Ing. Ftal. Fabio Berón
- Vicepresidente de la
Asociación de Ing. Forestales del Chubut
Un viejo proverbio forestal dice:
“Hay quien pasea por un bosque y solo ve leña y madera”.
Hoy entrados en el siglo
XXI ya no podemos desconocer que los bosques nativos brindan una multiplicidad
de bienes y servicios, algunos convencionales y otros no tanto.
Dentro de la función
productora de bienes que poseen los ecosistemas forestales se encuentran los
llamados maderables. Todos conocemos la función del bosque de producir, entre
otros, bienes como la leña, que se usa para la calefacción y cocción de
alimentos y la madera, con la que se construyen viviendas, aberturas, muebles,
corrales, varillas, tranqueras, artesanías, en fin, solo vale mirar alrededor
para descubrir la madera en muchos objetos.
También, es creciente la
valorización por parte de nuestra sociedad, de una serie de bienes reconocidos
como “no maderables”, tradicionales y no tradicionales: hongos, helechos,
flores, pasturas y otros. Ellos son utilizados como fuente de alimento para
nosotros, los animales domésticos y fauna silvestre, además de adornos,
decoración, etc.
A su vez, los bosques
cumplen una función esencial de protección de otros recursos naturales como lo
son: los suelos, protegiéndolos de la erosión y la flora y fauna silvestre
asociada a las estructuras boscosas. Vale destacar en este último punto la
importancia y relevancia de los ecosistemas boscosos en el resguardo de la
biodiversidad. Por ejemplo: los bosques andinopatagónicos resguardan especies
en peligro de extinción que son consideradas con un status especial de
protección como el Huemul, Pudú y Lahuanes entre las principales. Por otro
lado, muchas especies, fundamentalmente de la flora, tienen un gran potencial
en la industria farmacéutica.
Análogamente, los bosques
son valorados como bienes naturales, un valor per se que se identifica en
paisajes, parques y entornos naturales. En este sentido, el estilo de vida
moderno y artificial crea una demanda social muy importante, que nos dispone a
“consumir” ambientes naturales, lo cual genera una alternativa económica a las
regiones que disponen de estos bienes (turismo ecológico o de aventura,
recreación social, etc.).
Por último, quizás en el
lugar más importante en un futuro no muy lejano serán los llamados Servicios
Ambientales Forestales los que re-valorizan a los bosques nativos en un
contexto global. La valoración de los servicios ambientales del bosque se
manifiesta a partir de un creciente y alarmante deterioro del medio ambiente a
nivel local y global, como consecuencia del aumento del estándar de vida (o
consumo). Este fenómeno se observa especialmente en los países “desarrollados”
que a través del aumento en el consumo de bienes y servicios, (esencialmente
alimentos y energía), expanden las fronteras de la agricultura y la ganadería
en detrimento de las tierras forestales, incrementándose, el consumo de
energía no renovable derivada de combustibles fósiles (gas y petróleo).
Los ejemplos más conocidos
de desequilibrios ambientales de relevancia mundial, causados por estos
“excesos” de este mundo “moderno, desarrollado o en vías de...” son el agujero
de la capa de ozono, la acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera, y
la contaminación del agua potable, entre los principales. Lo cierto es que los
bosques juegan un ROL ESTRATEGICO en esta problemática, pues en definitiva son
una reserva de Carbono excepcional, producen oxígeno, purifican las aguas, y
regulan el régimen hídrico, entre tantos de otros servicios que prestan.
El pueblo del Chubut día a
día recibe los beneficios de los servicios ambientales forestales, cuando
quema los derivados de los combustibles fósiles (gas, nafta , petróleo),
consume energía hidroeléctrica o simplemente agua potable para tomar, regar o
darle uso industrial. Muchas veces el problema radica en que esto no se valora
en su justa medida, ya sea por desconocimiento, falta de información o
educación.
Ahora bien, si analizamos
la situación en los países “desarrollados”, como Estados Unidos, Alemania,
Canadá, Nueva Zelanda, Francia o Rusia se verá claramente que los bosques
nativos permanecen, en gran medida, en manos comunes (Estado Nacional,
Provincial, Municipal, comunidades aborígenes y otras formas de organización
comunitaria como ONGs y sistemas cooperativos). Inclusive, estos Estados y
organizaciones actualmente realizan grandes inversiones para recuperar sus
entornos naturales privatizados.
Es en este contexto, donde
creemos que se debe analizar, discutir y reglamentar los alcances del articulo
105 conjuntamente con el 106 de la Constitución Provincial.
El artículo 105 de la
Constitución Provincial, algunos alcances.
Los convencionales del
´94, en representación del pueblo del Chubut y por lo tanto responsables de
nuestros intereses, modificaron la Constitución Provincial, haciendo extensiva
esta reforma a los artículos referentes a los Bosques de la Provincia,
quedando abierta la posibilidad de “enajenación” del recurso, hasta entonces
inalienable (no vendible) por parte del Estado Provincial.
Concretamente el nuevo
artículo 105 en su primera parte dice:
“El bosque nativo es de
dominio de la Provincia. Su aprovechamiento, defensa, mejoramiento y
ampliación se rigen por las normas que dictan los Poderes públicos
provinciales. Una ley general regula la enajenación del recurso, la que
requiere para su aprobación el voto de los cuatro quintos del total de los
miembros de la Legislatura. La misma ley establece las restricciones en
interés público que deben constar expresamente en el instrumento traslativo de
dominio, sin cuyo cumplimiento éste es revocable...”
En principio vale analizar
el contexto en el que se redacta este artículo constitucional. No se puede
olvidar que en el año 1994, se vivía un proceso privatizador a nivel nacional
y provincial, cuyas consecuencias sufrimos actualmente. Por ejemplo, parece
aceptada la idea que el servicio telefónico ha mejorado desde su
privatización, pero cierto es también, que el costo que tenemos que pagar por
ese servicio, uno de los más caros del mundo, es sencillamente excluyente de
buena parte de la población a pesar de ser público. Lo mismo con el gas, el
transporte urbano y aéreo, etc.
En este sentido, vale
aclarar que, los servicios públicos privatizados, están perfectamente
definidos y por lo tanto se pueden cuantificar en un sistema de mercado, a
diferencia de muchos bienes y servicios de un bosque que aún carecen de valor,
pues sencillamente no se lo conoce, no se los valoriza en la economía formal o
no gozan de un precio por tener carácter de público. Expresado claramente, una
cosa es privatizar una empresa de servicios públicos bien definida y
“protegible” y otra muy diferente es privatizar un ecosistema que presta una
multiplicidad de bienes y servicios, muchos de ellos aún desconocidos. Este
punto es de importancia relevante pues a la hora de enajenar un bosque nativo
se hace muy difícil valorar y por lo tanto asignar un precio justo en un
sistema de mercado ¿Cuánto vale un bosque como “productor de paisaje”, captor
de carbono, productor de oxigeno o regulador o purificador de agua? Y
suponiendo que podemos encontrar o cuantificar ese valor ¿Quién pone el precio
y quien podrá o no pagarlo? Si se transfiere el dominio ¿bajo que
restricciones administrativas y de uso? transferido el dominio ¿quién
garantiza que el propietario lo use en aras del interés general?
Al punto anterior, de
carácter práctico, se le deben sumar los problemas de índole ético que
plantean algunas corrientes filosóficas de creciente aceptación. Un planteo
eco-centrista podría ser ¿Hasta dónde llegan los derechos de los seres humanos
de transar “libremente” en un mercado, por cierto “con muchas imperfecciones”
las partes de un ecosistema que tarda hasta cinco veces la vida de un hombre
en conformar sus estructuras tal cual las conocemos, además de sustentar un
sin número de vida y funciones? o ¿Hasta dónde llegan los derechos de árboles
centenarios y de ecosistemas únicos, los que no ocupan bancas en la mesa de
discusión?.
Ahora bien, también es
cierto que este patrimonio, bajo dominio del Estado, tampoco es garantía de su
conservación, si no hay una fuerte vocación o decisión por parte de los
sucesivos gobiernos para llevar adelante políticas de Estado comprometidas con
la conservación y uso sostenido del Recurso Natural y Humano relacionado, en
una gestión integradora de ambos. Aun así, la experiencia histórica indica que
la apropiación privada de recursos, previamente comunales, ha sido lo que lo
ha llevado a su ruina y desaparición. En Chubut y en el Mundo hay muchos
ejemplos para dar, lo cierto es que la privatización de los recursos naturales
con estas característica en favor de un interés particular, sobre todo de
aquellos de crecimiento lento, no es la solución al problema de su
conservación, mas bien es la delegación del problema al sector privado.
Por otro lado, la realidad
en Chubut es que, a pesar del mandamiento de la Constitución del ´58, se
avanzó en la entrega de títulos de propiedad a particulares en tierras
forestales con bosque nativo en la cordillera chubutense, producto de una
fuerte presión colonizadora en la ocupación del territorio a partir de la
actividad ganadera, muchas veces avalada y promocionada por el mismo Estado
provincial. Es necesario resaltar que como consecuencia de este proceso se
“desarrolló” buena parte de la cordillera y hoy, inclusive, sustenta una parte
de la economía regional. Tampoco podemos ser injustos con los pioneros, y
pobladores originarios (padres y abuelos) que enfrentaron el desafío y
equivocados o no, le pusieron sangre, sudor y lágrimas, a la posibilidad de
habitar este rincón del planeta. Indudablemente los responsables de decidir
como sigue la relación con el ecosistema somos nosotros...
Entonces, el punto está en
qué y cómo se quiere y pretende USAR o aprovechar de acá en más, este legado,
natural y cultural, pues así lo define la Constitución “El Estado determina el
aprovechamiento racional del recurso y ejerce a tal efecto las facultades
inherentes al poder de policía”. En este sentido, lo primero que se debería
analizar son los problemas de conservación y gestión del recurso, a saber:
Primero, hay que destacar
que se queman, en promedio, casi 5.000 hectáreas por año de bosque nativos en
Chubut y si bien el estado provincial y nacional hacen un esfuerzo en este
sentido, las áreas siniestradas no vuelven a ser reforestadas y lo peor, nunca
se encuentran responsables por estos actos criminales, ya que la mayoría son
causados en forma intencional.
Segundo, casi el 90% de
los bosques considerados con aptitud maderable (lenga, coihue y ciprés de la
cordillera) son usados simultáneamente como “praderas de pastoreo” (veranadas
e invernadas) sin mediar un control estricto en este sentido a pesar de estar
previsto por ley su sanción, provocando por parte de la ganadería un deterioro
continuo y permanente a los renovales que conformarán el futuro bosque.
Tercero, el
aprovechamiento forestal, muchas veces, no tiene en cuenta reglas ambientales,
forestales, ni laborales mínimas, deteriorando o agotando la posibilidad en el
largo plazo de la producción de bienes maderables, no maderables y servicios
ambientales. No se realizan las inversiones necesarias para el manejo y no se
tiene en cuenta la compatibilidad del uso extractivo con otros usos posibles y
factibles que agregarían valor a los ecosistemas (el paisaje, y otros bienes y
servicios ya mencionados), además de no cuidar aspectos del recurso humano
como la seguridad y capacitación.
Cuarto, a medida que se
fueron poniendo en valor algunos de los bienes y servicios que presta el
bosque, las instituciones del Estado en relación a la gestión del recurso,
fueron acomodando sus “quintas” según se fueron produciendo las necesidades,
convertidas hoy en compartimentos estancos y debilitadas, que impiden llevar
adelante una gestión integrada y adaptada a los tiempos que corren. Primero la
oficina nacional de tierras y luego el Instituto Autárquico de Colonización (IAC),
otorgaron los derechos de pastaje y mediante un régimen de obtención de la
propiedad de la tierra avanzaron en la adjudicación al sector privado de
alrededor del 50% de tierra con vocación forestal pero con un fin ganadero. La
Dirección de Bosques y Parques (DGByP), con fuerte arraigo en la cordillera,
por otra parte, se ocupó del bosque como productor de madera y llevó adelante
diferentes políticas de uso y aprovechamiento del bosque nativo y promoción de
las forestaciones, que sin llegar a enajenarlo, lo dio en concesión y
tercerizó su uso. Esta administración paralela, una del “suelo” y otra del
“vuelo” de un mismo recurso o ecosistema, el bosque nativo, superpuso los
permisos de pastoreo a los de corta y viceversa, resultando nefasta para la
conservación del recurso pues estas dos formas de uso sin un programa común,
son incompatibles.
A esto se le sumó
paulatinamente la posibilidad del desarrollo turístico en la región, donde el
paisaje que conforma el bosque nativo en el entorno montañoso es el patrimonio
natural de atracción prevalente, representando hoy conjuntamente con el
aprovechamiento de bienes maderables y no maderables, una economía alternativa
dependiente del recurso. En este sentido la actual Secretaria de Turismo
promueve la creación de algunas áreas protegida con fin recreativo.
Si a esto le agregamos que
en los ochenta el IAC transfirió a los Municipios la administración de tierras
fiscales, el punto es que estamos en un conflicto jurisdiccional y de
intereses sectoriales, que afectan a la definición de una clara y concreta
política de Estado para la conservación del recurso y el desarrollo social y
económico de la región.
En los últimos años se
agregó una nueva amenaza, que de consolidarse beneficiaria a un reducido
sector social, probablemente foráneo. Se trata del negocio inmobiliario
generado por las expectativas de compara-venta de servicios ambientales de los
recursos forestales a nivel internacional y por la adquisición de ambientes
naturales agrestes como lugar de residencia, tendientes al NO – USO del
recurso, quizás lo más complicado para el pueblo del Chubut, pues saca de
producción áreas de interés general, acentuando a futuro los problemas de
pobreza, desocupación y marginación social... -