"La armonía total de este mundo está formada por una natural
aglomeración de discordancias".
Séneca, Lucius Annaeus
as ciencias naturales, la biología u otra de las
disciplinas así agrupadas, son una manera de investigar principios de orden.
El arte es otra forma, al igual que la religión y la filosofía. La ciencia
difiere de éstas, en que limita su búsqueda al mundo natural, al universo
físico. También, y tal vez más significativamente, difiere de ellas en el
valor central que da a la observación (en particular esa clase estructurada de
observación que se llama experimentación). Dado el énfasis que pone en la
objetividad, los juicios de valor no pueden hacerse en la ciencia de la manera
que los mismos se hacen en la filosofía, en la religión y en las artes y, de
hecho, en la vida cotidiana. Si algo es bueno, bello o correcto en un sentido
moral, no puede ser determinado por el método científico, ni está sujeto a
comprobación científica.
No obstante, la decisión
o el intento de valorar los logros y el alcance -y así determinar la
dirección- de las ciencias naturales y de sus aplicaciones tecnológicas deberá
partir, ineluctablemente, del conocimiento y comprensión de las reglas
científicas y de su objeto de estudio. Si la pretensión es la de estructurar
las pautas regulatorias de las “técnicas capaces de operar con o sobre
agentes biológicos, aprovechando o dirigiendo las facultades primordiales de
los seres vivos, para la obtención de bienes o servicios”[1]
es menester darle comienzo de ejecución -como ya se advirtiera en la
Introducción a este trabajo- desde el campo de la biología.
La biología moderna
incluye -sin los cuales es imposible comprenderla- cuatro principios
fundamentales, a saber:
Todos los organismos
están formados por células. Unidades similares en todos los organismos
vivientes que ponen de manifiesto la uniformidad básica de todos los sistemas
vivos. Acuñada en el siglo XVII por Robert Hooke, la palabra célula fue
adoptada para designar la unidad elemental de los tejidos vegetal -en 1838,
por Matthias Schleiden- y animal, en 1839, por Theodor Schwann.
Todos los organismos
obedecen a las leyes de la Física y de la Química. Uno de los mayores logros
de la ciencia es el cúmulo de conocimientos alcanzados acerca de la
composición química de los organismos y sobre la manera en que tales
compuestos reaccionan entre sí para desencadenar el fenómeno identificado como
vida.
Probablemente el más
poderoso impulso que jamás haya recibido la investigación biológica fue la
aceptación definitiva de que resultaba fútil buscar las “fuerzas vitales”[2]
que distinguiesen a los organismos vivos de la materia inanimada. La especial
naturaleza de los seres vivos no la confieren los principios químicos sino más
bien la manera inmensamente compleja con que utilizan las leyes ordinarias de
la química. Los objetos de estudio científico no se distinguen por una
diferencia de principio, sino por el grado de complejidad de los sistemas
estudiados, los métodos de análisis, y el lenguaje científico utilizado para
hablar adecuadamente. De este modo la hipercomplejidad de los sistemas
vivientes imponen la necesidad de utilizar los métodos biológicos propios que
permiten hacer el análisis desde un nivel más elevado de complejidad que los
de la química o la física, y servirse de conceptos específicos.
Todos los organismos
requieren energía. De acuerdo a las leyes de la termodinámica
- capítulo de la física aplicable a los sistemas vivos- la energía puede
cambiar de una forma a otra pero no puede ser creada ni destruida, es
decir, permanece constante; asimismo, todos los fenómenos naturales proceden
de modo tal que las concentraciones de energía tienden a disiparse o volverse
aleatorios. Un sistema vivo, que es una concentración de energía, puede
mantenerse -frente a esta tendencia- por el ingreso constante de energía. Este
flujo de energía es la esencia de la vida y la célula puede ser vista como un
complejo de sistemas para transformar energía.
Todos los organismos son
el resultado de la evolución. Evolución definida como el resultado de una
selección natural que determinará que los individuos con ciertas
características hereditarias sobrevivan y se reproduzcan y otros, no (lo cual
debe ser entendido -de acuerdo con la teoría sintética de la evolución- como
la aptitud del genotipo de un individuo para estar presente en las
generaciones futuras)[3].
Tales características o variaciones producidas por la interacción de los
organismos individuales durante una serie de generaciones le confiere a la
evolución una dirección y una adaptación -aunque imperfecta- de las
poblaciones a su ambiente.
Es un problema
actualmente abierto y sujeto a importantes discusiones e investigaciones el de
determinar en qué momento el modelo evolutivo deja de ser aplicable cuando
descendemos en la escala filogenética: ¿puede aplicarse el modelo de la lucha
por la supervivencia y la selección natural a macromoléculas orgánicas
separadas, o a las urcariotas protobiontes anteriores a las primeras
procariotas? ¿Puede establecerse una modulación climacológica del modelo que
permita entender, desde sus determinaciones internas, su funcionamiento
diferencial conforme descendemos en la escala evolutiva, hasta llegar a su
propia degeneración, degradación y desaparición como tal modelo en el nivel de
ciertas estructuras de la química del carbono? Si estas preguntas pudieran ser
respondidas o, al menos, precisadas en alguna medida, se arrojaría mucha luz
acerca de los límites de la categoría biológica con respecto a la categoría
físico-química y, más en general, sobre el alcance de ciertas teorías
metafísicas que pretenden poder progresar causalmente desde las moléculas, los
átomos, o incluso, las estructuras subatómicas, hasta las células, los
tejidos, y los organismos de la biología. Al descender en esa escala
filogenética, el momento en el que el modelo de la evolución deja de engranar
con los materiales y los fenómenos habrá que interpretarlo como un indicio
sólido de que esos procesos considerados ya no son categoriales, determinados,
sino que conducen a teorías metafísicas, a teorías que son incapaces de
progresar nuevamente a los fenómenos.
Bibliografía complementaria:
|
ENSAYOS Y
NOTAS DOCTRINARIAS
|
APUNTES Y
ACTUALIDAD
|

|