SAN SALVADOR DE JUJUY.- A pesar de la grave
crisis que vive el país y la provincia, las comunidades indígenas jujeñas
estuvieron de parabienes. Por un lado, una decena de organizaciones celebraron
con particular emotividad el Kapaj Raymi o "La Fiesta Grande" en la plazoleta
Tupac Amaru, de esta capital. Por otro, curanderos indígenas fueron
oficialmente reconocidos por el secretario de Salud Pública local, Juan Carlos
Muller, como auxiliares de los agentes sanitarios.
En cuanto a la celebración, está
relacionada con el cambio de estación; por eso se celebró el viernes último.
Esta fecha marca el tiempo de los primeros frutos que se recogen y que fueron
plantados tres meses antes, en la primavera, y prenuncian la abundancia de los
dones que tiene la tierra.
Al mediodía solar, tres oficiantes
comenzaron la ceremonia en la plazoleta de piedra. Uno de ellos, conocido como
el "hermano José", fue vestido con ropas propiciatorias: un poncho, chaleco de
llama, un chulo en la cabeza, una faja multicolor, pantalones de barracán y
sandalias.
Inmediatamente, se arrodilló en un aguayo
colocado al lado de un pequeño cuadrado de césped y desde allí fue recogiendo,
una a una, frutas y verduras, hojas de coca y un poco de vino y chicha de
maní. Levantaba las ofrendas en lo alto para que recibieran la bendición de "Inti"
(el sol) y luego, las depositaba agradeciendo a la Pacha Mama.
En cuanto a los curanderos del interior de
la provincia, Muller reveló -durante una visita que efectuó a los
departamentos de Susques, Rinconada y Cochinoca, situados en plena puna jujeña
a 3500 metros de altura y con población kolla- que aquéllos prestarán servicio
"en el sistema de salud oficial".
Precisó que, desde su dependencia, se
analizan diferentes subprogramas de salud para trabajar con los "médicos
originarios", vulgarmente conocidos como curanderos.
El funcionario destacó: "Ellos tienen que
ser verdaderos aliados de la salud pública, no adversarios. Tenemos que
intercambiar información y otorgarles conocimientos sobre ciertos niveles de
alarma de forma tal de que se transformen en una ayuda para nuestras
estrategias. Esta idea no es alocada ni nueva, ya se aplica en otras
provincias", dijo Muller, y citó como ejemplo a Neuquén.
En referencia a la atención de pobladores
de zonas rurales, el funcionario destacó: "Tenemos que actuar con prevención
en aquellos lugares donde existe una elevada tasa de mortalidad
materno-infantil, como en Rinconada, donde viven unas 4000 personas".
La Nación (Buenos Aires), 24 de diciembre de
2001.