F.A.O. Marzo de 2003
Índice de este trabajo
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Fitogenética: la revolución verde y los milenios anteriores
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La revolución verde
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¿Revolución permanente?
Mucho antes de que existiera la
biotecnología, los agricultores ya mejoraban sus cultivos
Desde que los seres humanos se hicieron
sedentarios y comenzaron a practicar la agricultura, hace más de 8 000 años,
han venido seleccionando los cultivos que producen, tomándolos primero del
mundo silvestre y domesticándolos después a través de la agricultura. Los
primeros agricultores no sólo elegían las plantas que prosperaban, sino
también las que mostraban mayor resistencia a las variaciones del clima, a las
plagas y a las enfermedades. Las poblaciones de plantas escogidas por estos
agricultores hoy forman la base de los cultivos alimentarios del mundo. Además
de las plantas silvestres y las variedades locales, existe otro tipo de
plantas: las que se producen en las explotaciones agrícolas en donde se hace
investigación, de carácter comercial o público. Los fitogenetistas se proponen
producir, a través del cruzamiento y la selección, variedades que presenten
las características convenientes, por ejemplo, que sean más productivas, que
tengan mayor resistencia a las plagas y a las enfermedades, o que se adapten
mejor al medio ambiente. Posteriormente se proporcionan a los agricultores las
semillas y el material de propagación de estas variedades.
Los fitogenetistas necesitan tener acceso
al material genético que tenga las características que buscan, inclusive los
parientes silvestres y las variedades tradicionales, es decir, a la
biodiversidad. “El público necesita entender por qué la biodiversidad es tan
importante” –explica José Esquinas Alcázar, Secretario de la Comisión de
Recursos Genéticos para la Alimentación y la Agricultura, de la FAO-. No se
trata simplemente de producir más cultivos productivos, sino de proteger e
incrementar nuestra seguridad alimentaria. En la biodiversidad se pueden
encontrar los genes que proporcionan resistencia contra nuevos peligros, como
las epidemias de plagas y el cambio climático, a medida que éstos ocurran.”
Las repercusiones de la fitogenética
adquirieron mayor importancia después del decenio de 1960. En ese entonces, un
científico estadounidense que trabajaba en México, Norman Borlaug, y sus
colegas, produjeron mediante esta disciplina nuevas variedades de trigo,
capaces de mayor rendimiento y reacción a los insumos, es decir a los
fertilizantes y al riego. Hasta entonces, los intentos de incrementar la
productividad de las variedades locales disponibles habían dado pocos
resultados, ya que al suministrarles demasiado fertilizante, las plantas
crecían vigorosamente hasta doblarse por el peso excesivo.
Después de años de arduo trabajo, el
profesor Borlaug cruzó el trigo local con variedades enanas japonesas para
producir plantas que aprovecharan, en términos productivos, la aplicación de
mayor cantidad de fertilizantes. Se ha atribuido a las variedades de trigo
obtenidas a través de este método, el haber evitado la hambruna masiva que
afrontaba el mundo en desarrollo en el decenio de 1960. Esas variedades de
trigo han sido adoptadas y crecen en muchas partes del mundo, especialmente en
la India, México y Pakistán. En 1970 el profesor Borlaug obtuvo el Premio
Nobel, y los científicos extendieron los principios de la fitogenética a otros
cultivos alimentarios básicos, tales como el arroz. Había iniciado la
revolución verde.
No cabe duda de que la revolución verde
desempeñó una función decisiva en esos momentos, sin embargo, este fenómeno ha
sido objeto de mayor análisis recientemente. Hay quienes afirman que condujo a
la utilización insostenible de sustancias agroquímicas y a la aplicación de
altos niveles de insumos. También se ha dicho que las nuevas variedades
desplazaron a las variedades tradicionales, lo cual dió lugar a la pérdida de
biodiversidad.
A pesar de todo, la revolución verde fue
una novedad que contribuyó a la seguridad alimentaria y a la lucha contra el
hambre, particularmente en Asia y en México. Gracias a las nuevas tecnologías,
la fitogenética está transformándose aceleradamente. El mejoramiento genético
necesita proseguir a un ritmo suficientemente acelerado para satisfacer las
necesidades de una población de 8 300 millones de personas, prevista para el
año 2025, y el profesor Borlaug considera que con ese fin se necesitarán tanto
el fitomejoramiento común, como la biotecnología.
Ya llegó el momento de dar el siguiente
paso. M.S. Swaminathan, científico de la India galardonado en 1987 con el
Premio Mundial de la Alimentación, quien también fuera impulsor de la
revolución verde, plantea la necesidad de que se instaure una “revolución
permanente”, que trate una variedad de problemas y enfoque con mayor precisión
las necesidades de los más pobres. El Dr. Swaminathan considera que la ciencia
será más, y no menos, necesaria.