“Vimos que había neuronas
que respondían en forma selectiva a distintas imágenes de una misma persona:
fotos desde distintas perspectivas, caricaturas e incluso a su nombre
escrito", comentó el doctor Gabriel Kreiman, investigador argentino
-actualmente en el Centro de Aprendizaje Biológico y Computacional del
Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés),
Estados Unidos- y coautor del estudio.
En la década del sesenta,
el neurocientífico Jerry Lettvin acuño la teoría apodada "neurona de la
abuela", que sugería que la información concerniente a un concepto descansaba
en una sola neurona. De ser eso cierto, si la neurona que alberga el recuerdo
de la abuela deja de funcionar, explicaba por aquel entonces Lettvin, nos
olvidamos de... nuestra abuela.
En manos de los psicólogos
de los sesenta, la idea de neuronas tan autosuficientes fue tildada de
simplista y, luego, olvidada. En contraposición, la idea de una compleja red
neuronal, en la que cada una de estas células alberga una suerte de píxel de
la imagen final, parecía más atractiva.
Cuatro décadas más tarde,
las investigaciones dirigidas por Quian Quiroga comienzan a aportar suficiente
evidencia científica como para pensar que Lettvin no estaba tan errado.
El investigador argentino
se ha dedicado por años al desarrollo de técnicas que permiten estudiar las
señales que emiten las neuronas que son monitoreadas por los electrodos
intracraneanos, empleados habitualmente para el estudio de los pacientes
epilépticos candidatos a cirugía.
"La Universidad de
California en San Francisco, donde realizamos el estudio, es uno de los pocos
lugares que cuentan con sistemas de electrodos que permiten captar las señales
individuales de cien neuronas al mismo tiempo", señaló Quian Quiroga.
Los electrodos suelen
colocarse en el hipocampo, una región cerebral crucial para la buena memoria.
El hipocampo es el encargado de llevar la información que se encuentra en la
memoria de corto plazo (aquella que alberga la huella de los sucesos
recientes) a la corteza cerebral, donde finalmente se almacenan los recuerdos.
"Si el hipocampo está
dañado, la persona no puede incorporar nuevos recuerdos, que es lo que sucede
en la película «Memento»", acotó Quian Quiroga, en comunicación telefónica
desde Kleve, Alemania.
Por Sebastián A. Ríos de
LA NACION 23 de junio de 2005