Frente a una disputa de
intereses con un fondo moral la bioética utiliza el análisis racional y las
herramientas de la sabiduría práctica para evaluar cuál de las soluciones
propuestas puede ser considerada la más razonable, desde el punto de vista de
la ponderación de sus consecuencias. En síntesis, las principales herramientas
de la bioética son la racionalidad y la razonabilidad, esto es, la
inteligencia teórica capaz de iluminar la argumentación que sustenta una
acción y la inteligencia práctica, capaz de tornar posible y aceptable (es
decir “razonable”) la acción.
ÏEn primer lugar, para ser
clasificado como “racional” un argumento debe explicitar los términos que
serán utilizados, su campo de aplicación y sus límites. Eso permite que un
argumento sea claro y pertinente al asunto en pauta.
ÏEn segundo lugar, debe
saber encadenar de forma inteligible las premisas o presupuestos con el
desarrollo del raciocinio y la conclusión de la argumentación. Esto permite
que cualquier ser racional tenga acceso ceteris paribus al código de la
argumentación y se encuentre por lo tanto en la situación de poder evaluar si
el raciocinio está bien formulado o no.
ÏEn tercer lugar, debe
proceder paso a paso en la argumentación, capaz de asegurar el acceso y la
comunicación de todos los participantes en la disputa moral.
ÏFinalmente, debe
satisfacer el requisito formal consistente en aceptar el axioma principal del
pensamiento racional: “principio de no contradicción”, según el cual dos
proposiciones contradictorias en un mismo discurso y referidas a la misma
realidad, no pueden ser ambas válidas. El respeto de esas cuatro condiciones
garantizan en principio la racionalidad argumentativa, es decir su
consistencia del punto de vista de la razón teórica.

Sin embargo, por ser
también una actividad de la razón práctica, que no depende de las necesidades
lógicas, la bioética deberá en algunas situaciones hacer un llamado a la
intuición, la cuál permite detectar las conclusiones contra-intuitivas, esto
es, que no son inmediatamente cogentes, para someterlas a nuevas
investigaciones y ponderaciones. En otras palabras, el papel de la
intuición
moral consiste en una “ regulación ” de la razón teórica en el sentido de
limitar los excesos racionalistas. Pero, por regla general, la intuición moral
tiene su papel en el comienzo del raciocinio moral, esto es, en el estadio pré-crítico
del análisis moral.
La otra herramienta a ser
utilizada y requerida por la racionalidad práctica, son los
buenos ejemplos.
Esto porque los ejemplos se refieren de modo general a hechos y situaciones
concretas, lo que permite, muchas veces, una economía argumentativa.
Directamente unida a la
herramienta anterior, es el uso de analogías. Las analogías, aunque no sean
ejemplos de fenómenos ocurriendo realmente, facilitan la investigación de los
argumentos en campo, pues pueden aclarar el problema en pauta. Esto puede ser
hecho de varias maneras:
En primer lugar,
permitiendo reagrupar casos juzgados, si no idénticos, al menos parecidos.
Esto puede representar una gran economía de medios.
En segundo lugar,
permitiendo construir o inventar situaciones capaces de aclarar un caso. Este
recurso es muy utilizado en situaciones particularmente complicadas y es
conocido como “experimento mental’ (Gedankenexperiment).
Finalmente, la analogía
puede tener también una función crítica mostrando, por ejemplo, que un
argumento está errado. Por lo tanto, el uso de analogias deberá también pasar
por la criba del análisis racional crítico, el cual deberá establecer los
límites de la analogía y la especificidad del caso en análisis.
La otra herramienta
práctica, muy utilizada en situaciones inéditas, es el
argumento “de la ladera
deslizante” (slippery slope argument), preocupado esencialmente con las
posibles consecuencias negativas y los abusos potenciales, resultantes de una
acción. Aunque este tipo de raciocinio puede estar bien intencionado, al ser
motivado por el principio de la prudencia, teniendo por lo tanto la función de
alertar sobre “lo que puede ocurrir” en determinadas situaciones, el es casi
siempre utilizado de forma negativa con la pretensión demostrativa de aquello
que casi ciertamente puede ocurrir. Pero, de hecho, no prueba nada, a no ser
la existencia de temores frente a situaciones inéditas.
Una técnica alternativa
utilizada es ocupar la posición de “abogado del
diablo” en la argumentación. Esta posición es sobre todo
productiva cuando es asumida consigo mismo, es decir, con relación a sus
propios argumentos, pues, en este caso, puede fortalecer la reflexión
argumentativa.
Finalmente, se debe recordar un instrumento más pragmática, representado
por la búsqueda de compromiso, que
deriva del objetivo que consiste en encontrar, en cada situación de conflicto,
una solución pacífica y en la medida de lo posible, diplomática. Entre tanto,
esta herramienta también deberá, en última instancia, ser evaluada
críticamente; pues ella conlleva el peligro de perder la racionalidad de la
argumentación y sobre todo el peligro de que se acepte una posición amoral, si
no, cínica.
Bibliografía complementaria:
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NORMATIVA
JURISPRUDENCIA
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ENSAYOS Y
NOTAS DOCTRINARIAS
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Monografías e
Investigaciones
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APUNTES Y
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