Un bebé fruto de la manipulación germinal
Por Enrique Coperías
Fuente:
http://revista.libertaddigital.com/articulo.php/1030
El investigador J. A.
Barritt y sus colegas del Institute for Reproductive Medicine and Science of
Saint Barnabas, West Orange (EEUU) han anunciado en la revista Human
Reproduction “el primer caso de modificación genética germinal humana que ha
dado como resultado un niño saludable”. La noticia apenas se ha hecho eco en
los medios de comunicación, pero el nacimiento de este bebé ha provocado un
auténtico revuelo dentro y fuera de la comunidad científica al otro lado del
Atlántico. La posible manipulación de las células germinales, es decir, las
reproductoras “óvulos y espermatozoides”, ha generado un acalorado debate
entre científicos, expertos en reproducción asistida, moralistas, religiosos y
otros sectores de la sociedad.
De forma sencilla, se
puede decir que lo que ha hecho el doctor Barritt ha sido trasplantar el
ovoplasma del óvulo de una donante en el óvulo de una mujer infértil debido a
defectos en su ovoplasma. Recordemos que el ovoplasma es la parte viva del
interior de la célula reproductora femenina, excluyendo el material
hereditario, o sea, el ADN. Una de las consecuencias de este trasplante fue la
transferencia de mitocondrias “las centrales energéticas de la célula” de un
óvulo al otro. Para un profano en la materia, este trasiego de orgánulos
celulares carece de importancia, pero abre las puertas a lo que los expertos
denominan terapia germinal, es decir, la manipulación genética de las células
reproductoras.
Numerosos científicos han
calificado el experimento del doctor Barritt como un intento de abordar la
terapia germinal pero por la puerta de atrás, una práctica hoy por hoy vetada.
Los críticos basan sus argumentos en el hecho de que las mitocondrias son,
junto al núcleo celular, los únicos elementos de la célula que poseen ADN.
Pero mientas el nuclear tiene 3.000 millones de pares de bases o letras
químicas en que está escrita la herencia, el ADN mitocondrial (ADN-mt) sólo
posee 16.500. Curiosamente, los 37 genes que se extienden a lo largo del
reducido lazo de ADN-mt se heredan únicamente de la madre, por medio de las
mitocondrias contenidas en el óvulo. La aportación del espermatozoide es
despreciable, por no decir nula.
Así pues, la inclusión de
un ovoplasma extraño en un óvulo no sólo aporta un puñado de nuevas
mitocondrias, sino también el material genético que contienen. ¿Puede
considerarse esto una terapia germinal? El niño ha nacido con una polémica
bajo el brazo. En realidad, el doctor Barritt ha reavivado el debate público
sobre las limitaciones del uso de las técnicas reprogenéticas en la concepción
de niños. Hasta hoy, la terapia génica sólo ha actuado en las células
somáticas, es decir, no reproductoras. Efectivamente, para el tratamiento de
ciertas dolencias de origen genético, los científicos manipulan el ADN para
sustituir un gen defectuoso por una versión sana. Ahora bien, la modificación
genética desaparece con el individuo, ya que no se transmite a la herencia.
Por el contrario, en la terapia germinal, el gen pasa a las siguientes
generaciones a través de las células reproductoras. Las implicaciones éticas
de una y otra técnica son muy dispares. La terapia germinal abre las puertas
de par en par a la creación de niños a la carta. Sin embargo, sus defensores
aseguran que es la vía más eficaz para eliminar de raíz un elevado número de
enfermedades que pasan impunemente de padres a hijos.
Hasta hoy, nadie había
incluido las mitocondrias en los debates bioéticos. De hecho, eran
consideradas unos portadores genéticos de segundo orden que apenas dejan
huella en el fenotipo del individuo. La realidad es bien distinta. Las
mitocondrias gobiernan la producción celular de energía y, en la última
década, los científicos han descubierto que las mutaciones y deficiencias en
el ADN-mt humano están implicadas en más de un centenar de patologías. Algunas
son muy infrecuentes y de perfiles borrosos, aunque potencialmente
catastróficas. Ahora bien, los desaguisados en este material genético podría
estar detrás de muchos casos de cánceres, diabetes, infartos y otras dolencias
comunes. Por no mencionar las investigaciones que avalan su papel en el
envejecimiento, la degeneración cerebral o en el importantísimo mecanismo
biológico conocido como apoptosis o muerte celular programada.
Algunas voces autorizadas
opinan que el doctor Barritt se ha precipitado al asegurar que ha cruzado la
frontera de la línea germinal humana, pues en su intervención sobre el óvulo
no utilizó ni ADN recombinante, ni manipuló el núcleo celular ni alteró un
gen. Para otros, los investigadores de West Orange han puesto un pie al otro
lado de la raya.