En casos
de reproducción sexual existe recombinación de genes en la meiosis: esta
recombinación no consiste solamente en un intercambio de cromosomas enteros
entre homólogos, ella puede darse en el ámbito de las diferentes partes de un
mismo cromosoma en la etapa de la meiosis (crossing-over), durante la
gametogénesis.
La
comprensión de esta realidad comenzó con la llamada primera ley de Mendel[1] o principio de segregación: cada individuo lleva un par de factores
para cada característica y los miembros del par segregan (se separan) durante
la formación de los gametos; más aún, los alelos (o factores del gen para cada
característica) segregan independientemente de los alelos del gen para otra
característica, a esta constatación se la conoce como segunda ley de Mendel o
principio de distribución independiente[2].
Se debe
distinguir la variación genética (hereditaria) de la variación producida
durante el transcurso de la existencia de un organismo bajo la influencia de
factores externos: estos caracteres adquiridos no corresponden más que a
variaciones en la expresión de las potencialidades del organismo y no son
transmitidas a la generación siguiente, ya sea que se trate de organismos uni-
o pluricelulares. Por lo tanto, en el conjunto de las diferencias que se
pueden presentar entre los individuos de una misma especie, unas dependerán de
la adquisición individual y otras de las potencialidades hereditarias;
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Gráfico
1 Herencia ligada al sexo en la Drosophila
melanogaster. |
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La
apariencia de un individuo desde todo punto de vista (anatómico, fisiológico,
físico) constituye el fenotipo del individuo, que resulta de una cooperación
entre todos los genes cromosómicos que se expresan, el material genético
extra-cromosómico y el medio en el que se halla el organismo[3].
El
material genético cromosómico constituye el genotipo que se encuentra sometido
a las leyes de la herencia mendeliana, en caso de reproducción sexual
biparental.
La idea de
base es que un gen determina un carácter del individuo, pero esto debe ser
relativizado. En principio, desde la actividad primaria de un gen a la
realización de un carácter se extienden toda una serie de relaciones de
causa-efecto y de coordinación con otros genes que no son posibles de conocer.
Por lo que se debe tener en cuenta los fenómenos de dominancia (o de recesión)
entre los alelos de cromosomas homólogos. Un individuo diploide posee dos
juegos de cromosomas, cada uno con dos cadenas hereditarias o alelos para un
mismo gen. En un individuo los dos alelos pueden ser
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idénticos (homocigoto
para ese gen) o
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diferentes (heterocigoto para ese gen).
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En este último caso,
una de las dos cadenas es dominante y es aquella que se expresará en el
carácter correspondiente. La otra es recesiva y no podrá expresarse a no ser
que se junte con otra cadena recesiva análoga en el transcurso de una
generación siguiente (ciertos caracteres no podrán expresarse a no ser que
sean homocigotos). El fenotipo de un heterocigoto muestra siempre el carácter
dominante y no es distinguible del homocigoto para ese gen[4].
Existe,
asimismo, interacción entre genes no encadenados que se manifiestan por
fenómenos de epistaxis (un gen enmascara a otro). Finalmente, están los
fenómenos de pleitropía (un gen determina varios caracteres) y de
polimería[5] (varios genes no encadenados colaboran en la realización de un sólo
carácter).
Los
principios de la genética son, por supuesto, los mismos para todos los seres
de cualquier especie eucariota diploide.
Bibliografía complementaria:
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