Los restos
óseos fueron desenterrados y trasladados a un laboratorio del CADIC, donde se
estudiará el entorno para saber si se trata de un enterratorio, costumbre de
los primeros habitantes de la isla, sobre la que se tiene poco conocimiento.
Además, extraerán muestras de ADN para determinar a qué corriente migratoria
pertenece, de qué se alimentaba, y definirán el sexo del individuo.
"El
esqueleto está muy bien conservado, totalmente articulado, con la dentadura
completa, pero no podemos decir que sea un selk’nam (ona), si bien habitaba la
misma región y tiene características de haber sido un cazador pedestre",
explicó la antropóloga Mónica Saleme.
El
lugar del hallazgo está situado a unos tres mil metros de la costa actual, en
el paraje denominado La Arcillosa II. El cuerpo, de 1,7 metros de altura,
quedó dispuesto en posición fetal, apoyado sobre el lateral derecho, con la
mano izquierda debajo de la cabeza y las piernas encogidas, con las rodillas
cerca del pecho.
Aunque las
precisiones surgirán de los siguientes pasos de la investigación, hay
registros de selk’nams -no humanos, sino herramientas y utensilios- de 12.600
años de antigüedad. Los investigadores del CADIC estudian antiguos grupos
humanos que se establecieron en la isla en el holoceno.
Silvio
Bocchicchio. LA NACION | 07.03.2004 | Página 21 | Ciencia/Salud