Sandra
Laing nació en 1955 en medio de minas de oro y bosques de pino de Sudáfrica.
Cuando vieron por primera vez a Sandra, nadie, ni la enfermera, ni su madre,
padre o vecinos quisieron admitir lo obvio.
Sus padres, Abraham y Sannie
Laing eran blancos, al igual que sus padres, abuelos y bisabuelos, pero su hija
era negra. A través de una rareza biológica, el pigmento de un ancestro negro
desconocido que permaneció dormido durante generaciones se manifestó en
Sandra.
La
vida de Sandra Laing es una historia extraordinaria de búsqueda de la identidad
en medio de un sistema construido sobre la raza y los prejuicios, y en donde el
hogar, la escuela, el trabajo y hasta la vida sexual se ven demarcados por el
color de la piel. El destino de Sandra (cuya familia es afrikaner y
conservadora) fue una ruda jugada de la naturaleza y las leyes mendelianas.