumentos, utilizados para aclarar y tratar de resolver conflictos de
intereses y de valores.
Implica, en particular,
a) tener claridad sobre los
abordajes descriptivos y de comprensión de los conflictos;
b) un abordaje
deductivo e inductivo del raciocinio que pretende legitimar una decisión;
c)
un abordaje pragmático de la relación entre los medios, fines y agentes
involucrados, el cual pretende ponderar los efectos de la decisión en pauta.
Por esto, la tesis es al mismo tiempo racionalista y pragmática[1].
Esta doble preocupación
metodológica corresponde a la práctica frecuente de muchos bioeticistas, que
vienen de la tradición laica de la filosofia moral aplicada a los problemas
concretos, considerada la más adecuada (o la menos inadecuada) para afrontar
los conflictos morales en sociedades seculares, por basarse en argumentos
racionales -en principio capaces de superar lo aprendido de la moral
espontánea e intuitiva de las simples opiniones, revelaciones, creencias y
otras idiosincrasias individuales y grupales– y por tener en cuenta
procedimientos susceptibles de proporcionar soluciones pacíficas y
consensuales de los conflictos.
Lo que se intenta es
presentar los posibles “caminos”, es decir, los métodos susceptibles de
dirimir conflictos morales, lo que más se aproxima al ideal comunicativo de
una comunidad moral universal.
La forma de la ética
aplicada surgida entre los años 50 y 60, conocida como neoaristotelismo o
rehabilitación de la filosofía práctica en Alemania y como neopragmatismo en
los Estados Unidos, resulta de una conjunción entre los abordajes deductivo,
inductivo, descriptivo y pragmático de los conflictos morales, y que a su vez
es el resultado de una “nueva alianza” entre teoría y práctica. Esto fue
posible gracias a la consideración de la doble naturaleza de la propia
racionalidad: la teórica y la práctica.
Aplicar los métodos de la
bioética implica considerar la doble naturaleza de la racionalidad, desde el
ámbito de la ética aplicada: su naturaleza teórica (descriptiva y comprensiva)
y su naturaleza práctica (aplicada). Implica aún considerar el contexto
sociocultural de los conflictos de intereses y valores en el cual la bioética
debe funcionar y para los cuales sus herramientas pretenden encontrar una
solución razonable y justa, por consiguiente: aceptable por todos los actores
involucrados en situaciones específicas. Aún, para ser aceptable por todos los
involucrados en una disputa, es necesario que todos los involucrados
pertenezcan por derecho y de hecho al universo comunicacional respectivo, y
tengan sus intereses considerados de forma imparcial por todos, valiendo por
lo tanto, tan solo la reflexión argumentativa y la ponderación de las
consecuencias resultantes de las opciones escogidas.
Este es el
campo en donde la bioética actúa y donde surgen las preguntas éticas de tipo:
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¿Cómo se
puede saber si una acción es justa o injusta, buena o mala? Cómo se puede
decidir, como persona, ciudadano, miembro de una categoría profesional o de
una comunidad específica,
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¿cuáles
son los objetivos legítimos de mi acción y cuales los valores y principios
morales susceptibles de defenderlos?
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En otros
términos: ¿Cómo se puede demostrar a otras personas que tales respuestas son
justas o erradas?
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Los tres tipos de
preguntas muestran el campo interdisciplinario de la bioética, determinado por
los nexos con:
` el “saber” (cuestión cognitiva),
` el “decidir” (cuestión
pragmática) y
` el “demostrar” (cuestión comunicacional), en la cual, lo que
decidimos hacer está bien ordenado, correcto y aceptable por los otros[2].
Por otra parte, la
cuestión del método trae consigo el tema y la definición de los fundamentos,
para lo cual se pretende una justificativa tautológica: el fundamento legitima
el camino que pretendemos utilizar que, a su vez, es el único medio que nos
asegura la pertinencia operacional de lo fundamental. En ese sentido, el
método sería, de hecho, la certeza de la práctica, aún en la ausencia de un
fundamento real.
El método tiene aún un
objetivo complementario, que nos interesa directamente aquí, pues se presenta
como una moral del pensamiento correcto, teniendo en cuenta que lo que
pretendo decir es cómo se debe proceder para que aquello que se considera
“verdadero”, “cierto”, “útil” y “bueno” pueda ser aceptado por cualquier
persona razonable[3].
En
resumen, los métodos en bioética se encaminan a que
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el pensar sea “fidedigno”
y
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el actuar “correcto”.
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Bibliografía complementaria:
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NORMATIVA
JURISPRUDENCIA
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F., C. H. y otros s/recurso de casación - CNCP
- Sala IV - 8 de septiembre de
2003. Prueba genética
Navarro Del Valle, Hermes v. Decreto Ejecutivo Nº
24029-S (fecundación in-vitro) 7 de abril de 1995
R., R.D. s/medida cautelar. Sala I de la
Cámara de Apelaciones de Buenos Aires. Buenos Aires, 3 de diciembre de 1999 Embriones congelados
Yvonne Smith, individually, Willie Smith,
individually, and Elijah Smith, a minor, by and through Yvonne Smith (Olaintiffs)
v. Arvind Saraf, M.D., John Doe Professional Corporation/Partnership, John Doe
Medical Providers A-Z (Defendants) and Arvind Saraf, M.D. (Third-Party
Plaintiff) v. United States Of America (Third-Party Defendant). Hon. Stephen M.
Orlofsky Civil Action No. 98-04794 United States District Court For The District
Of New Jersey. July 3, 2001
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