Catálogo de la Colección "Derecho, Economía y Sociedad" Sitio Oficial de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires

Regulación jurídica de las biotecnologías

Curso dictado por la Dra. Teodora Zamudio

Equipo de docencia e investigación UBA~Derecho

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- 1. Apropiación inconsulta o no retribuida


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þPresupuestos & Condiciones de contorno

þHipótesis iniciales

1. Bases biológicas

2. Herramientas biotecnológicas

3. Biodiversidad

4. Ecología/Alimentación

5. Genoma Humano

Ud. está en esta Unidad pedagógica

6. Economía - IIa Parte

otras Clases de esta Unidad Propiedad de las innovaciones biotecnológicas
Patentes de invención
- 1. Requisitos de patentabilidad
- 2. Exclusiones a la patentabilidad
Patentes y materia viva
Reivindicaciones y Descripción suficiente
Cuestiones conexas
- 1. Patentes & Genes humanos.
- 2. Patentes & Salud pública.
- 3. Patentes & Investigación científica.
Secreto como tutela
Derechos sobre las Obtenciones Vegetales
- 1. Condiciones de fondo para la protección
- 2. Condiciones de forma para la protección
Disposición y acceso a los principios activos
Convenio sobre la Diversidad Biológica.
- 1. La legitimación en la disposición
- 2. Condiciones del contrato de acceso
- 3. Distribución equitativa de beneficios
Convenio sobre la Diversidad Biológica vs. T.R.I.P.'s
Conflictos entorno de los "nuevos" recursos
- 1. Apropiación inconsulta o no retribuida
- 2. Desacralización de símbolos religiosos.
- 3. Desplazamiento de costumbres y biodiversidad
- 4. Omisión de derechos preexistentes
 

7. Análisis ético y bio-ético

þ Bibliografía general

Índice de esta clase:

- Epibatidine de Ecuador

- Hagahai de Papua Nueva Guinea

+ Consentimiento previo fundamentado.

+ Distribución equitativa de los beneficios.

+ Situación jurídica vigente en los Estados Unidos

- Linfocito T  humano.

- VIH de Gabón.

- Sutherlandia sudafricana: ¿Quién será su dueño?

 

Epibatidine de Ecuador

Se ha patentado en los Estados Unidos un nuevo principio activo llamado Epibatidine[1]. El Epibatidine es un cóctel químico que segrega la piel de una rana neotropical venenosa llamada «Epipedobates tricolor» que habita en los bosques tropicales desde el sur occidente y las estribaciones occidentales de los Andes ecuatorianos hasta el norte del Perú.

Gráfico1 Epibatodopes tricolor 

Gráfico 2 Fórmulas. Epibatidine y  Abt 594.

Esta especie ha sido utilizada ancestralmente por indígenas ecuatorianos en sus actividades de caza con cerbatanas. Fue el científico del Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos -John Daly- quien identificó la estructura química de esta sustancia de la rana, gracias a la información sobre los efectos fisiológicos de las secreciones de la misma, proporcionada por comunidades indígenas y locales. Sin embargo, los indígenas no son mencionados, ni su experiencia tiene el crédito de ser mencionada entre los antecedentes.

Para aislar el principio activo, se obtuvo una muestra de 750 ranas, sin que exista evidencia de que el INEFAN (Instituto Ecuatoriano Forestal y de Áreas Naturales) haya otorgado una licencia de manejo para que esta rana fuera explotada con fines comerciales (Acción Ecológica, 1998)[2]. Este es un requisito básico, ya que esta especie constaba en ese momento dentro de los apéndices de la "Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora silvestre (CITES)", de la cual el Ecuador es parte desde 1975[3].

El veneno en su piel protege a la Epibatodote tricolor contra depredadores. El veneno como tal es demasiado tóxico ser utilizado como analgésico para los seres humanos. Los científicos de NIH descubrieron que el veneno es como la nicotina, después de que publicaran un diagrama de su estructura química –contenida en su solicitud de patente- los investigadores de Abbott vieron que se asemejaba a un conjunto de drogas que ellos estaban probando para la enfermedad de Alzheimer. Como el veneno de la rana, estas drogas afectan receptores de la nicotina en las células del nervio. ABT-594, hecho por Abbott Laboratories en Chicago, tiene muchas veces más alcance que la morfina. No deteriora la respiración ni causa el estreñimiento. Los animales no dieron ninguna muestra de adicción y la droga parece ser eficaz para mientras se utiliza sin crear acostumbramiento, estando libre de los efectos secundarios de la morfina. El analgésico ABT-594, se ha probado ya en animales y se está probando en seres humanos en Europa. La droga que Abbott seleccionó de este grupo, ABT-594, está cerca del veneno de la rana (que en el honor de la rana se llama epibatidine), pero no es venenosa y es muy valioso pues sólo en los Estado Unidos 30 a 40 millones de personas -muchos de ellos los pacientes del cáncer- dependen de la morfina. Esta droga nueva parece muy prometedora para tratar a estos pacientes.

No existe ninguna prueba de que el gobierno de Ecuador haya firmado ningún contrato, ni que los indígenas hayan dado su autorización o recibido ningún beneficio.

 

Hagahai de Papua Nueva Guinea

El 14 de marzo de 1995 la Oficina de Patentes y Marcas Registradas de Estados Unidos (PTO) emitió una patente para el Instituto Nacional de Salud (NIH) sobre una línea celular humana no modificada extraída de una persona indígena de Papua Nueva Guinea (U.S. Patent 5,397,696).

Gráfico 3 Niño Hagahai de Papua Nueva Guinea

Los antecedentes de esta “historia” se remontan a 1983, cuando debido a problemas sanitarios, los Hagahai iniciaron contactos con el mundo exterior visitando a los misioneros Bautistas que vivían a cierta distancia de sus hogares. Poco después, en 1984, los Hagahai tuvieron su primer contacto con extranjeros cuando un misionero Evangelista con cierta preparación médica estableció un campamento cerca del poblado de Yilu[4].

Ese mismo año, llegó un equipo del censo del gobierno de Papua Nueva Guinea y tomó conocimiento por primera vez de los Hagahai: El equipo del censo fue acompañado por Carol Jenkins, una antropóloga médica de Estados Unidos, que estaba asociada con el Instituto de Investigación Médica (IMR), organismo del gobierno de Papua Nueva Guinea. El equipo encontró que los Hagahai estaban sufriendo enfermedades endémicas así como una serie de enfermedades foráneas que muchos Hagahai habían contraído recientemente. Jenkins y el IMR estaban preocupados por las bajas tasas de nacimiento y la alta mortalidad, lo que los estaba llevando a un fuerte descenso en su población[5].

En 1985 y tres veces posteriormente, Carol Jenkins, solicitó a la Sociedad Geográfica Nacional de Estados Unidos (NGS) apoyo para llevar a cabo la investigación sobre los Hagahai. La NGS acordó dar fondos para la investigación de Jenkins- el proyecto inicial fue titulado "Historia Cultural y Adaptación de los Hagahai de las Montañas Schrader Occidentales, Papua Nueva Guinea". Este primer proyecto fue remitido al Comité Consejero de Investigación Médica de Papua Nueva Guinea y se le dio la aprobación ética. En 1987, Jenkins regresó a Estados Unidos e informó a la comunidad científica que sus intenciones en ese momento eran "monitorear y promover el mejoramiento en el estado de la salud [de los Hagahai y] esperando alterar el curso de su futuro y ayudar a su adaptación a la inevitable modernización de su biología y su cultura"[6]

En mayo de 1989, la muestra que eventualmente sería la primera patentada salió de de Papua Nueva Guinea. Se extrajo sangre de 24 hombres y mujeres Hagahai. Las muestras fueron enviadas rápidamente a las instalaciones del Instituto de Investigaciones Médicas (IMR) en Goroka[7]. Una vez que la sangre llegó al IMR, se separaron los linfocitos del timo ("células T") de cada una de las muestras de sangre y se mantuvieron vivas en cultivo. Luego se las envió por vía aérea a los laboratorios del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos (NIH) en Washington DC, donde los científicos del NIH comenzaron a investigar las células de los Hagahai y el virus HTLV-1 que contenían. La investigación confirmó que el retrovirus portado por los Hagahai era único y potencialmente valioso para las pruebas de diagnóstico y vacunaciones para las enfermedades relacionadas con la leucemia. La decisión de patentar fue tomada a comienzos de abril de 1990 (menos de un año después que la sangre fue recolectada) y el 24 de agosto de 1990, se presentó la solicitud de patente para una línea celular.

El "Informe de Invenciones de Empleados" del NIH, presentado por el equipo de investigación el 16 de abril de 1990 arroja luz al respecto "En este momento, el establecimiento de una línea de célula-T infectada en forma persistente con un virus relacionado con HTLV-1, derivada de una persona de buena salud de Nueva Guinea [a la sazón de un joven de 20 años], facilitará el ensayo en Melanesia, donde se ha encontrado una alta prevalecencia de infección por HTLV-1. Es probable también que tenga una importante aplicación para examinar poblaciones en cualquier parte del mundo y existe un uso potencial en el desarrollo de vacunas”[8]

En el NIH se pensó que las células Hagahai probablemente eran valiosas no sólo para diagnosticar casos de leucemia y enfermedades relacionadas; sino que incluso podrían ser parte de una cura. Sólo el valor económico de  los análisis de diagnóstico para el HTLV y retrovirus relacionados es sumamente alto[9].

Consentimiento previo fundamentado.

Previo a la solicitud de la patente (o luego) el NIH debería haber verificado ante los gobiernos de los Hagahai y el de Papua Nueva Guinea si éstos aprobaban que las células Hagahai –o la información contenida en ellas- llegara a ser propiedad del gobierno de los Estados Unidos. Pero los hallazgos de RAFI[10] -invocando la Ley de Libertad de Información de Estados Unidos (FOIA)- fueron que la única documentación del NIH sobre el consentimiento del gobierno de Hagahai y Papua Nueva Guinea para la exportación, investigación y decisión de patentar células humanas eran:

¤la carta de aprobación ética para el estudio de Jenkins en 1985 del National Geographic, y

¤un documento del IMR describiendo los procedimientos a ser usados por los investigadores para el consentimiento oral.

Este último documento, sin embargo, llegó al NIH casi 5 años después que las muestras de sangre, el 21 de abril de 1994. Esto trae consigo dudas acerca de la oportunidad en que se otorgó "el consentimiento previo informado" casi cuatro años después que se presentó la primera solicitud de patentes sobre células Hagahai el 24 de agosto de 1990.

El arribo de las pautas del IMR para el consentimiento informado al NIH corresponde al período en que el Dr. Stephen Finley del NIH estaba preparando una "revisión histórica de la solicitud a la patente de Papua Nueva Guinea" para los funcionarios de alto rango del NIH que estaban bajo presión de los gobiernos, las ONGs y la prensa, para que explicaran por qué el NIH estaba tratando de patentar partes de personas indígenas. Aún más tarde, el NIH asegura que este informe contiene "secretos comerciales e información comercial o financiera" confidencial y rehusó entregar al público éste y otros documentos relacionados.

El NIH no tiene ninguna documentación que muestre que el gobierno de Papua Nueva Guinea o los Hagahai haya sido consultados previamente sobre la solicitud de la patente. Tampoco la actividad descripta por Jenkins (ver up supra trascripción de su informe al National Geographic) incluía, o permitía presumir que formaba parte de su proyecto, desarrollar extracciones y/o recabar el consentimiento para hacerlo[11]. Ello es especialmente importante por cuanto la única persona en Papua Nueva Guinea con la cual el NIH tuvo contacto la científica Carol Jenkins; más aun, el científico principal del NIH en la declaración de la solicitud de patente, Dr. Richard Yanagihar, expresó "en ningún momento los investigadores del NIH tuvieron interacción directa con los Hagahai"[12], y la oficina FOIA del NIH confirmó que "los archivos del NIH no contienen ningún acuerdo de consentimiento informado"[13]

Más aún, al momento que los abogados del NIH tramitaban la solicitud de la patente ante la Oficina de Patentes y Marcas Registradas (PTO) de Estados Unidos, un "Coordinador de Desarrollo Tecnológico" del NIH se dio cuenta de que Carol Jenkins, uno de los cinco "inventores", no estaba empleada por el gobierno de los Estados Unidos y ... esto planteó problemas potenciales con la propiedad de los derechos de "invención".

Los otros de la lista eran todos investigadores del NIH que, como parte del contrato de trabajo con el NIH, habían hecho arreglos previos para asignar sus derechos al gobierno. Sin embargo, el caso de Jenkins era diferente. El NIH reaccionó mediante el envío de un fax a Jenkins solicitándole que aclarara el interés del gobierno de Papúa Nueva Guinea en la "invención". Jenkins respondió el 4 de septiembre de 1990 con una nota manuscrita que decía "Mi empleador al momento de la invención (y ahora también) es el Instituto de Investigación Médica de Papua Nueva Guinea, un organismo gubernamental. Mi contrato de empleo no dice nada acerca de asignar derechos de patentes. No se espera de mí asignar derechos al gobierno de PAPUA NUEVA GUINEA de acuerdo al Director del Instituto, Dr. M. Alpers."[14]

Ello fue tomado por la autoridades del NIH como base para decir "que [en el caso que] involucra a Papua Nueva Guinea, el gobierno [de ese país] eligió no retener sus derechos a la patente pero en cambio permitió a los inventores retener sus derechos individuales"[15]; con el fax de Carol Jenkins y la aprobación ética emitida para su investigación de la National Geographic, como única documentación.

Distribución equitativa de los beneficios.

En la Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica en Yakarta, un funcionario del Departamento de Estado de los Estados Unidos ofreció el primer comentario público por parte del gobierno de los Estados Unidos sobre la patente. El funcionario, leyendo de un documento preparado por el NIH, aseguró que la decisión de patentar las células de los Hagahai fue tomada solamente "a pedido" de las personas en Papua Nueva Guinea (no explicó quién) y luego que se había comprobado un claro consentimiento por escrito de los Hagahai. Adicionalmente, el funcionario del gobierno de los Estados Unidos proclamó, que el motivo principal en el patentamiento de las células había sido "proteger" a los Hagahai de la explotación comercial por otros, y que el 50% de los royalties provenientes de la patente irían para los Hagahai. Paradójicamente, el funcionario también declaró que la patente tendría probablemente poco valor.

Pese a que el director anterior del programa de antropología física de la Fundación Nacional de Ciencia, fundación del gobierno de los Estados Unidos, afirmó que "la solicitud de la patente especifica que... el 50% de cualquier ganancia potencial iría a los mismos Hagahai". De hecho, las postulaciones de patentes en Estados Unidos no dan cabida a acuerdos de reparto de beneficios como parte del texto de la patente. Aún si hubiera en el texto alguna mención de reparto de beneficios, ésta no representaría un compromiso obligatorio. Una patente no es un contrato. En lugar de eso, las patentes simplemente incluyen el(los) nombre(s) del "inventor(es)" y, si corresponde, un "asignatario" para los derechos de las patentes, que la mayoría de las veces es la institución o la empresa para la cual el inventor(es) trabaja. Los convenios financieros sobre ganancias derivadas de la patente se hacen separados y son hechos a discreción del asignatario, quien es el único que tiene la disposición comercial de la patente. En el caso de la patente Hagahai, el único asignatario es el gobierno de los Estados Unidos. El argumento de que en la patente figura un convenio para beneficiar a los Hagahai es jurídicamente insatisfactorio.

El mencionar a una población en una patente, sostiene el director, proporciona base legal para que el mencionado grupo obtenga beneficios de la patente. Una patente de los Estados Unidos sobre un gen ligado a la enfermedad de Alzheimer y el Parkinson (U.S. Patent 5.494.794) menciona pueblos indígenas de Norte América, Senegal, Tibet, Nueva Guinea y la Cuenca del Amazonas, así como 248 pueblos Caucásicos y 699 personas "de varios grupos étnicos" además de un mención general de "Californianos y Georgeanos, Británicos, Finlandeses, Italianos, Judíos, Arabes e Hindúes" y otros grupos. De acuerdo a la lógica del director, los propietarios de la patente debieran prepararse para enfrentar los complejos procedimientos de entregar los beneficios a los casi mil millones de personas mencionadas en la patente. Pero, en realidad, la mera mención de un grupo de pueblos o corporaciones en una descripción de patente no tiene absolutamente nada que ver con la distribución de los beneficios de la patente.

A pesar de los numerosos pedidos orales, escritos, y legales de copias de este documento para hacerlo público, hechos al gobierno de los Estados Unidos y a otras personas involucradas en la patente, nadie relacionado con la patente –ni los Hagahai- ha exhibido un documento escrito o cualquier registro de un acuerdo oral.

Por otra parte, sin documento escrito que permita calcular correctamente los porcentajes de participación en los beneficios, saber cuáles serán esos beneficios (teniendo como base que el NIH ha dicho repetidamente de que es muy improbable que se obtenga algún dinero) no se puede aseverar concretamente que se distribuirá entre los titulares de la patente, Papua Nueva Guinea y los Hagahai, ni cómo se controla el gestión del contenido económico de la patente. (sobre la base de cálculo de las regalías [ver la clase 6.2.4. Costos de transacción y acceso]

La patente de Papua Nueva Guinea, según lo dicho por del Departamento de Estado, parece ser vista por parte del gobierno de los Estados Unidos como una nueva forma de ayuda a los países y regiones menos desarrollados . Los costos de obtención y luego de mantenimiento de la patente a lo largo de su vigencia probablemente alcanzarían casi los mil dólares por cada uno de los poco menos de 400 Hagahai. Algunos observadores, plantearon en la Reunión de las Partes en Yakarta, si el gobierno de los Estados Unidos podrían tomar esos valores para estimar una retribución y así los Hagahai recibirían dinero efectivo en vez de una patente tan cara sobre sus células "inmortalizadas". No obstante la practicidad de la propuesta, queda por ver si es dinero (en el sentido y contenido que se le da en Occidente) lo que los Hagahai entienden por beneficios o resarcimiento por su aporte y cuándo tales recompensas será percibidas efectivamente, como el director el IMR en Papua Nueva Guinea ha dicho públicamente repetidas veces que el mencionar a los Hagahai en las patentes "[ellos] podrían beneficiarse si en futuro lejano surge algún desarrollo comercial a partir de este descubrimiento"[16].

Situación jurídica vigente en los Estados Unidos

Toda vez que los Estados Unidos no ha ratificado el Convenio de diversidad Biológica, no estaría –en principio- obligada por esa normativa pero es significativa la propia legislación interna.

Como una manera de proteger a las personas humanas, el gobierno de los Estados Unidos (Code Of Federal Regulations. Title 45. Public Welfare. Department Of Health And Human Services. Part 46 - Protection Of Human Subjects) requiere que los investigadores del gobierno (u otros que reciban financiamiento federal) obtengan el "consentimiento informado" escrito de los sujetos humanos antes y durante la investigación[17].

El consentimiento será imprescindible cuando las personas afectadas respondan al concepto de “sujeto humano” según §46.102.f.: un individuo, de quien un investigador (sea profesional o estudiante) llevando a cabo una investigación obtiene: 1.- datos a través de la intervención o de la interacción con el individuo, o 2.- información privada identificable[18].

Por ejemplo, las muestras de sangre no deber ser extraídas por los investigadores del gobierno sin antes obtener el "consentimiento informado legalmente efectivo del sujeto, o del representante legalmente autorizado del sujeto."

El consentimiento informado requiere, entre otras cosas, que el investigador proporcione una explicación acerca de los propósitos de la investigación, una descripción de los riesgos razonablemente envueltos, un informe sobre procedimientos alternativos apropiados de tratamiento, etc. Esta información debe ser proporcionada en un lenguaje entendible por el sujeto o su representante (§46.116).

Las regulaciones del consentimiento informado no contienen un lenguaje específico requiriendo que el/la investigador/a revele sus intenciones de presentar reclamos sobre patentes de productos/procesos derivados del material genético humano. Tampoco existe frase alguna requiriendo el revelar la posibilidad de ganancias comerciales como resultado de la investigación. No obstante, las regulaciones de consentimiento informado si requieren que los investigadores proporcionen "una descripción de cualesquiera beneficios para el sujeto o para otros que pudieran ser razonablemente esperados de dicha investigación," (§46.116.a.3), y "nuevos y significativos hallazgos desarrollados durante el curso de la investigación, los cuáles estén ligados a la disposición del paciente a seguir participando en el estudio."(§46.116.b.5)[19]

 

Linfocito T  humano.

A pesar de la homogeneidad en la composición básica del genoma de las especies (incluso la humana) existen importantes y notables excepciones. Por ejemplo, en algunos casos, individuos únicos o poblaciones pueden producir de manera natural cantidades superiores a las normales de una sustancia valiosa, o algunos pueden producirla debido a una enfermedad. Tejidos o células humanas únicos pueden convertirse en valiosas herramientas de investigación, y en algunos casos pueden utilizarse para desarrollar valiosos productos comerciales.

John Moore, un empresario canadiense a quien su médico, el doctor David Golde de la Universidad de Los Ángeles, diagnosticó en el año 1976 un caso atípico de leucemia, firmó –a petición del médico- un documento para cederle los derechos sobre las líneas celulares del bazo con la creencia de que el médico sólo pretendía investigar para curar a otras personas y presumiendo que no se le ocultaba ningún aspecto comercial. No obstante los resultados de las investigaciones dieron como resultado un producto patentable[20].

Ese mismo año, John Moore entabló una demanda sobre el hecho de sus células sanguíneas le habían sido sustraídas ilícitamente y que él tenía derecho a participar de las ganancias que resultaran de los usos comerciales de esas células.

El doctor Golde incluso reconoció que nunca dijo nada al paciente y que había publicado artículos sobre el descubrimiento de la que llamó línea Mo (las dos primeras letras del apellido del paciente al que identificaba por su lugar de residencia, Seattle)[21]. En 1990, la decisión del Tribunal Supremo de Los Ángeles fue, por mayoría, que la investigación sobre células humanas desempeña un papel clave en la investigación médica, aislando sustancias biológicas con aplicación médica y, por tanto, la aplicación de la legislación a este campo no puede obstaculizar la investigación por restringir el acceso a materias primas.

Lo que no quedó dicho en la sentencia pero se infiere del planteo hecho por el demandante es que su agravio provenía no del hecho del patentamiento del invento logrado con base en la genética de sus líneas celulares sino su exclusión en la participación en los beneficios comerciales derivados de los descubrimientos y del aprovechamiento terapéuticos[22].

La sentencia en cambio no debió resolver –por no haber sido demandado así- la nulidad o validez de la patente.

VIH de Gabón.

De acuerdo con lo que se sabe, el virus del VIH que provoca el SIDA se habría originado en África. Los investigadores occidentales están ‘cosechando’ muestras de sangre, saliva y otras células entre prostitutas kenianas, pobladores de las sabanas del África occidental y otros portadores del VIH, buscando encontrar una fuente de inmunidad que pueda conducir al desarrollo de una vacuna o cualquier otro método para frenar la epidemia.

El Instituto Pasteur con sede en París, que reivindica haber descubierto el virus del VIH, se hizo titular en 1991 de la USPatent 5.019.510 sobre una raza mutante del virus-1 del VIH, que supuestamente constituye una fuente de antígenos de utilidad para vacunas y para detectar anticuerpos para el retrovirus. Esa estirpe del VIH-1 fue aislada de muestras extraídas a un "donante" de Gabón en 1986. Este es sólo uno de los varios casos relativos al VIH en que se patentan células humanas tomadas de portadores africanos. Es incierto si esas personas consintieron en ser donantes y mucho más aún si consintieron en ser materia patentable después que sus células fueran cultivadas en los institutos de investigación de Europa y Estados Unidos.

No obstante, la injusta paradoja de estas patentes es el hecho que los africanos muy probablemente no podrán beneficiarse de los resultados de esas investigaciones[23]. El sector más lucrativo de la industria farmacéutica es la investigación en tratamientos para el sida, con terapias que les dejan actualmente márgenes de ganancia superiores al 70%, antes de su distribución (el mercado en los países industrializados está evaluado en U$S 2.300 millones).

La industria farmacéutica ha presionado eficazmente para mantener los tratamientos para el sida fuera del alcance de la mayoría de los africanos, pero en un esfuerzo por mitigar el sufrimiento ocasionado por esa epidemia en el país, el gobierno sudafricano decidió incentivar a los fabricantes locales a producir y distribuir a bajo costo fórmulas genéricas contra el sida. Entre 1997 y 1999 las grandes empresas farmacéuticas respondieron persuadiendo al gobierno de Estados Unidos a que amenazara a Sudáfrica con sanciones comerciales por la violación de sus derechos de patente. Sin embargo, la postura firme del gobierno sudafricano y la fuerte presión ejercida por los activistas del sida en Estados Unidos obligaron a dar marcha atrás, a pesar que las compañías farmacéuticas siguen defendiendo sus patentes[24].

 

Sutherlandia sudafricana y el sida. ¿Quién será su dueño?

En la Sutherlandia Frutescens, una planta originaria de Sudáfrica, podría estar la clave para ofrecer tratamiento a portadores del HIV o enfermos de Sida. Algunos ensayos previos permitieron mejorar las condiciones de los enfermos. El Consejo de Investigación Médica de Sudáfrica inició los ensayos clínicos para establecer las propiedades inmuno-estimulantes de la planta, que ha sido utilizada largamente en la medicina tradicional para el tratamiento de enfermos de tuberculosis, diabetes, esquizofrenia y depresión clínica, y como agente antiretroviral, la planta contiene una fuerte combinación de moléculas tal como pudo comprobarlo un equipo multidisciplinario dirigido por el doctor Nigel Gericke[25].

Gráfico 4 Sutherlandia frutescens

Una variedad de la planta, llamada insisa -la disipadora de la oscuridad- por los pobladores de la tribu san, se ha utilizado como estimulante energético y antidepresivo durante siglos. Por su parte, los curanderos zulúes la conoce como unwele y dicen que fue esta planta lo que ayudó a mitigar los efectos de la devastadora epidemia de influenza en 1918, que causó cerca de 20 millones de muertes en todo el mundo.

Los tswana, que la llaman mukakana, la utilizan para tratar la gonorrea y la sífilis, mientras que los afrikaners la conocen como kankerbossie, o arbusto del cáncer, y la emplean para el tratamiento de personas con cánceres internos y pérdida de peso. Muchos sanadores y curanderos locales como Credo Mutwa, de 80 años, vienen utilizando desde hace ya muchos años la Sutherlandia para tratar a enfermos de Sida, y a ellos se han sumado médicos e investigadores académicos.

Por su parte, una empresa local que se especializa en la producción de medicamentos a partir de plantas autóctonas, Phyto Nova, comenzó a realizar investigaciones sobre las propiedades bioquímicas de la Sutherlandia hace unos tres años y ya ha fabricado tabletas, gel y polvo de alta calidad a partir de la planta, que se administra como suplemento dietético, a enfermos de sida.

Este fármaco es de muy bajo costo dado que sus principios actúan sin necesidad de mayor síntesis química por lo que es la esperanza de miles de millones de seres humanos –especialmente entre los más pobres- para paliar la cruel enfermedad. Frente a este potencial –y sin dejar de lado la expectativa humana- cabe plantear la protección de los derechos patrimoniales de los primitivos conocedores de este principio activo que puede llegar a reportar la cura, la mejoría y por ello mismo, muchos millones de dólares.

Bibliografía complementaria:

Remítase a la señalada en la clase 6.6.  Conflictos en la propiedad y disposición de los recursos biológicos y culturales

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NOTAS:

[1] Epibatidine and derivatives, compositions and methods of treating pain US Patent 5,462,956. John Daly. The United States of America as represented by the Department of Health (Washington, DC).

[2]  En la memoria descriptiva de la solicitud de patentes puede leer: Aislamiento de Epibatidine. A partir de las pieles de 750 Epipedobates tricolor de Ecuador al sudoeste fueron picadas y exprimidas por el trituración tres veces con el metanol (volumen total 1,5 L). Después de que la concentración del extracto del metanol en vacuo al mL 500 y a la dilución con un volumen igual de agua, los alcaloides fueron volcados tres veces en volúmenes iguales de cloroformo. Los alcaloides ....... (trad. de la autora) La patente estadounidense US 5,462,956 concedida el 31 de octubre de 1995 –obtenida para los Estados Unidos, representado por el Instituto Nacional de Salud- está siendo explotada por los Laboratorios Abbott que comercializan en el mercado el producto ABT-594 (derivado de la epibatidine), analgésico 200 veces más poderoso que la morfina.

[3] Cabe destacar, asimismo, que desde 1996 el INEFAN prohibió el uso de esta especie como fuente de recursos genéticos (lo cual incluye actividades de bioprospección).

[4] Jenkins, Carol "Medical Anthropology in Western Schrader Range, Papua New Guinea", in National Geographic Research 3(4):412-430 (1987), p. 413.

[5] Los Angeles Times, 27 de diciembre de 1987, "Disease Threatens Survival of Remote, Stone Age Folk".

[6] Jenkins, Carol "Medical Anthropology in Western Schrader Range, Papua New Guinea", in National Geographic Research 3(4):412-430 (1987), p. 428.

[7] Esta no fue, sin embargo, la primera vez que a los Hagahai se les solicitó muestras de tejido. Ya en 1987, los hallazgos de la investigación de Jenkins informaban que el IMR había enviado para ensayos células de Hagahai a un laboratorio en Australia. Y en 1989 ya se sabía, mediante pruebas inmunológicas del IMR, que cada una de las 24 personas que dieron sangre estaban infectadas con un retrovirus llamado HTLV-1 que los investigadores buscaban.

[8] "Employee Invention Report" (sin número asignado), archivado en el NIH, abril 1990 (Obtenido por RAFI de acuerdo al FOIA).

[9] Téngase en cuenta que la empresa Cambridge Biotech, un fabricante de pruebas de HTLV en Estados Unidos fue vendida a la compañía francesa bioMerieux en U$S 6.5 millones. Marketletter, "Cambridge Biotech To Sell Retroviral Diagnostic Bussiness", 15 de abril de 1996.

[10] Rural Advancement Foundation International, asociación canadiense de defensa del medio ambiente y los intereses indígenas.

[11] El mismo equipo de investigación que obtuvo la patente sobre las células Hagahai peticionó otra sobre células de pueblos de las Islas Solomon. Luego de las protestas diplomáticas y de las ONG en la Conferencia de las Partes de la Convención sobre Diversidad Biológica en Jakarta en noviembre de 1995, el vocero del Departamento de Estado de los Estados Unidos, John Matuzak leyó una declaración a los diplomáticos y a las ONG indicando que la solicitud había sido retirada y que el gobierno de los Estados Unidos no tenía intención de proseguir con ningún reclamo sobre el material biológico de los habitantes de las Islas Solomon.

[12] Citado en la carta de Joanne Belk, Acting Freedom of Information Officer, NIH a RAFI, 26 de abril de 1996.

[13] De la carta de Eli Landy, Especialista legal en libertad de prensa, NIH a RAFI, 22 de marzo de 1996.

[14] Carta Fax de Carol Jenkins, IMR a Carole Kirby, NIH 9 de abril de 1990 (obtenido por RAFI de acuerdo al FOIA).

[15] Del memo del Dr. Stephen Finley al Director del National Institute of Neurological Disorders and Stroke (NINDS), 9 de febrero de 1994.

[16] Uni Tavur (Port Moresby), 23 de febrero de 1996.

[17] Code Of Federal Regulations. Title 45. Public Welfare. Department Of Health And Human Services. Part 46 - Protection Of Human Subjects. (45 CFR 46). Revised June 18, 1991 (Effective August 19, 1991). Edition October 1, 1994

[18] §46.102 Definitions. Human subject means a living individual, about whom an investigator (whether professional or student) conducting research obtains

§         Data through intervention or interaction with the individual, or

§         Identifiable private information.

§         Intervention includes both physical procedures, by which data are gathered (for example, venipuncture), and manipulations of the subject or the subject's environment that are performed for research purposes. Interaction includes communication or interpersonal contact between investigator and subject.

§         Private information includes information about behavior that occurs in a context, in which an individual can reasonably expect that no observation or recording is taking place, and information, which has been provided for specific purposes by an individual and which the individual can reasonably expect will not be made public (for example, a medical record). Private information must be individually identifiable (i.e., the identity of the subject is or may readily be ascertained by the investigator or associated with the information), in order for obtaining the information to constitute research involving human subjects.

[19] § 46.116 General requirements for informed consent.

Except as provided elsewhere in this policy, no investigator may involve a human being as a subject in research covered by this policy, unless the investigator has obtained the legally effective informed consent of the subject or the subject's legally authorized representative. An investigator shall seek such consent only under circumstances that provide the prospective subject or the representative sufficient opportunity to consider whether or not to participate, and that minimize the possibility of coercion or undue influence. The information that is given to the subject or the representative shall be in language understandable to the subject or the representative. No informed consent, whether oral or written, may include any exculpatory language, through which the subject or the representative is made to waive or appear to waive any of the subject's legal rights, or releases or appears to release the investigator, the sponsor, the institution or its agents from liability for negligence.

a. Basic elements of informed consent. Except as provided in paragraph (c) or (d) of this section, in seeking informed consent, the following information shall be provided to each subject:

§         A statement that the study involves research, an explanation of the purposes of the research, and the expected duration of the subject's participation, a description of the procedures to be followed, and identification of any procedures which are experimental;

§         A description of any reasonably foreseeable risks or discomforts to the subject;

§         A description of any benefits to the subject or to others which may reasonably be expected from the research;

§         A disclosure of appropriate alternative procedures or courses of treatment, if any, that might be advantageous to the subject;

§         A statement describing the extent, if any, to which confidentiality of records identifying the subject will be maintained;

§         For research involving more than minimal risk, an explanation as to whether any compensation, and an explanation as to whether any medical treatments are available, if injury occurs and, if so, what they consist of, or where further information may be obtained;

§         An explanation of whom to contact for answers to pertinent questions about the research and research subjects' rights, and whom to contact in the event of a research-related injury to the subject; and

§         A statement that participation is voluntary, refusal to participate will involve no penalty or loss of benefits to which the subject is otherwise entitled, and the subject may discontinue participation at any time without penalty or loss of benefits, to which the subject is otherwise entitled.

b. Additional elements of informed consent. When appropriate, one or more of the following elements of information shall also be provided to each subject:

§         A statement that the particular treatment or procedure may involve risks to the subject (or to the embryo or fetus, if the subject is or may become pregnant), which are currently unforeseeable;

§         Anticipated circumstances under which the subject's participation may be terminated by the investigator without regard to the subject's consent;

§         Any additional costs to the subject that may result from participation in the research;

§         The consequences of a subject's decision to withdraw from the research, and procedures for orderly termination of participation by the subject;

§         A statement that significant new findings developed during the course of the research, which may relate to the subject's willingness to continue participation, will be provided to the subject; and

§         The approximate number of subjects involved in the study.

[20] En 1983, David Golde y otros solicitaron una patente sobre la línea de células Mo, la cual había demostrado producir altos niveles de proteínas útiles y el 20 de marzo de 1984 le fue otorgada la United States Patent 4,438,032 para una línea singular de linfocito T y sus derivados, a nombre de Golde; David W. (Los Angeles, CA) y Quan; Shirley G. (Los Angeles, CA) y siendo los regentes de la University of California (Berkeley, CA) los asignatarios de la misma

[21] Durante el proceso se demostró que los asignatarios había firmado un acuerdo exclusivo con el Genetics Institute de Boston, que les dio a cambio 75.000 acciones valoradas entonces en unos 1,992,540.70  U$S y que habían también acordado con la empresa Sandoz los derechos mundiales de comercialización de los productos farmacéuticos que pudiesen resultar de la información genética de las células de Moore.

[22] Obviamente, Moore no pudo sostener su desconocimiento acerca de los estudios que se realizarían, ni de la finalidad terapéutica que los mismos llevaban, aunque si reprochar las consecuencias –prácticamente inevitables en una economía de mercado- económicas que reportó la investigación a la universidad y a los científicos involucrados.

[23] Más de la mitad de los 22 millones de portadores actuales del VIH viven en África, pero el costo actual de la terapia antiretro viral (conocida como triple plan) es 30 veces mayor que el ingreso promedio anual en el continente.

[24] Por otra parte, el gobierno estadounidense sigue impidiendo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) desarrolle medicamentos sobre la base de patentes protegidas según su legislación.

[25] Dempster, Carolyn. En una planta sudafricana podría estar la clave para alargar la vida de enfermos de Sida en El Corresponsal de la BBC. 12 de enero de 2002

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Colección: Derecho, Economía y Sociedad

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Última modificación: 09 de Julio de 2005

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